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sábado 28/5/22

El infierno de ser ‘mantero’

AGNESE MARRA
Cerigne Mbale ha sufrido en sus carnes el duro oficio de ser mantero. Los riesgos que implica vender en la calle son muchos y sus castigos todavía peores. Este senegalés le cuenta su difícil historia a Nuevatribuna.es.
> "Hay una hipertrofia en el Código Penal
NUEVATRIBUNA.ES- 19.02.2009

Cerigne Mbale es senegalés. Llegó a España hace dos años y siete meses. Cruzó el estrecho de Gibraltar en una patera y tuvo la suerte que otros muchos no alcanzan: “Nadie puede entender lo que se pasa en una patera si no está en ella, es lo más trágico que me ha sucedido nunca, algunos de mis compañeros murieron y yo doy gracias todos los días por estar aquí, no sólo por llegar a España, sino por estar vivo”, dice con las manos pegadas mirando al infinito. Después de una llegada como esta las inclemencias que le sucedieron en estos años han sido menores, pero por ello no menos dolorosas.

Una vez en Cádiz, la Policía le detuvo, estuvo dos días en una Comisaría y después le llevaron a Galicia: “Me dejaron en un albergue que custodiaba la Cruz Roja, me ayudaron mucho, me pusieron en contacto con otro conocido senegalés y desde entonces siempre me he movido con gente de mi país”. Este pescador se tuvo que adaptar a la fuerza y hacer todo tipo de trabajos con el mismo denominador común: la precariedad. “Muchas personas se aprovecharon de mi situación y nunca me pagaron el trabajo que hice, pero otros fueron muy buenos, también hay que decirlo”.

Su primer empleo fue en la construcción y después en la recogida de frutas, el último fue el top manta: “Los senegaleses somos muy solidarios los unos con los otros, comparto habitación y si mis compañeros ven que no puedo pagar hacen lo posible por encontrarme cualquier empleo”. Un día le ofrecieron vender discos y DVD piratas. Lo que Cerigne no sabía es que ese sería uno de los trabajos más arriesgados con el que se iba a encontrar.

“El top manta es una experiencia muy dura, sabemos que lo que hacemos no es legal y que en cualquier momento la Policía nos puede detener, pero yo quiero explicar que lo tenemos que hacer por necesidad. Al no tener papeles es imposible encontrar un trabajo digno, no me quedó otra opción que ser mantero”, explica el senegalés con justificaciones que entremezclan la rabia y el dolor.

El dinero que ganaba en este oficio apenas le daba para pagar el alquiler y malcomer todos los días. Sin embargo la persecución de la Policía era constante y sus entradas en centros de internamiento o las noches en comisaría han sido muchas: “Tengo dos órdenes de expulsión y mi único crimen ha sido vender discos en la calle, soy buena persona, los senegaleses somos buenos, nunca robamos y si vendemos es porque tenemos que comer, pero por favor, quiero decir bien alto que los senegaleses somos buenos”, repite emocionado, con sus grandes ojos negros tan abiertos como ausentes.

El artículo 270 del Código Penal señala que por vender discos piratas en la calle se impone una multa que va de los 12 a los 24 meses y se ingresa en la cárcel hasta dos años: “Tengo varios compañeros en prisión y como no pueden pagar las multas tienen que estar hasta seis meses más en la cárcel. Es muy injusto porque las personas que le roban dinero a alguien a veces tienen penas que no llegan a los seis meses”, explica Cerigne.

Este senegalés hasta ahora se ha ido salvando, hace tres meses que dejó el oficio de mantero: “He tenido que correr muchas veces, cruzar por la carretera, escapando de la Policía y en más de una ocasión me he caído, una vez me rompí el brazo, otra me torcí el tobillo, vivía con un miedo constante”. Él no para de repetir que sabe que vendiendo CD hace daño a los artistas: “Entiendo que perjudicamos su trabajo, pero que no se enfaden con nosotros, de verdad que no tenemos más opciones. Es necesario que se despenalice el top manta, no se pueden recibir castigos tan duros por eso, se está haciendo mucho daño y no tenemos más oportunidades”, insiste.

Gracias a la ayuda de diversas ONG Cerigne ha empezado a estudiar, y su castellano fluido es uno de sus primeros logros: “Me quiero sacar el graduado escolar. En Senegal estudié tres años, pero aquí quiero empezar de cero, desde la base, para aprender bien el idioma”. Está convencido de que la formación le va a proporcionar mejores empleos, pero también sabe que sin los papeles el panorama laboral se le complica: “No importa que ahora haya crisis, tengo que aprovechar la ayuda que me están dando para estudiar, cuando esté bien formado voy a intentar buscar otros trabajos. Tengo 33 años, soy muy joven y me queda mucho camino por recorrer”. Cuando se le pregunta cuál sería su sueño o a qué se querría dedicar, dice: “Hay que ir paso a paso, ahora lo más importante es conseguir los papeles y estudiar”.

El infierno de ser ‘mantero’
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