lunes 20/9/21

La bandera española en contexto ¿qué simboliza?

La bandera española en contexto: ¿qué simboliza?

Estos días presenciamos nuevos ejemplos de un fenómeno característico de la política española: la bandera nacional vuelve a ocupar un lugar prominente en manifestaciones de simpatizantes de las derechas.

Una vez más, algunos (y muchos jóvenes) se preguntan: si la bandera nacional es la bandera de todos, ¿por qué en este país hay un patrón tan marcado en su uso en el ámbito político, casi exclusivamente ligado a movilizaciones conservadoras? ¿es posible que en algún momento la bandera nacional aparezca también asociada a la movilización de demandas progresistas?

Para responder estas dos preguntas podemos recurrir a lo que la antropología nos enseña sobre el uso y funciones de los símbolos políticos. Y lo que encontraremos es que, en España, la bandera ha perdido en gran parte su funcionalidad como símbolo nacional. De hecho, podemos decir que, más que como símbolo, funciona como signo de facción política (de las derechas). Veamos qué significa esto, y por qué la diferenciación entre símbolos y signos nos ayuda a entender lo que pasa con la bandera española.

Una característica central de cualquier símbolo nacional es su multivocalidad. Esto es, si funcionan como significantes de identificación y representación colectiva es precisamente porque los símbolos nacionales son capaces de albergar y proyectar multitud de significados. De esa manera facilitan que personas y grupos sociales con ideas muy diferentes puedan verse como miembros de una misma comunidad. Por eso se dice que una cualidad fundamental de los símbolos nacionales es que, como significantes, son opacos: más allá de su forma perceptible (los colores y escudo de la bandera, por ejemplo), no sabemos qué contenido político pueden contener. En teoría, pueden albergarlos todos.

Sin embargo, el estudio comparado de símbolos nacionales nos muestra que hay diferentes tipos de multivocalidad (más abierta o más cerrada). Y también que hay algunos símbolos que nunca alcanzan más que una multivocalidad muy limitada, más cercana la univocalidad: solo son capaces de albergar unos pocos significados políticos. En estos casos, más que un símbolo estamos frente a un signo, porque se trata de un significante transparente: representa a unas facciones políticas concretas.

¿Por qué la bandera española está, una vez más, funcionando como signo de facción política, y no como símbolo de nación? La respuesta requiere algunos matices. Por supuesto, los colores de la bandera adquirieron significado de facción política cuando se enarbolaron como enseña de guerra del bando golpista en 1936. Su subsiguiente transformación en símbolo nacional de un régimen sustentado por violencia fundacional marcó el alcance limitado que aquel signo obtuvo como símbolo multivocal durante cuatro décadas. Posteriormente, con la transición a la democracia la bandera no sufrió ninguna modificación sustancial - como se sabe, incluso el escudo franquista tardó años en ser efectivamente reemplazado después de aprobada la constitución. Y, tras la incorporación del escudo constitucional en la bandera, su consolidación como símbolo nacional ha sido de baja intensidad.

Los esfuerzos institucionales de las izquierdas del PSOE contribuyeron a facilitar cierta consolidación, que además fue acompañada de lo que Michael Billig denominó la 'banalización' de los símbolos nacionales - refiriéndose a su incorporación a esferas de vida social en parte ajenas a la institucionalidad política, por ejemplo el deporte.

Pero lo que hemos presenciado en la última década es un derrumbe de ese limitado y lento proceso de consolidación de la bandera como símbolo nacional, que parecía haber ganado algunos tonos de multivocalidad en años anteriores.

¿Por qué se produjo ese derrumbe, y cómo? La respuesta se encuentra en el análisis de los eventos políticos que sucedieron al estallido de la crisis de 2008. Los partidos políticos que aplicaron las llamadas "políticas de austeridad" no tardaron en rodearse de la bandera nacional en respuesta al ciclo de movilización política que llevó a las mareas, a los indignados, y a muchos otros, a las calles, en demanda de derechos socioeconómicos y de mayor democracia.

Mientras en las mareas blanca y verde y las plazas llenas de indignados se dejaban las banderas de lado, los que apoyaron la implementación de recortes, y particularmente los simpatizantes del PP, comenzaron a responder con movilización política en la que la bandera nacional se convirtió en elemento central. Así, la bandera ya no quedaba solo asociada al status quo y a sus ecos pre-democráticos, sino también a las políticas de austeridad. En paralelo, la renacionalización del descontento social que se produjo en Cataluña durante este periodo, con los partidarios del independentismo avivando las políticas identitarias al máximo, sirvieron en bandeja a las fuerzas conservadoras que apelaran en el resto de España a la identidad nacional como foco de movilización. Y ciertamente no lo desaprovecharon.

La pandemia solo ha venido a dar otro giro de tuerca a este escenario en el que la bandera ha perdido gran parte de su funcionalidad como símbolo nacional. Su restitución como signo de facción (de las derechas) parece casi tan sólido como a principios de los ochenta, y ahora cargando además los ecos de su uso de las políticas de la austeridad y los de la falta de solidaridad en la crisis que España atraviesa actualmente.  

Luis Fernando Angosto Ferrández | Departamento de Estudios Latinoamericanos y Antropología de la Universidad de Sidney

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