viernes. 21.06.2024
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Tiene mucho mérito la victoria del Madrid, pero no lo tiene menos la proeza del Atlético, algo impensable hace apenas cinco años

Lo primero es felicitar al campeón, el Real Madrid, por undécima vez. Un dato objetivo, esclarecedor. Por su historia y su presupuesto ha cumplido parte de sus obligaciones. Digo parte porque a nivel nacional el Barça le ha ganado el doblete y el Atleti le ha pisado los talones. De la final de Milán hay que celebrar, como en Lisboa, la camaradería de las dos aficiones, sin un incidente, algo impensable hace unos años. ¡Felicidades para ambos!

Entrando en materia, me ha llamado la atención que antes del partido se considerara la eliminatoria igualada. Visto lo visto, llevaban razón. Tiene mucho mérito la victoria del Madrid, pero no lo tiene menos la proeza del Atlético, algo impensable hace apenas cinco años. Como en Lisboa, el árbitro no estuvo acertado. Benefició al Madrid al conceder el gol en fuera de juego. Me cuenta un espectador que el árbitro y el linier dudaron. Fue el de puerta el que indicó gol, después de unos segundos interminables que no pudimos apreciar por televisión. Cuando los videomarcadores repitieron la jugada, la indignación de la afición atlética fue monumental. Tampoco nos informaron que la segunda parte de la prórroga se jugó con el reloj apagado, originando el consiguiente cachondeo del público recordando los cinco minutos añadidos en Lisboa. Se discute también si Ramos o Pepe debieron ser expulsados. Eso queda para el debate.

ALMA DE CAMPEÓN

Guste o no guste, rearbitrar los partidos no sirve de nada. El resultado ya es definitivo y eso no lo levanta nadie. Una de las leyes del fútbol obliga a mirar hacia el futuro y dejar los debates para las discusiones de café. Lo cierto es que el Madrid salió mejor, a lo campeón, con Casemiro y Bale agigantados y, como en la décima, Cristiano desaparecido. A esa actitud le llamo el alma de campeón, en mi opinión lo que les mereció la victoria, polémicas y penaltis aparte.

No desmereció el Atleti, inconmensurable, heróico, con un Gabi superlativo, y una línea de atrás a la altura de una final de Champions. Oblak, con sus paradones. Godín y compañía, a la altura de las mejores defensas del mundo. A Saúl, como en los últimos partidos, se le notó el peso de la fama tras su actuación ante el Bayern. A Koke lo vi cansado. Y a Torres y Griezmann les faltó ese verbo tan cholista: creer. De Fernando se esperaba el gol decisivo. Y de Griezmann, no fallar un penalti en una final. Es justo decirlo por mucho cariño que se les tenga, lo que no quita los enormes méritos de la campaña. Quién sí creyó, quien sí tuvo esa alma fue Carrasco que revolucionó el partido. En esa fase se equivocó Simeone por no arriesgar más cuando el Madrid estaba fundido. Incluso debió sacar a Moyá antes de finalizar la prórroga pues Oblak no se tiró a parar ningún penalti. En una final mandan los detalles y el Madrid con su veteranía los acertó todos. Ahí está su mérito. En definitiva, sólo les falta salir al campo con esa alma de campeón. Ése es el centímetro que les falta.

EL ATLETI YA ESTÁ EN EL OLIMPO

Es verdad lo que dice Simeone, de los segundos no se acuerda nadie. Y también es verdad que no ganar en dos finales es un fracaso. Como es un éxito inalcanzable la victoria del Madrid y hay que volver a reconocérselo. Más no todo en la vida es la falacia de los records. A quien les guste, ahí los tienen. Por encima, a veces, están los sentimientos, la pasión, la épica que también forma mitología. El Madrid la tiene  hace tiempo. Y el Atleti lo ha conseguido en estos cinco años. No lo duden. Se ha ganado el respeto del mundo futbolístico y ya está entre los grandes.

Para reconocer esta realidad, generalmente hay que esperar meses o años. Por alguna razón que se me escapa cuando apenas ha pasado la humareda del triunfo madridista, la opinión pública se está volcando con el Atleti, incluidos muchos madridistas de pro, buenos amantes del fútbol que saben reconocer los méritos de los demás, lejos de los forofos que sólo saben ver los éxitos de su casa. Sí, es curioso, en eso que se llama la calle me he encontrado una admiración justificada, una ola de simpatía generalizada hacia los colores colchoneros en otros tiempos impensable. Eso también es un triunfo enorme en la competencia con los gigantes de presupuestos millonarios.

Si se piensa fríamente las recientes proezas del Atleti son increíbles, como eliminar al Barça por segunda vez o convertirse en verdaderos nibelungos ante el Bayern. Y, por encima de todo, el gol sublime de Saúl, un gol que se reproducirá mil veces digno de estudiarse en las academias de fútbol. Eso sí, Saúl, no te dejes emborrachar por los efluvios de la fama “messironaldiana”. Mantén las raíces en tu tierra, en tu familia, en tu equipo y te librarás de ser barrido por ella. Fíjate en Iniesta.

Atlético: Sois unos héroes por hacernos soñar y disfrutar