jueves 24/9/20
OPINIÓN | EDUARDO MANGADA Y JESÚS GAGO

Cambio climático y reforma laboral

Cambio climático y reforma laboral

Dos acontecimientos políticos han venido a dar esperanzas quienes nos sentimos y nos definimos como ciudadanos de izquierdas y como tales queremos actuar.

El Proyecto de “Ley de de Cambio Climático y Transición Energética”, y el Acuerdo para la Derogación integral (i) de una Reforma Laboral impuesta por el PP en 2012, y desde entonces no solo vigente sino hábilmente reforzada y blindada mediante una batería de disposiciones legislativas y administrativas complementarias, concebidas e implementadas para impedir o dificultar dicha derogación.

El Proyecto de “Ley de Cambio Climático…” viene a iniciar un camino alternativo al de la larga y triste historia de grandes declaraciones, a menudo tan grandilocuentes como  estériles, proclamadas en sucesivas cumbres de Jefes de Estado, desde el Protocolo de Kioto de 1997 hasta la Cumbre de París de 2015.

Por fin el gobierno presidido por Pedro Sánchez se compromete y compromete al país con un texto normativo de rango legal.

A su vez, solo ayer el Gobierno y el grupo parlamentario del PSOE hacían público, reiterándolo, su compromiso de derogar íntegramente la Reforma Laboral de Mariano Rajoy.

Una derogación de una ley que desde el día después de haber sido aprobada ha sido reclamada por las principales Centrales Sindicales y prometida por los partidos de izquierdas en sus programas electorales y en múltiples y repetidas declaraciones de sus líderes.

Una derogación ampliamente sentida y reclamada por los trabajadores, que han padecido, padecen y pudieran seguir padeciendo aun con más dureza en el futuro que se avecina, las heridas causadas por su aplicación reiterada e injusta por parte de la patronal. Aplicación que ha mermado los derechos de los trabajadores y la calidad del empleo y aumentado la precariedad y la desigualdad.

Si el Proyecto de “Ley de Cambio Climático …”, de gran importancia y trascendencia para la salvaguarda de nuestro medio natural y la economía de nuestro país, ha pasado estos días con poca atención mediática, sin controversias políticas significativas y asumido por la ciudadanía con la pasividad de lo ya esperado, sí que ha tenido una acogida activa y positiva, aunque crítica y cautelosa, por los movimientos ecologistas y por quienes entendemos que solo el pacto de los seres humanos y la naturaleza, incluida la segunda ‘naturaleza’ que es la ciudad, puede anunciar un futuro esperanzador para los seres vivos y el pequeño planeta que los alberga y sustenta.

Por el contrario, el anuncio de la derogación integral de la Reforma Laboral vigente ha provocado una airada contestación, incluidas amenazas de catástrofe económica y petición de dimisiones para  miembros del gobierno generalizadas. Por parte de la patronal, y también por todos los partidos de la derecha sin distinciones y por todos los medios de comunicación -igualmente sin distinciones-, que, salvo muy pocas pero sí honrosas excepciones, han prestado su voz -amplificándola- al poder neoliberal que impera en el mundo.

A sumarse a esta reacción adversa, y, en muchos casos visceral, han venido algunas señaladas personalidades del propio partido del Gobierno, así como varios y variados intelectuales encuadrados en una sedicente izquierda, versión neoliberal blanda.

Virulencia que por lo general se ha amparado, tomándolo como pretexto, en el hecho de haber acordado ese propósito de derogación de común acuerdo con EH BILDU, para no tener que entrar en la conveniencia de abordar de modo efectivo y no declamatorio una derogación tan necesaria como previamente y reiteradamente anunciada.

No causa extrañeza, sin embargo, las muy distintas reacciones frente a estas dos iniciativas del Gobierno. Una acogida más bien plácida o pasiva al Proyecto de Ley de Cambio Climático y en cambio una inmediata movilización de tono apocalíptico frente el anuncio de esa derogación acordada de la Reforma Laboral, que no conlleva por cierto la inmediatez de la misma ni mucho menos su implementación precipitada, como de modo tendencioso se ha dicho con el solo ánimo de desacreditarla (ii).

Una confrontación ‘a degüellono solo por parte de la gran patronal, con Garamendi a la cabeza quien, minutos después de que se hiciera pública la decisión gubernamental, la calificaba como una tragedia y pronosticaba que, de llevarse a cabo, tendría dramáticas consecuencias para la salud económica y social, al tiempo que airadamente abandonaba la mesa de diálogo con los sindicatos.

El 22 de mayo, menos de dos días después del Acuerdo, y al parecer tras una reunión de notables en videoconferencia del consejo de El País, el editorial de este periódico sentencia que “la única manera en la que podría contener la hemorragia política provocada por el acuerdo sobre la reforma laboral en un contexto impropio y con un socio inadecuado es depurando responsabilidades”.

El editorial por lo demás no oculta, sino que más bien sugiere en su exigencia de responsabilidades, la justiciera conveniencia de que “rueden cabezas”, con la dimisión incluida del propio Pedro Sánchez. No es la primera vez y ojalá que sea la última.

No es de extrañar pues que ese propósito declarado del Gobierno haya “escocido” a la gran patronal, al gran empresariado. Más alarma debe provocar la preocupación y el malestar de quienes por atravesar graves momentos y encontrarse en serias dificultades en sus empresas de menor tamaño, pueden verse arrastrados en esa corriente de confrontación con un Gobierno que está dando abundantes muestras de protección de los más vulnerables (incluidas dichas empresas), y que al mismo tiempo parece decidido a emprender una senda alternativa a la trazada desde la anterior crisis, la que la derecha gestionó ahondando en la vulnerabilidad económica de este país y de esas empresas menores, no afrontando los cambios para encarar el futuro en mejores y sobre todo menos injustas -e ineficaces- condiciones.

El capital, y quien lo encarna, lo disfruta y lo dirige con su fuerza e influencia en su exclusivo beneficio, tiene motivos para sentirse “atacado” en sus intereses más espurios y egoístas. Porque la derogación de la Reforma Laboral no altera solo las condiciones laborales, siempre aplazadas y remitidas a un futuro hasta ahora demasiado nebuloso de nuevo Estatuto de los Trabajadores, sino que viene a restaurar y defender, ante todo, la dignidad de los trabajadores. Algo más profundo que una simple regulación de derechos y obligaciones.

Y la dignidad de los trabajadores es y siempre ha sido la mayor amenaza para el capital.

Eduardo Mangada y Jesús Gago


(i) Derogar: “Dejar sin efecto una norma por otra posterior de igual o superior rango” . Diccionario jurídico
(ii) ibd nota anterior

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