TRIBUNA

La cobardía, inmoralidad, hipocresía y falacia de Mazón y Ayuso

Carlos Mazón.

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La RAE define como cobardía la falta de ánimo y valor. Define como inmoralidad la actitud de no seguir los parámetros de la moral, de obrar contra la noción general de lo bueno y lo malo en un contexto determinado o de faltar a las normas de conducta establecidas en cierta sociedad, cultura o época en cuanto al respeto a otros. Define como hipocresía: el acto en que un individuo se comporta de forma contraria a los valores sostenidos por el mismo individuo o de actuar en consonancia con principios que al mismo tiempo critica. Y, por último, define como falacia: el engaño, el fraude y la mentira.

Si uno observa y analiza con detenimiento estos conceptos y le preguntan: ¿indica dos dirigentes políticos donde estos conceptos sean su actuación política y su única forma de aumentar su falta de madurez y autoestima?, rápidamente te vienen a la cabeza dos nombres, aunque haya otros que también lo merecen a nivel internacional y nacional. Pero, por desgracia, y por las consecuencias que estos conceptos han producido en la ciudadanía con sus acciones irresponsables, esos nombres son: Mazón y Ayuso.

Ambos dirigentes, con sus argumentaciones y actuaciones políticas, han sido cobardes, inmorales, hipócritas y falaces con la ciudadanía de su comunidad, a la que dicen representar y defender, cuando lo que han producido con sus “protocolos”, con su “ausencia” y, sobre todo, con su irresponsabilidad, negligencia y falta de empatía: muertes y humillación a las víctimas y sus familiares. No quiero decir que sean asesinos, pues ni lo son ni han matado a nadie, pero sus políticas y los conceptos enumerados arriba, que llevan consigo en sus actuaciones, argumentaciones y defensa de sus negligencias y torpezas políticas, han provocado muertes, tristeza, dolor y ruptura familiar en las familias de las víctimas. Su falta de madurez política y, a veces, su gran falta de autoestima les ha hecho actuar de esa forma tan cobarde, inmoral, hipócrita y falaz.

Una cobardía e inmoralidad hipócrita es la de Mazón, que en vez de pedir perdón, se esconde en la mentira y falsea datos, manipula actas, audios, incluso cobardemente carga la culpa en otros organismos o deja toda la responsabilidad y culpabilidad en sus cargos inferiores, en vez de asumir que él fue el responsable por no estar donde debería estar y, lo peor, por no reconocer que su lugar, en ese fatídico día que él no provocó, era estar donde se debían tomar decisiones, y no en una comida o haciendo campaña para su partido o para él mismo. Mazón no provocó que, por desgracia, murieran 227 personas, algunas de ellas niños, pero sí es culpable de no estar, como se dice vulgarmente, “al pie del cañón”, pues eso hubiese evitado muertes. Es culpable de no avisar a la población, de no dar la alarma muchas horas antes, y, sobre todo, culpable por no decir la verdad y esconderse con su cobardía de manera hipócrita e inmoral en sus subordinados, y al día de hoy continuar escondiéndose para no dar la cara e incluso pactar con VOX para mantenerse en un puesto que no se merece. Y lo peor: es inmoral y cobarde por no pedir perdón y solo hablar de reconstrucción, para la cual, por su incompetencia, es el menos indicado. Por ello, la frase que cientos de miles dicen de manera directa o indirecta: "Mazón dimisión", es necesaria. Y mientras esto no suceda, su partido y su jefe político son cómplices de todo lo sucedido en esta desgracia. Y solo hay una solución: su destitución, ya sea por una moción de censura o unas elecciones. Moción que debería apoyar su propio partido, si tuviera moralidad y empatía con las víctimas, sus familiares y con la ciudadanía valenciana. O elecciones, votando con responsabilidad todos y todas aquellas que salen a la calle o callan, pero aceptan que Mazón no puede ser el presidente de la ciudadanía valenciana.

Una cobardía, una inmoralidad, una hipocresía y falacia es que Ayuso, con su partido apoyándola, siga ninguneando a los familiares de las 7.291 víctimas de las residencias durante el COVID por su inmoral protocolo. No asesinó, pero dejó a su suerte a 7.291 ancianos solo por no tener seguro privado o por sus problemas físicos o psíquicos. Inmoralidad total e hipocresía y falacia es que su defensa sea la de decir que iban a morir igual o que en otros lugares murieron más.