sábado. 02.03.2024
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@ebarcala | ¿Para qué sirve un reloj inteligente? Esa es la cuestión que ha de contestar Apple si pretende  hacernos desear un artilugio, un “wearable”, cuyo nombre, aspecto y características conocemos desde meses antes del lanzamiento sin que haya despertado un ansia irrefrenable por poseerlo. El que la compañía haya promovido en Twitter, mediante tuits de pago, el evento de la presentación pública, habla del moderado entusiasmo que genera de momento el gadget.

Y no es extraño. Para empezar, un reloj es en si mismo un objeto sospechoso. Una máquina cuya función es recordarte aquello del “tempus fugit” no da precisamente buen rollo. Atarse a un reloj es, dijo Cortázar, razón suficiente para el recelo, porque “cuando te regalan un reloj, te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire:”

Algo más que la hora

Pero el problema del reloj inteligente es más de orden práctico que filosófico. En un mundo donde todos sabemos que la hora se consulta en el móvil, el nuevo aparato ha de satisfacer nuevas necesidades. Sus predecesores en el mercado no han conseguido convencernos de que es imposible vivir sin un miniordenador en la muñeca y las prestaciones que avanza Apple para su modelo no cambian radicalmente la vida en el planeta.

Que se pueda enviar un “toque” a los amigos, que mida tu pulso, te alerte de que tienes correo en el móvil o te avise de que has corrido lo necesario para justificar una actualización de tus progresos como “runner” en Facebook no son avances revolucionarios.

Malo habría de ser que no se vendan unos millones de unidades en los próximos meses entre fanboys de los productos de la manzana, cazadores de piezas de colección (puesto que habrá versiones de alta gama) o el segmento de las “primeras comuniones” y los “finales de curso”. Y, como en la Alicia de Carroll, tampoco será raro ver por los parques a agitados corredores pendientes del aparato, modernos Conejos Blancos con tejidos fluorescentes del Decathlon

¿Móvil o reloj?

Pero se antoja que las posibilidades de alcanzar un éxito comercial rotundo dependen en gran medida del ingenio de los desarrolladores en busca de la “killler app”, esa aplicación estrella que llene de contenido al cacharro, nada económico, por cierto. Una alternativa aún más ambiciosa sería dotarle de todas aquellas capacidades hasta ahora exclusivas del móvil, pero no como un mero complemento del teléfono, si no como su futuro sustituto.

Sin esos valores añadidos, el iWatch corre el riesgo de convertirse en el cachivache contra el que nos advirtió Cortázar: “Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.” 

AppleWatch: la posibilidad de un reloj