domingo 25.08.2019

El aprendizaje a lo largo de la vida para la inclusión y ‘el trabajo del futuro’

El aprendizaje a lo largo de la vida para la inclusión y ‘el trabajo del futuro’

Para un año, sembrad cereales. Para una década, plantad árboles. Para toda la vida, educad y formad a la gente”, dice un proverbio chino

Parece que desde diferentes ámbitos políticos y empresariales están descubriendo que suena bien esto del aprendizaje a lo largo de la vida. Aunque existe en el debate sobre políticas educativas desde el Informe Delors al menos (1991) y se consagró en Europa en noviembre de 2001 con la Comunicación de la Comisión Europea “Hacer realidad un espacio europeo del aprendizaje permanente”. Se ilustraba el inicio con un proverbio chino: “Para un año, sembrad cereales. Para una década, plantad árboles. Para toda la vida, educad y formad a la gente”.

Después de dieciocho años siendo invisible, ahora se plantea como objetivo para el sistema educativo, se señala como una necesidad de la fuerza de trabajo, se hace relevante para abordar las disrupciones de la digitalización. La disfunción resultante de tanto abandono proviene del enfoque prioritario y solidario que la Comisión enunciaba: un componente de cooperación que atienda las necesidades del alumnado paralelamente a las necesidades de aprendizaje de las organizaciones, las comunidades, la sociedad en su conjunto y el mercado laboral; señalando la asignación adecuada de recursos, con una financiación eficaz y transparente. Ahora, por el contrario, brillan las demandas de las empresas y del “mercado laboral”, cuando los cambios sociales, científicos y tecnológicos son los que deberían preocupar para garantizar las opciones de adaptación, para que el conjunto de la ciudadanía no pierda el tren y se quede inmersa en las desigualdades. Al menos, desde la OIT se recoge el guante y después de la conmemoración del Centenario con “El futuro del trabajo”, ha surgido como un elemento destacado la necesidad de aprendizaje a lo largo de la vida para la inclusión y para “el trabajo del futuro”.

Una pauta clara del retroceso existente en la Europa actual se ve con claridad en otras indicaciones de ese documento de 2001: prioridad a la información, la orientación y el asesoramiento, con las inversiones en tiempo y dinero que acerquen el aprendizaje a quienes más lo necesitan, pedagogías innovadoras con propuestas para que las competencias básicas y los elementos fundamentales para seguir aprendiendo estén al alcance de toda la ciudadanía. El sector formal deberá reconocer y valorar los aprendizajes no formales e informales; las políticas públicas facilitar el acceso, extendiendo las oportunidades de aprendizaje, aumentando los niveles de participación. Y además, poniendo de relieve los objetivos: la ciudadanía activa, la realización personal, la integración social y el empleo.

Por lo cual la definición de aprendizaje a lo largo de la vida (LLL por life long learning) fue amplia: “toda actividad de aprendizaje realizada a lo largo de la vida con el objetivo de mejorar los conocimientos, las competencias, las aptitudes con una perspectiva personal, cívica, social o relacionada con el empleo”. En estos momentos un primer hachazo: se ha quedado fuera todo lo demás y sólo se considera la formación continua, formación para el empleo en activo o en paro. Segundo: para no otorgar valor al trabajo se abandona el reconocimiento de los aprendizajes informales o los no formales ligados a otras formas de cualificación. Tercero: las propuestas parten de las adquisiciones en la vida adulta, como si las herramientas necesarias para poder aprender no fueran relevantes desde la infancia, como si no fueran de imprescindible enseñanza en las etapas obligatorias.

En el desarrollo de algunas de las propuestas se ha puesto el énfasis en las competencias. La OCDE en el Proyecto De Seco define 3 ámbitos: usar herramientas de manera interactiva, interactuar en grupos heterogéneos y actuar de forma autónoma. La UE consolida las 8 competencias claves: comunicación en lengua materna, comunicación en lenguas extranjeras, en matemática, en ciencias y tecnología, competencias sociales y cívicas, conciencia y expresión culturales, aprender a aprender, competencias digitales, sentido de la iniciativa y espíritu de empresa. Sin estas capacidades nadie será capaz de aprender a lo largo de la vida, por lo cual no se trata de acumular información de forma rutinaria, mecánica, ni de recitar de memoria los reyes o las tablas de multiplicar.

Pero la transformación sufrida por Europa en manos de las políticas neoliberales ha producido la desaparición de algunos de los indicadores más relevantes para “hacer realidad” esos objetivos. En particular las pedagogías innovadoras y las inversiones, que deberían ser el núcleo duro del debate para derogar la LOMCE. El papel de las grandes corporaciones y de sus departamentos de recursos humanos, van ganando terreno frente a las políticas públicas debilitadas o desorientadas. Las investigaciones sobre las competencias demandadas por las empresas cobran fuerza frente a las que determinan las capacidades para evitar la exclusión, y cuando algunas son coincidentes los procesos de aprendizaje no lo son y los resultados tampoco.

Sin una integración en profundidad del aprendizaje a lo largo de la vida como objetivo clave del sistema educativo reglado, sin una formación profesional de calidad, científica y tecnológica, que atienda a las necesidades sociales, personales, de los sistemas productivos, de las regiones, etc., no habrá equidad en el aprendizaje permanente. Sin unas enseñanzas amplias, flexibles, con profundidad científica y tecnológica, sin excesivas especializaciones prematuras, no habrá adaptaciones a los cambios tecnológicos, organizativos o socioculturales. Sin unas inversiones públicas que garanticen la formación que puede evitar exclusiones, sin unas inversiones de las empresas en la formación continua de la fuerza de trabajo de todos los grupos profesionales (no sólo de los más cualificados), sin una cooperación real en el diálogo social y la negociación colectiva para ser eficaces y transparentes, el aprendizaje a lo largo de la vida seguirá siendo una receta vacía, sin ingredientes o con ingredientes que generan desigualdades, muy alejados de la justicia social.

Sin un cambio de paradigma en el conjunto de los sistemas educativos y de formación será muy difícil abordar las reales necesidades

En resumen: sin un cambio de paradigma en el conjunto de los sistemas educativos y de formación será muy difícil abordar las reales necesidades. Es muy complejo, no es sólo un desafío, es una necesidad imperiosa para brindar a toda la ciudadanía las herramientas que puedan evitar exclusiones. En la enseñanza obligatoria las capacidades básicas como instrumentos para aprender a aprender, a conocer, a hacer, a ser y a convivir. En la formación profesional o la universidad las bases científicas,  tecnológicas y sociales profundas, amplias, flexibles que faciliten las adaptaciones a los cambios. En la formación continua las inversiones adecuadas y suficientes, programadas para responder a las necesidades del conjunto de la fuerza de trabajo, sean recualificaciones, especializaciones o adaptaciones a corto plazo. Por último, reconociendo el valor de la formación no formal y de la cualificación adquirida en la experiencia laboral, podrían sentarse las bases de un verdadero aprendizaje a lo largo de la vida. Estos son los ingredientes que necesita el LLL, para dejar de ser una receta vacía, ligando, conectando las actuaciones, coordinando los distintos subsistemas. Cuando disponemos de una normativa favorable, con las vías indicadas, sería un error (tremenda torpeza) no promover los cambios claves.

Si de ahora en adelante estos principios inspiraran los debates, si en ciertas tertulias dejaran de opinar desde sus experiencias individuales obsoletas, si la influencia de los intereses económicos de unos, el corporativismo de otros y el poder de la iglesia dejaran de pesar, habría alguna posibilidad de encausar las prioridades. No sólo el futuro del trabajo está en juego, no sólo las disrupciones de la digitalización, no sólo la conciencia del cambio climático o la igualdad de género, ni siquiera la ciudadanía crítica que perseguimos desde las opciones transformadoras. Está en juego el papel de la educación en el desarrollo humano y una adaptación activa a los cambios de toda la sociedad, porque se trata de proveer a la ciudadanía de las herramientas necesarias y de forma permanente, para que la cohesión social sea una realidad.

El aprendizaje a lo largo de la vida para la inclusión y ‘el trabajo del futuro’
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