#TEMP
viernes 27/5/22

Escribo esto en lo que pueden ser los últimos minutos de mi vida. Va en serio. Esta mañana, leyendo los diarios (inverosímilmente coincidentes en el tratamiento de la noticia, lo que demuestra que hay una única fuente de información), he sido informada de que puedo ser víctima de una muerte súbita por el impacto de las 26 piezas (ni una más ni una menos, 26) de los restos de un satélite espacial.

La fuente de información es la NASA (las siglas, en inglés, para la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio, o sea, una Agencia), que, hay que decirlo, afirma con contundencia dos cosas: La primera, que no sabe dónde va a caer; la segunda, que sí sabe dónde no va a caer. Claro, Aristóteles, padre de la lógica, se cortaría las venas porque (en lógica, “modus tolendo ponens”) negando, afirma. O sea, si sabe dónde no va a caer (que, naturalmente es en USA dónde no va a caer, no sea que se ponga la población alterada, como cuando “La guerra de los mundos” de Orson Wells, y les dé la paranoia).

Con respecto a la primera afirmación (no sabe dónde va a caer), creo, en mi personalísima y un tanto apocalíptica opinión de estos momentos) que lo mejor sería que no dijeran nada.

Con respecto a la segunda, claro, ya hay matices: lo más probable es que sea en el agua (está claro, cualquier jugador de apuestas lo sabe, tres cuartas partes del planeta son agua, o sea, te apuesto uno contra tres que cae en el agua, como no sé dónde va a caer, pues hala, vamos a apostar, y si pierdo, total da lo mismo). Como si el agua fuera un territorio de nadie, como si no formara parte del planeta, como si fuera un lugar inhóspito, sin seres vivos, sin influencia sobre el clima y por lo tanto sobre los seres vivos que habitamos la parte emergida del planeta, como si no hubiera, incluso, islas habitadas pequeñas, muy pequeñas, de las que no sabemos el nombre, personas en barcos.

Pero además, la órbita se desplaza, a la medida en que se hace más pequeña, hacia el Oeste (habría que preguntar el oeste de quién, pero ya tenemos asimilado el eurocentrismo que hace que el oeste se mida a partir de la posición de Londres). Y, tengo que insistir, esta mañana decían los diarios que impactaría esta tarde; pero no es esta tarde en USA, ni en Australia. “Esta tarde” es en una franja horaria muy definida, que afecta, sobre todo, al continente africano, ese del que no conocemos la ubicación del 70 por ciento de los países, y que, según el gráfico del diario “El País”, parece que lleva más números en esta apocalíptica lotería.

Pero lo más bochornoso, lo más denigrante, lo más jocoso (bien mirado), es que dicen que dice la NASA que estará agradecidísima si alguien que se encuentre uno de los 26 fragmentos se lo devuelve, porque están interesados.

Y ahí ya no sé si redactar mis últimas voluntades, porque ya es “esta tarde”, o hacerme católica por si es un ensayo general (con vestuario) para el juicio final.

O sea que, como diría Gila, tu vas y coges el móvil, y como tienes en marcación rápida el teléfono de la NASA, y además eres alumna de los colegios bilingües de Esperanza Aguirre, y (más sorprendente incluso), sobrevives al impacto de uno de los 26 fragmentos y lo haces sin despeinarte gracias a tu laca de cabecera, vas y dices “¿Es la NASA? No, que yo llamaba porque me he encontrado un cacharro que yo creo, así, a simple vista, que es de titanio, del que usan en la ingeniería aeroespacial, que sí, que sí, que es de eso, bueno, y que estoy esperando a que quiten de aquí a las víctimas y eso, y a que se enfríe, y que quería saber que a dónde se lo mando… ¡Ah que tienen un servicio de mensajería interna! Ya… dos días… Pues no sé, porque tengo que fichar en el paro…”.

Pues así las Agencias que deciden (tecnócratas al fin, y sólo eso) qué país está en riesgo de quiebra, qué medidas hay que imponer, y cuánta gente vive en la miseria.

Si no saben, que se callen.

Basura (espacial): una metáfora sobre la crisis
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