jueves 2/12/21

El 'olvido' de dos ancianos en una furgoneta acaba con su vida

El responsable, Luis Miguel Aranda, dueño de un centro geriátrico, ha pedido perdón por su "olvido" a las familias de las víctimas y ha añadido ante los periodistas: "No os podéis imaginar lo que se siente; yo quisiera ser el muerto".
NUEVATRIBUNA.ES / AGENCIAS - 20.9.2010

La localidad madrileña de Ciempozuelos ha sido escenario de un extraño suceso ocurrido el pasado sábado. Dos ancianos de 87 y 81 años aparecieron muertos dentro de una furgoneta que pertenecía a un centro geriátrico. El conductor, que además es uno de los dueños del centro, fue detenido por un delito de homicidio por negligencia. El hombre, Luis Miguel Aranda, ha quedado este lunes en libertad a la espera de ser llamado a declarar por la juez que llevará el caso.

Así lo ha informado el Tribunal Superior de Justicia de Madrid, que explica en una nota que el detenido reconoció los hechos en su primera declaración, tiene arraigo en la zona y no hay riesgo de fuga. La magistrada, que ha procedido a la apertura de diligencias previas, se encuentra a la espera del atestado policial y de los correspondientes informes forenses y después llamará a declarar al arrestado. También la Fiscalía está todavía “recabando datos” sobre lo sucedido,

La Guardia Civil informó que la detención de Aranda se produjo el pasado sábado por la noche al atender la denuncia de los familiares de ambos ancianos, preocupados porque no habían vuelto a casa. Presuntamente el conductor debía llevar a los dos fallecidos a un centro para ancianos llamado Virgen del Consuelo, en Ciempozuelos, pero les dejó en el interior de la furgoneta, en sus sillas de ruedas.

Los dos ancianos habían nacido en 1923 y en 1929 y ambos eran vecinos de Ciempozuelos. Aparte de ir en silla de ruedas, padecían demencia senil, de modo que el detenido era responsable directo de ellos en la distribución que el personal del centro hacía de sus pacientes.

Los familiares de los fallecidos acudieron el sábado por la tarde al centro al no tener noticias de los ancianos, que no habían sido llevados de vuelta a sus casas. Entonces se inició la búsqueda de los hombres, que aparecieron cadáveres en la furgoneta de transporte de la residencia. Se trata de un centro privado, sin relación alguna con el Ayuntamiento o con la Comunidad de Madrid.

"YO QUISIERA SER EL MUERTO"

Nada más quedar en libertad, el detenido ha pedido perdón por su "olvido" a las familias de las víctimas. "No os podéis imaginar lo que se siente; yo quisiera ser el muerto", ha explicado Luis Miguel Aranda a los periodistas después de salir en libertad, tras su declaración ante la juez que instruye el caso. "Es un horror muy trágico", ha dicho.

Aranda ha explicado que, el sábado, fue bajando como hacía habitualmente a la decena de "abuelos" -como él los llama- hacia la residencia. Primero llevó "a los que andaban" al salón del lugar, para el desayuno "y al bajar, no recuerdo por qué, algo me distrajo", ha indicado. Los ancianos no pudieron pedir auxilio, debido a que tenían escasa movilidad -iban en silla de ruedas- y las lunas de la furgoneta estaban tintadas.

Luis Miguel volvió a la noche y se encontró, al abrir las puertas de la furgoneta, con los dos cadáveres. "Imaginaos la impresión" ha dicho entre un mar de lágrimas. Inmediatamente intentó subirlos a la habitación, "pero ya no pude hacer nada por ellos". Luego llamó a la Guardia Civil y confesó los hechos.

El detenido ha pedido perdón a las familias y ha confesado que se encuentra muy afectado porque, además, con uno de los fallecidos, guardaba una especial relación "porque era muy bromista".

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