martes. 23.07.2024
El Papa Francisco y el presidente de los Estados Unidos Joe Biden
El Papa Francisco y el presidente de los Estados Unidos Joe Biden

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La escena nos muestra a un grupo de altos mandatarios internacionales. Biden, jefe y mentor de ese grupo, se aleja unos pasos sin darse cuenta, perdido en tiempo y espacio, hasta ser sacado de ese estado por la reina del fascismo italiano que le lleva de nuevo al grupo. No es este un grupo cualquiera, pues se propone acordar posturas ante un posible conflicto mundial nada menos. Acaban de enterarse de la propuesta de Paz de Putin para Ucrania, y hablarán sobre ello. No convocarán a Putin. Por supuesto no se proponen un referéndum a ver qué les parece la paz a los ucranianos y a los rusos. ¿Qué importa lo que piense la gente que puede morir por defender a los amos de sus vidas como ellos se consideran?

  1. Un Papa en el concierto
  2. El Papa blanco y la signora camisa negra
  3. Entre copa y copa
  4. La estrategia del escorpión

 Para demostrar su poder incontestable toman dos decisiones siguiendo las instrucciones del Pentágono: darle más dinero y armas a Zelenski para continuar la matanza en su territorio, mientras de cara a la galería de bobos mundiales dicen que se trata de una reunión para la asegurar la paz ¿Más armas y más guerra para la paz? ¿Creen que estamos tan locos como ellos?

Mientras el Papa y Biden chocan sus frentes complacidos por su amistad entre católicos, niños y niñas palestinas, y mujeres y viejos palestinos son quemados

Un Papa en el concierto

Cuenta esa alta reunión -como primicia histórica- con la presencia del rey de los católicos apostólicos y romanos de la Roma más imperial que nunca en su propia casa. Siempre tan cerca el poder de la Iglesia del poder de la espada, “Don Francisco I, Papa” sumo sacerdote católico de la era moderna al mando de uno de los Estados más ricos del mundo y de su Banca, tiene por tanto, todo el derecho a estar en esa reunión de ultrarricos, minusricos europeos y ultrarricos y minusricos transnacionales, católicos y no católicos, infieles o ateos, -así hasta 90- sumisos o simpatizantes del Imperio Oscuro, dispuestos o no a aceptar los resultados. Un batiburrillo de intereses donde no podía faltar en la estrafalaria reunión un presidente que habla con su perro muerto, el paisano de Asterix en serios apuros, que busca en Italia su poción mágica, o el presidente alemán arrepentido de que sus abuelos quemaran judíos, pero indiferente cuando menos a que los sionistas que confunde con “pueblo judío” quemen palestinos.

Acompaña al pintoresco y trágico cónclave la sempiterna presencia del actor de Ucrania convertido en guerrero mercenario OTAN. El insaciable Zelenski, pedigüeño perpetuo y atormentado por perder la guerra, va siempre tras los que puedan llenarle hucha y arsenales, incluida la anfitriona Meloni convertida en reina del fascismo internacional con buena prensa en el Vaticano.

El Papa blanco y la signora camisa negra

El signore Papa y la signora reina de esta fiesta italiana “por la paz mundial” nada menos, se darán juntos un baño de multitudes a lo imperial antiguo a bordo del vehículo papal – más claro, agua- para ser aclamados por multitudes ciegas hambrientas de guías de fiar. ¿Lo son estos? ¿Puede serlo un Papa en ese club que da pasos contra la paz en Ucrania y busca alianzas para la guerra siguiente mientras dice ser cristiano, cuando Cristo era pacifista y nos advertía de los ricos y los fariseos como todos estos? ¿Estaría ahí Jesús de Nazaret, acordando darle armas a Zelenski, o entraría en el Vaticano a echar sin contemplaciones a todos esos señoritos ricos usurpadores de Su nombre?

Ni uno de los 27 mandatarios europeos ha sido capaz de concebir el significado de algunas palabras como inteligencia política, libertad de elección, dignidad personal

Y mientras el Papa y Biden chocan sus frentes complacidos por su amistad entre católicos, niños y niñas palestinas, y mujeres y viejos palestinos son quemados no muy lejos de allí con bombas de napalm fabricadas en la patria del católico Biden. Y niños y niñas ucranianos mueren bajo las bombas de un Putin que también se dice cristiano ortodoxo, qué cosas ¿no? y que ahora quiere la paz, pero no le dejarán firmarla los del Imperio Oscuro aquí presentes. Además: ¿Acaso se puede negociar una paz en Ucrania sin la presencia de las dos partes en conflicto? La decisión está tomada de antemano: más armas para más guerra. Algunos mandatarios internacionales se marchan llegados a este punto.

Entre copa y copa

Los que se quedan son casi todos, aquí es otro mundo. Aquí todos ríen felices, porque las viñas italianas, se sabe desde Rómulo y Remo, dan unos caldos excelentes. Y entre risa y risa, y copa y copa, acuerdan que Rusia es un peligro intolerable para los europeos porque gana la guerra al ejército del mercenario Zelenski. Y eso no lo van a consentir mientras haya un stock de armas en los almacenes yanquis. No importa si se arruina a Ucrania o si crece la pobreza de los países europeos, obligados a endeudarse con tantos miles de millones para la guerra y a perder bienestar social a favor de Biden y su séptimo de caballería mientras nuestros sonrientes presidentes toman la siguiente copa cada vez más contentos a medida que van viendo claro el porvenir del mundo presididos por ese Biden con rostro inexpresivo y mudo.

La estrategia del escorpión

En su afán por conseguir “paz mundial”, tras la cuarta copa de la excelente cosecha estudian la manera de evitar que China pueda vendernos a los europeos de a pie cosas mucho más baratas, lo mismo que han conseguido con su claudicación a EEUU que Rusia ya no nos venda su gas y petróleo mucho más barato que el yanqui. Algo inexplicable sin matices. Ni uno de los 27 mandatarios europeos ha sido capaz de concebir el significado de algunas palabras como inteligencia política, libertad de elección, dignidad personal, o del más elemental respeto a sí mismos y a quienes les eligieron confiados. El Imperio Oscuro se ríe de las urnas de sus colonias, como es esta de la tonta Europa.

Altas cumbres, bajos principios