sábado 27/11/21

Hay escasez de mano de obra en la hostelería en España. También hay una falta de trabajadores en el sector de la construcción y el transporte. Y no solo en España, sino que, si echamos una ojeada a lo que está sucediendo en otros países, vemos que algo similar sucede en Estados Unidos o Reino Unido: una falta generalizada de trabajadores en sectores poco cualificados. 

En los medios de comunicación se suceden los artículos, y muchos comparan la falta de personal en estos sectores con, por ejemplo, la falta de personal generalizada en el sector tecnológico. Sin embargo, el origen de la problemática es diametralmente opuesta. La falta de trabajadores especializados en nuevas tecnologías se debe a un desajuste sistemático entre la formación académica que se otorga a la población joven y la demanda profesional. Esto se solucionaría orientando a los jóvenes a una formación tecnológica, promoviendo formación especializada en big data, análisis de datos o programación. Es un problema adaptativo, y no tiene que ver con la estructura del trabajo directamente. La problemática de falta de trabajadores en sectores menos cualificados, sin embargo, deviene en un problema más profundo, relacionado con la estructura de un sistema de precariedad laboral que no se sostiene por si misma. Esta estructura es la que hay que analizar. Por lo tanto, relacionar ambas problemáticas desde el sector del periodismo equivale a no reconocer el problema de precariedad que estamos viviendo. ¿Qué es lo que esta ocurriendo con la demanda de trabajo? 

Ocurre que vivimos una contradicción. Mientras que hay un numero considerable de gente sin trabajo, hay oferta laboral sin cubrir. Es como sí, de repente, la población que antes ocupaba puestos de camarero de sala, camarero de barra, camioneros o albañiles ya no quisiera trabajar. Y efectivamente es algo así lo que está sucediendo. Pero no es que los trabajadores se nieguen a trabajar, así como así, sino que no pueden soportar las condiciones laborales que se les ofrecen. En España hemos estado viviendo un constante incremento de contratos temporales, sin condiciones dignas y con poca cotización, y lo más importante, sin una estabilidad o seguridad suficientes con las que poder hacer planes a largo plazo. España duplica la media europea de contratación temporal, y desde 2019 hay más de veinte millones de bajas de contratos al año. La situación es tan insostenible que está teniendo efectos directos sobre la natalidad y la emancipación de la juventud. El trabajo, bajo el discurso capitalista, es el fruto del bienestar y de la dignidad de los ciudadanos, lo que les permite desarrollarse como individuos. Una falta de estabilidad laboral y una excesiva temporalidad en la contratación no son hechos sin consecuencias o con consecuencias laxas, sino que atentan contra la misma idea de ciudadano libre. 

Muchas personas hablan del terreno laboral actual como un terreno que sostiene y promulga un nuevo tipo de esclavismo. Para Aristóteles, el esclavo es aquel que, pese a ser hombre, no se pertenece a sí mismo. Según la ONU, el esclavo es aquel que es usado en tanto a objeto. Salvando las distancias, y sin la intención de dogmatizar equiparando la esclavitud con la explotación actual, si que podemos asumir que, bajo estas condiciones capitalistas, somos incapaces de que nuestro propio futuro nos pertenezca. De alguna manera algo que nos es propio desaparece de nuestras manos. 

Y bien, ¿Qué sucede con esto? ¿Es permisible esta situación a lo largo del tiempo? La situación es insostenible, se dice desde hace mucho, tiene que cambiar. Pero nadie se organiza. No tenemos protección sindical, ni un movimiento obrero, ni siquiera una conciencia mínima de clase por la que empezar. Sin embargo, esto no hace la situación menos insostenible. Así que los hosteleros y las empresas de construcción comprueban como, poco a poco, deja de haber tantos trabajadores. 

La población obrera no decide no trabajar, decide no entrar en la rueda de la explotación, y no por conciencia obrera, ni por una premeditada estrategia política, sino por imposibilidad. El trabajo precario que se les ofrece no es suficiente para cumplir con un nivel de vida básico. Por lo tanto, el trabajo ha dejado de garantizar un bienestar, y en tanto a esto, deja de tener sentido. El discurso del bienestar y de la dignificación del trabajo impuesto por el liberalismo desde hace más de cuarenta años se rompe cuando este no solo no garantiza el bienestar, sino que lo destruye. Esto deviene en un hecho sumamente importante: ante la terrible elección que impone el sistema capitalista, esta es, un trabajo precario que elimina las condiciones de dignidad de los individuos, o una pobreza y precariedad enfocadas en la supervivencia, muchos individuos terminan “escogiendo” la segunda opción. Se abandonan con este involuntario suceso ideas tan dañinas como el emprendimiento o el progreso. Así, la engañosa narrativa neoliberal no puede ni siquiera fingirse. 

Nadie elige la pobreza, nadie elige la supervivencia, sino que, desgraciadamente, es la única opción. 

Así no trabajamos