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jueves 19/5/22

"Se pensó que era una lucha por una causa perdida… y no ha sido perdida"

Medio centenar de exiliados de UGT se han vuelto a ver estos días en Madrid en un homenaje organizado por la Fundación Largo Caballero. Setenta años después de decir adiós a España la emoción les embarga por el reencuentro con viejos compañeros.
> "Gratitud a los valores que representan"
> "Mantuvieron la llama de la libertad"
NUEVATRIBUNA.ES / ISABEL G.CABALLERO 18.11.2009

Madrid está siendo estos días el escenario del reencuentro de muchos compañeros sindicalistas que, junto con sus familias, se vieron obligados a exiliarse de España por la Guerra Civil y la instauración de la Dictadura. Setenta años después y con sus raíces hechas en Francia, México, Bélgica o Suiza -países que les dieron una solidaria acogida- han regresado para recibir un merecido homenaje organizado por la Fundación Largo Caballero.

Para su presidente, Jesús Pérez, el momento no puede ser más oportuno para reconocer la labor de estos hombres y mujeres que “durante 40 años trabajaron para impedir que las siglas de UGT se extinguieran, transmitiendo el sindicato a las siguientes generaciones para la defensa de los derechos e interés de los trabajadores. Un reconocimiento a aquellos y aquellas que lucharon desde el exilio por la libertad sindical y política”, afirma.

La jornada este miércoles fue intensa. Visita al Congreso de los Diputados donde fueron recibidos por el presidente José Bono y un acto por la tarde en la Escuela Julián Besteiro junto al secretario general de UGT, Cándido Méndez y la secretaria de Estado de Inmigración y Emigración, Consuelo Rumí. Antes visitaron el Museo Reina Sofía donde se alberga el Guernica de Picasso, icono universal de los horrores de la contienda y un símbolo del siglo XX.

Desde allí, José María Martínez Cobo ha contado a nuevatribuna.es lo que siente en estos momentos: “emoción, mucha emoción por el reencuentro” con la “vieja militancia”, con amigos que, afortunadamente, ha podido ver periódicamente durante las últimas décadas.

Aunque vive en Toulouse (Francia), donde llegó en 1939 junto a su familia desde Barcelona en los días previos a la ocupación de la ciudad condal por las tropas nacionales, ha visitado Madrid más o menos cada dos años: “Si es que soy madrileño”, dice con orgullo. Cardiólogo infantil de profesión ocupó durante el exilio cargos de responsabilidad en las Juventudes Socialistas y participó de una manera activa en el proceso de renovación del PSOE y de UGT. Hijo de Carlos Martínez Parera, miembro a su vez de la Comisión Ejecutiva del PSOE en el exilio, Martínez Cobo ejerció desde 1975, y durante muchos años, de secretario y presidente de la Agrupación de Toulouse, llegando a presidir el Comité Federal del PSOE varios periodos hasta el año 2000.

Como él, Aída Pérez, ha mantenido su actividad política y sindical desde México, un país “maravilloso”, dice donde llegó con su familia con tan sólo cuatro meses de edad después de partir de Barcelona embarcados en el Nyassa, uno de los barcos junto al Flandre, el Sinaia, el Ipanema, el Mexique, en los que miles de republicanos cruzaron el Atlántico para iniciar una nueva vida. Para esta mujer, cuyo padre fue militante de las juventudes socialistas y secretario general del PSOE en la zona de Asturias Oriental, resulta “realmente emotivo que se acuerden de nosotros”, tantos como ella que ha seguido militando pese a que “el sindicato en el exilio no tiene casa”, asegura para explicar las dificultades de muchos sindicalistas por continuar una labor por la que en muchos momentos cundió el pesimismo: “Se pensó que era una lucha por una causa perdida… y no ha sido perdida”, afirma con mucha nostalgia su compañero Martínez Cobo.

Ese fue sin duda el sentimiento que invadió a todos ellos cuando este martes, a los pies de las tumbas de Francisco Largo Caballero y Pablo Iglesias, protagonizaron la ofrenda floral en el Cementerio Civil.

Pero, ¿se han curado las viejas heridas? ¿Es la España de hoy la patria que ellos quisieron hace setenta años? Para Martínez Cobo no hay duda: “Hubiéramos firmado por la España de hoy, la España de los valores. Lo que se ha hecho es enorme” subraya quien cree que la fractura civil está superada pero que no hay que relegarla al olvido.

Aída Pérez tampoco quiere olvidar, olvidar cuando regresó por primera vez en 1961 (en plena dictadura franquista) y se encontró un país cerrado en sí mismo. Ella, solo tiene palabras de agradecimiento hacia el Gobierno del PSOE y hacia una ley, la de la Memoria Histórica, que aunque por sí sola no sirve para recuperar ese olvido y el reconocimiento al bando perdedor de la Guerra Civil, ha puesto los cimientos de la historia que conocerán las generaciones venideras. Porque “la verdad, la verdad de lo que pasó se va a imponer”, dice optimista Martínez Cobo.

"Se pensó que era una lucha por una causa perdida… y no ha sido perdida"
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