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martes 17/5/22

"Si vuelvo, me mato"

Así de contundente se titula el informe elaborado por Amnistia Internacional, en el que se dan a conocer los abusos sexuales, vejaciones y malos tratos que sufren los menores en los ‘centros terapéuticos’. El título del documento no es ni más ni menos que una de las frases más repetidas por las víctimas que consiguen salir.
NUEVATRIBUNA.ES - 15.12.2009

La ONG Amnistía Internacional (AI) advirtió de que los menores que ingresan en centros de protección terapéuticos, aquellos en los que ingresan menores con trastornos de conducta y en situación de exclusión social, "pueden ser víctimas de abusos, malos tratos, aislamiento o medicación forzada", quedando estos casos "invisibilizados e impunes por las lagunas legales existentes".

Según explicaron en rueda de prensa el portavoz de Amnistía Internacional en Andalucía, Raúl Villalba, y el responsable del Equipo de Menores de Amnistía Internacional España, Carlos Sanguino, los menores que ingresan en estos centros bien derivados de otros dispositivos del Servicio de Protección de Menores o a solicitud de los padres "están totalmente indefensos ante los abusos que con ellos se cometen", ya que "en primera instancia, las Administraciones ni siquiera ofrecen datos fidedignos del número de centros de este tipo que existen, las plazas que tienen o los menores que hay ingresados".

De hecho, afirmaron que mientras que, en el caso de Andalucía, la Consejería para la Igualdad y el Bienestar Social de la Junta comunicó al Defensor del Pueblo Español, Enrique Múgica, que en la comunidad existían 21 centros de protección terapéuticos, en la información dirigida a AI los cifró en 27.

Además, tal y como criticaron, "tanto la Administración pública como las entidades privadas que gestionan estos centros dificultan que se lleven a cabo cualquier tipo de investigación independiente e incluso de instituciones como la del Defensor del Pueblo", explicando que en la comunidad andaluza tan sólo pudieron acceder "parcialmente" a uno de los centros de protección terapéutica ubicados en la provincia de Córdoba.

LOS DATOS DEL TERROR

Tal y como se desprende de las conclusiones del informe 'Si vuelvo, me mato' elaborado por la organización a partir de unas 170 entrevistas con trabajadores y menores (59) que están o han pasado por centros de Cataluña, Madrid y Andalucía, comunidades que concentran el 55% de los centros terapéuticos, entre los castigos más frecuentes están el "amordazar a los niños en una silla a la intemperie, privarles de alimento, encerrarles en celdas de aislamiento, prohibir las visitas familiares", así como se practican "contenciones físicas (sujeciones), mecánicas (ataduras) o farmacológicas (medicación forzada como medida sancionadora).

En este sentido, incidieron en la "violación de derecho a la salud" de estos niños, a quienes "se suministran psicofármacos con una finalidad sancionadora y no terapéutica" y que pese a tener el derecho reconocido de conocer su diagnóstico y tratamiento si han cumplido 12 años de edad, tal y como reconoce la Ley de Autonomía del Paciente, "no reciben información sobre los fármacos que están siendo obligados a ingerir".

"Curiosamente, los menores no son medicados ni antes de ingresar en el centro de protección ni después de salir de él", subrayaron, lamentando la "impunidad absoluta" con la que realiza esta medicación "por parte de educadores sociales o incluso vigilantes de seguridad". A ello, añadieron que "no siempre los menores cuentan con un diagnóstico determinante para su ingreso en uno de estos dispositivos".

En esta línea, recordaron que cualquier medida sobre medicación forzada, sobre sometimiento a contención física o sobre celdas de aislamiento "no tiene supervisión judicial, ni fiscal y menos autorización judicial, con lo cual, estas medidas, que en muchos casos son violaciones de derechos humanos, dependen del criterio de cualquier educador o cualquier personal de estos centros", mientras que, por contra, "en las cárceles, este tipo de conductas son siempre autorizadas por el magistrado de vigilancia penitenciaria".

Según relataron, en un centro de protección terapéutico de Cádiz un menor "nada más llegar, estuvo quince días internado en una celda de aislamiento que en las instalaciones denominan 'Aula de observación independiente', privado de contacto con otros menores"; a lo que se suma la situación en otro centro de Córdoba, en el que, "a pesar de que el director negó la existencia de un espacio de aislamiento, la presencia de éste fue confirmada por los propios internos".

"Si vuelvo, me mato"
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