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domingo 29/5/22

"Fuí víctima de abusos. ¿Dónde denuncio?"

La pregunta, que un ex alumno de los Escolapios de Sevilla ha planteado a nuevatribuna.es, expresa la angustia que durante años han sentido centenares de personas que han guardado silencio sobre los abusos que sufrieron siendo niños a manos de sacerdotes. El problema es que, al tratarse de casos antiguos, no se animan a acudir a la Justicia que no atenderá sus demandas al haber prescrito los delitos...
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NUEVATRIBUNA.ES - 30.3.2010

...Pero sí quieren que su calvario salga a la luz y que cese el encubrimiento por parte de la Iglesia católica.

Manuel López tenía diez años cuando ingresó en los Escolapios. Ahora está a punto de cumplir sesenta y está harto de los años de silencio y de asco, el que siente cada vez que le vienen a la cabeza ciertos recuerdos. Sus 'torturadores' tienen nombre: los padres -él se resiste a llamarles así- Blas, Fidel y Antonio. Fidel fue quien primero le acosó cuando un día faltó su compañero de pupitre. Se sentó a su lado y le metió la mano en el bolsillo. Manuel dió un respingo y el sacerdote le regañó: "¡López! ¿Qué hace?" A partir de ese momento, no volvió a intentarlo pero le machacó con el silbato de acero que entonces solían usar los curas en los colegios para imponer el orden. Era la década de los sesenta.

Lo que más llama la atención de su relato es la impunidad con la que actuaban estos sacerdotes abusadores. Blas, por ejemplo, solía poner la mano en el hombro de los chicos cuando estaban en el coro y poco a poco la iba bajando hasta tocarles el culo. "Eso en público. ¡Qué no haría con los más débiles de carácter a los que imagino que se llevaría a otro sitio", comenta Manuel. Él tuvo la suerte de contar con una hermana mayor que le puso en guardia porque su madre, católica practicante de la época, no quería ni oir hablar del asunto. Gracias a los consejos de su hermana, se convirtió en avispado observador de todas las maniobras que los curas emprendían con otros compañeros para llevarles a su terreno.

"El peor de todos -recuerda Manuel- era Antonio, el encargado de proporcionar los libros y el material escolar a través de una ventana con rejas. Pero, si llegabas fuera del horario de ventanilla, te metía dentro del habitáculo". Ahí es donde pudo ver como el sacerdote abusaba de una niña, hermana de un compañero, a la que tenía sentada en sus rodillas y manoseaba por todas partes. A Antonio atribuye Manuel el peor recuerdo de todos, ese que no ha podido borrar a pesar de los años transcurridos: "Un día, me hizo entrar y me empezó a besar. Tengo la imagen y el sabor de esa boca asquerosa. Me dan ganas de vomitar".

Manuel no es el único que sufrió abusos en los Escolapios ni es el caso más grave -"Yo no era un chico especialmente guapo, de los que podían gustarles"- pero no ha encontrado la complicidad de sus compañeros para una denuncia colectiva: "El problema de mi generación es que nadie quiere hablar. Incluso aquella chiquita que creo que se metió a monja. Todos dicen que había muchos maricones en el colegio pero nada más". Acudir a la Justicia a estas alturas, a sus años, sin saber si los culpables están vivos o muertos y cuando lo más probable es que los delitos hayan prescrito, no le convence. Pero quiere que se sepa lo que ocurrió y remata con la pregunta que le provoca tanta rabia contenida: "¿Dónde lo puedo denunciar?"

Un buen desahogo para Manuel y las personas que están en su misma situación es el colectivo Iglesia sin Abusos, que desde hace años se dedica a recoger este tipo de denuncias. Lo forman un grupo de catequistas que en 2002 denunciaron a un cura pederasta que acabaría siendo condenado. , sacerdote en la parroquia de Santo Domingo de Guzmán del barrio madrileño de Aluche, fue sentenciado en 2006 a dos años de cárcel que nunca ha cumplido por un delito continuado de abusos sexuales a un menor. Tenía 72 años cuando fue juzgado. Su víctima, 13 cuando se inició la agresión. La Justicia condenó también al Arzobispado de Madrid. La sentencia asegura que su titular, Rouco Varela, conocía los hechos y los ocultó.

El portavoz de Iglesia sin Abusos es Carlos Sánchez Matto que admite que su gran fracaso es que "no hemos conseguido, desde lo de Aluche, que las víctimas denuncien". Sánchez Matto ha asegurado a nuevatribuna.es que no les mueve un afán sólo punitivo sino también preventivo. Quieren evitar, ante todo, que este tipo de abusos se sigan produciendo. Y añade que "hasta que las víctimas tengan una postura activa faltará algo por hacer". Reconoce también que hay delitos antiguos, que pueden haber prescrito, pero que hay otros que no lo son tanto, como lo demuestra el caso de Aluche que se produjo hace sólo ocho años.

Sánche Matto asegura que las denuncias en España se cuentan por decenas y que el hecho de que haya saltado el escándalo en otros países no ha influido especialmente en su número: "El que es víctima lo es independientemente de las noticias. Desde que se levanta hasta que se acuesta". Y añade que hay una gran variedad en cuanto a la tipología de los delitos y "una gran cadena de culpa". Rechaza que se intente vincluar los abusos con el celibato sacerdotal: "No todos los célibes abusan. Lo que sí es cierto es que la visión que la Iglesia tiene de la sexualidad perjudica muchas cosas".

Tampoco tiene dudas sobre la complicidad de la jerarquía eclesiástica. "La postura es muy parecida en todas partes: el intento de silenciar, de acallar, de desprestigiar al que denuncia", asegura y explica que el problema es el intento de tratar como pecado lo que es un delito: "La condena moral no puede suplir al castigo de la Justicia. No se puede despachar a los depredadores de menores con amonestaciones. No pueden estar al margen de la ley por el simple hecho de pertenecer a la iglesia". Dentro de esa estrategia por levantar un muro de silencio en torno a los abusos, se enmarcan las presiones que cuenta haber recibido desde la denuncia de Aluche: "Ahí sí que hubo presiones. No pararon hasta que nos expulsaron de la parroquia. Yo incluso recibí llamadas de un abogado que trabajaba para el Arzobispado amenazándome con ir contra mi patrimonio. Ahora, se nos ignora y ya está".

En cuanto a la reacción de la comunidad católica ante la lucha que lleva a cabo el colectivo, Sánchez Matto lamenta que haya muchos que lo ven como una campaña de los enemigos de la Iglesia. E inmediatamente aclara: "Yo lo critico porque me importa el mensaje de Jesús". Y respira aliviado porque estemos en el siglo XXI. "Si no, ya nos hubieran quemado en la hoguera. A mi madre le han llegado a decir que tiene un hijo endemoniado. Pero también hay gente que reacciona positivamente".

El portavoz de Iglesia sin Abusos está convencido de que este es un tema de medio y largo plazo: "Yo también me desespero pero, por lógica, esto es imparable sobre todo en la medida en que haya actuaciones decididas por parte de la Justicia. No sólo la Iglesia ha encubierto los abusos. Además, ha habido poca investigación por parte de la fiscalía. Pero acabará aflorando. En España no somos tan distintos de Irlanda. Es más, nos parecermos bastante".

"Fuí víctima de abusos. ¿Dónde denuncio?"
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