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viernes. 12.08.2022
prensa digital

Digitalizar, verbo moderno donde los haya, es una de esas locuciones que vienen con su propia frontera de fábrica. Y es que tras de ella, se parapetan, desprovistos de vergüenza torera, adeptos y detractores, a igual cantidad. Sería más fácil si sólo encontráramos críticos, pero el mundo es como es y todos hemos estado, alguna que otra vez, ocupando trincheras.

Digitalizar, por tanto, no es dividir sino crear procesos sencillos de entender, operar y manejar por cualquiera, que hacen posible seguir atendiendo a las personas en espacios cada vez más complejos

Una cosa es cierta: digitalizar, bien, es difícil. Se trata de lograr que los inmovilistas den su brazo a torcer, reconociendo utilidades, y, al mismo tiempo, que los entusiastas no lo echen todo a perder. Entretanto, he aquí lo importante, las rutinas de nuestro día a día deben mejorar sin que nos demos cuenta. Ahí es nada.

Ocurre cuando se ha sabido enseñar a usar un certificado digital y, además, sirve para algo, ahorrándonos tiempo y energía. Cuando nos comunicamos más rápido, con resultado final satisfactorio, o al matricularnos en los estudios de grado de una universidad a cuatrocientos kilómetros de distancia.

También, si reservamos un aula informática para nuestro taller de finanzas o agilizamos la recogida del hijo en el instituto, antes de su cita médica, esta última notificada al móvil con precisión de cirujano.

Lograr que cualquier cliente te encuentre rápidamente o que los proveedores facturen con seguridad también es digitalizar.

Digitalizar, por tanto, no es dividir sino crear procesos sencillos de entender, operar y manejar por cualquiera, que hacen posible seguir atendiendo a las personas en espacios cada vez más complejos.

No es usar un móvil, llevar el portátil al café o presentar unas diapositivas en el cañón. Justamente por eso es tan complicado.

Ramón Castro Pérez es profesor de Economía en el IES Fernando de Mena, en Socuéllamos.

Digitalizar bien es difícil