lunes. 22.07.2024
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Desde los primeros filósofos griegos permanece la misma pregunta. ¿Lo que nosotros percibimos es la realidad, o es un fenómeno modificado de ella? La realidad la conocemos a través de nuestros sentidos, que transmiten la información a través de impulsos eléctricos al cerebro, y aquí procesamos esa información para poder tener una imagen de esa realidad. Pero en el cerebro hay esquemas, creencias, emociones, vivencias, memoria etc., que influyen en qué imagen nos hacemos finalmente de la realidad. Además, debido a las limitaciones físicas de nuestros órganos, somos capaces de percibir partes de la realidad, no todo el conjunto, a partir de las cuales, para poder hacernos una idea global, generalizamos y extraemos información. Así, distorsionamos o modificamos esa información recibida para poder adaptarla a nuestros esquemas, creencias y sentimientos. La realidad sería diferente para cada persona, debido a que cada persona tiene una historia, unas creencias, unos esquemas y unos sentimientos propios.

Para muchos filósofos la realidad no existe. Esto, hoy en día, ya no es un asunto sólo de la filosofía, sino también de la psicología, claramente esto no se refiere a la realidad del mundo exterior, que es objeto de la física. La realidad que interesa a nivel psicológico es aquella con la que vivimos y actuamos, la que se representa a cada momento en nuestra. Por tanto, podemos decir que hay una realidad física y otra psicológica.

El ser humano, a nivel biológico, capta solo una porción mínima de la realidad física; la visión humana sirve apenas para el 5% del espectro, considerando a las ondas que van desde 1 Km a 0.01 nm de longitud; pero por supuesto, estas no son todas las ondas electromagnéticas, de manera que ese porcentaje es mucho menor. Algo similar ocurre con los sonidos que llegan a ser percibido s por nuestro aparato auditivo. Algo interesante, es que algunas aves y mamíferos marinos pueden percibir el magnetismo de la Tierra para orientarse. Otros animales son sensibles a las vibraciones del planeta y advierten con mucha anticipación ciertos fenómenos naturales como la erupción de los volcanes y los terremotos. Los humanos probablemente llegan a captar un 5% de toda la realidad física.

Woody Allen dijo: ”odio la realidad, pero es el único sitio donde se puede comer un buen bistec”.

¿Cómo es posible que el hombre haya podido desarrollarse tanto, si tiene tan grandes limitaciones para reconocer su ambiente? A pesar de sus limitaciones sensoriales y perceptivas, el ser humano responde a la realidad más compleja concebible, por la condición de contar con algo único y propio de nuestra especie: la conciencia. La conciencia no es más que una especie de teatro en el que tiene lugar la representación de nuestra realidad, esa que hemos dado en llamar "realidad psicológica". Todos los objetos de la realidad se representan en la conciencia no solo con sus atributos físicos sino, además, inevitablemente, con sus atributos psicológicos, que el mismo ser humano les otorga. Cada objeto o fenómeno de la realidad física está representado con uno o más conceptos y significados en la conciencia. Por ejemplo, una piedra lunar que a nadie le sirve para nada, adquiere un enorme valor solo por su significado. Los significados implican necesariamente un determinado esquema biológico y psíquico total e integrado. Los conceptos son generalmente comunes y aceptados por todos, aunque pueden discutirse y llegar a un consenso, en cambio los significados, al ser personales, carece de todo sentido discutidos, no podemos hacer un consenso sobre ellos. Tenemos muchos conceptos que no significan nada y muchos significados sin un concepto claro. Todos tenemos el concepto de la muerte, pero nadie sabe lo que significa estar muerto. El significado de la muerte para nosotros está siempre referido a la muerte de otros. En ese sentido la muerte tiene un significado indirecto, como suceso ajeno, pero resulta difícil ubicar el significado de nuestra propia muerte. Pero en el instante en que esta empieza a cobrar un significado, nos asalta una vivencia nueva y desconocida, la desesperación quizás. La psicoterapia existencial se ocupa precisamente de que las personas obtengan estos y otros significados, llevándolos a la conciencia con el propósito de conseguir un cambio favorable en la persona. Los conceptos son abstractos y por lo general vienen de afuera, llegan con el lenguaje, se comparten con la comunidad y se manejan en un nivel mental puro, sin comprometer al ser. Se puede estar plenamente de acuerdo con ellos, pero si no significan nada para nosotros, no nos involucran. Esto ocurre típicamente con las normas: estamos de acuerdo con ellas, pero si no significan nada para nosotros, no estamos motivados a cumplirlas. Por ello se puede afirmar que las personas se comunican más por el significado que por el concepto de las palabras. Por esta misma razón las palabras van cambiando de significado. Además de las palabras, los objetos y los fenómenos, también las personas adquieren un significado muy particular. Aunque la gran mayoría de nuestros significados son adquiridos durante la experiencia de la vida y en contacto con nuestro medio, como por ejemplo una tela de dos colores que se convierte en nuestra bandera o dos maderos cruzados que hacen una cruz. Todos estos son significados culturales adquiridos por aprendizaje en una comunidad, y se manifiestan externamente en forma de conductas cargadas de emoción. La consecuencia de esto es que se produce una sincronía entre los miembros de la comunidad, sea una familia, una nación, o las personas que accidentalmente se encuentran juntos en un lugar, como en un estadio o una iglesia. En el choque de dos culturas es más gravitante la diferencia de significados que de conceptos. Muchas de las religiones cristianas y musulmanas se diferencian muy poco en el nivel de conceptos, pero son irreconciliables en cuanto a sus significados. 

El constructivismo revolvió muchas de las verdades que creíamos que estaban establecidas, y también en el campo de la psicología y psicoterapia produjo un cambio de paradigma científico. El constructivismo defiende que no hay una “realidad real”, es decir, que esa realidad no depende de lo que está afuera de nosotros, sino de como vemos eso que está fuera. En psicología, con la llegada de las posiciones constructivistas, se abandona las descripciones reales, para sustituirla por el concepto de realidades interpretadas, y la labor del psicólogo es crear la realidad junto con el paciente, así las preguntas empiezan a conseguir el cambio, sería más parecido a lo que produce el construccionismo social, que se ocupa de la persona en comunidad, aquí el conocimiento no está ni en el observador ni en el observado, sino en la interpretación que hacen entre los dos. Todo está construido por miembros de una cultura, la sociedad nos hace ver las cosas cómo las vemos. La construcción de la realidad desde su esencia netamente sociológica es un constructo que el ser humano construye a través de la forma en cómo percibe ésta por medio de los sentidos y los estímulos a los que está sujeto de acuerdo a los procesos de institucionalización de la sociedad y los ámbitos de interacción.

Por último, compartir esta reflexión pragmática del genial Woody Allen: ”odio la realidad, pero es el único sitio donde se puede comer un buen bistec”.

Aspectos cuasiexistenciales de la realidad