sábado 28.03.2020

El asesinato de Wayne Lotter, una muerte cargada de sentido

El asesinato de Wayne Lotter, una muerte cargada de sentido

El asesinato de Wayne es el resultado de una locura galopante que lleva la impronta del capitalismo tardío con su dosis de esplendor low cost

Wayne Lotter, destacado activista animalista ha muerto asesinado por su defensa de la vida de los animales y particularmente por su enfrentamiento contra la caza indiscriminada de elefantes. Suponemos que el rey emérito tiene coartada, porque las sospechas sobre el crimen ejecutado en Tanzania ponen en el centro de las pesquisas a cazadores ricachos aburridos y a furtivos que nutren los mercados prohibidos pero consentidos del marfil.

No es el primer activista caído, la lista de defensores del medioambiente y de la vida salvaje eliminados supera la centena en lo que va de año. Para vergüenza de la humanidad basta con echar una mirada a la dirección en la que Global Witness detalla los casos y lo que se esconde tras las brutales ejecuciones.

Unos casos están claramente vinculados a la codicia, en otros es la soberbia su motor impulsor, pero las razones son siempre coincidentes, cuajar el proceso social capitalista por el cual el ganador o ganadores de la juerga tienen el derecho y hasta la obligación de arramplar con todo lo que quede. Para mayor gloria y prosapia de la posición adquirida, entre otras prebendas se encuentran las sociopáticas de poder acabar con la vida y eliminar a quienes la respetan. Así se expresa el poder del ganador: esto es mío y por tanto lo aniquilo. El asesinato de Wayne es el resultado de una locura galopante que lleva la impronta del capitalismo tardío con su dosis de esplendor low cost, que genera un sucedáneo de opulencia destinada a los “miniganadores”, la compra de cabezas de animales para ser exhibidos en los salones de los “aprendices” como si fueran los trofeos realmente cobrados. Los furtivos que alimentan el mercado low cost de la barbarie se encuentran con toda seguridad tras la muerte del defensor de la vida salvaje y de los elefantes. Estoy seguro que más de uno se ha mordido el pulgar para no colgar en la red fotos trofeo del “buenista” abatido.

La de Wayne es una muerte cargada de significado que nos civiliza, porque aparentemente ni elefantes ni personas va a interponerse en la ambición sin freno que supone jugar al juego sin fin de poseer lo que ya no queda, lo exótico, lo escaso y así capitalizar en una única cosa o en un único gesto la extraordinaria acumulación de la riqueza aportada por la naturaleza y por la vida contenida en la piel rugosa y el fino marfil de un elefante o en la empatía de una persona que padece en carne propia el sentido trascendental de la extinción de cualquier forma de la vida. Matar animales por entretenimiento o por lucro es un acto bárbaro que será erradicado de la civilización aunque antes de que ese momento nos eduque a todos, muchos como Wayne Lorret o Berta Cáceres, caerán por sentido de la decencia y por respeto a la vida y a sí mismos.

Pero su muerte, que no su desaparición, tiene un enorme significado que desviste a la bestia capitalista que ya no puede legitimarse simbólicamente escudado en sus formas ostentosas, ya no hay discurso, ya no hay glamour, solo el recurso a la fuerza, la posibilidad de exterminar. Si durante algunos momentos del desarrollo capitalista el lujo ostentoso tuvo su peculiar enclave estructural, como Veblen nos enseñó a todos, en la actualidad tal espacio ha quedado reducido a la nada, y sólo la violencia y el más absoluto e indefendible recurso a la agresión aportan una quimérica autojustificación: lo hago porque puedo. La maté porque era mía dice el decálogo machista aliado del capital de base patriarcal. Soy blanco y por tanto soy superior en lenguaje racista compartido en ambos lados del Atlántico.

Pero no van poder mantener este rumbo al desquicie, porque a Wayne y Berta les van a suceder otros muchos que dejan sin espacio la barbarie y dejan expuesta la razón última de esta innecesaria crueldad y este apetito por la extinción de todo lo que no sea yo mismo con mi riqueza. Los defensores de la vida y de los animales reciben una respuesta similar a la que obtienen todos aquellos que se oponen al destructor espíritu del capital en materia de derechos de los trabajadores, de las clases medias, de los migrantes, de mujeres o de las personas de otras razas que por resultar ajenos al capital son potenciales sujetos de explotación, expoliación y en según qué condiciones, también de muerte. Y entre todos los damnificados se está fraguando una alianza liberadora, la alianza de la sociedad empática con todas las clases, razas y especies.

Ya todos estamos advertidos de que las concomitancias no son casuales. Ahoga, estruja, mata y obtendrás el premio a ser el mayor hijodeputa que se haya conocido, que se ríe del mundo desde su atalaya donde guarda los documentos de propiedad de empresas y participaciones que dan derecho a decidir recortes en consejos de administración, todo ello bien archivado en muebles rematados por finos trabajos de embalsamamiento de cabezas de animales sacrificados en tu honor. Y después, si es temporada, a los toros a tendido de preferente, con puro humeante y churri con peineta.  

¡Así te mueras!

El asesinato de Wayne Lotter, una muerte cargada de sentido
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