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jueves 19/5/22

"Deberían habernos llamado Ni pintan nada, Ni cobran nada"

AGNESE MARRA
Nuevatribuna.es se ha puesto en contacto con una serie de jóvenes. Al hablarles de la ‘Generación Ni-Ni’ se echan a reír y reconocen que nunca han visto a un ni-ni suelto. Sus realidades son bien distintas. Estudiar y trabajar a destajo y pocas, muy pocas ayudas. “Nos dan una educación superior y luego nos abandonan”. Desamparo e incertidumbre son las palabras que definen su situación.
NUEVATRIBUNA.ES - 20.04.2010

Molestia, indignación y algunas risas genera entre los jóvenes que se les hable de la ‘Generación Ni-Ni’(ni estudian ni trabajan). Como ha sucedido con otros muchos términos, un medio de comunicación se inventó hace unos meses una etiqueta para definir a los ‘jóvenes de ahora’. Toda una campaña de marketing que al menos les ha servido para subir su audiencia. Salvando su logro personal, lo que ha hecho La Sexta con su ‘Generación Ni-Ni’ supera con creces la ficción y por qué no, en ocasiones la vulgaridad.

Un informe de CCOO Jóvenes, que publicó este diario, alertaba de los peligros del término y sobre todo llamaba a las cosas por su nombre. Con datos en la mano su conclusión era muy clara: “No existe la generación Ni-Ni”.

Según el trabajo de CCOO Jóvenes basado en la EPA (encuesta de Población Activa) del último trimestre de 2009 sólo el 3’89 de los jóvenes podrían ser ni-ni potenciales. Además concluye que en los últimos cinco años no ha habido ningún aumento relevante, ya que en 2005 ese porcentaje era de un 3,54%.

Pero la intención de ese informe no era sólo rebatir los estereotipos, sino que mostraba cuál era el centro del debate: “Un sistema socioeconómico que deja a la inmensa mayoría de los jóvenes en un estado de inestabilidad e inseguridad permanentes”.

Según el sindicato “que uno, dos o tres jóvenes de cada cien no hagan nada debe ser motivo de preocupación para los poderes públicos; no para describir ‘generaciones’ que en el mundo real no existen, ni para criminalizar a quienes ya son víctimas, sino para poner los recursos formativos, de empleo e incluso de orientación social y personal para que nadie caiga en la exclusión”.

“NO HE CONOCIDO A NINGÚN ‘NI-NI’”

Los jóvenes con los que nuevatribuna.es se ha puesto en contacto aseguran no haberse cruzado nunca con un ‘ni-ni’. Dicen no conocerlos y se ríen bastante del calificativo. Lo que ya no les hace tanta gracia es que bajo términos como este se olviden de las horas y horas que se pasan estudiando y trabajando. Porque aunque estas noticias no sean las más vendibles, es necesario saber que los jóvenes estudian, trabajan, hacen ambas cosas y muchos de ellos aspiran a conseguir entrar en el mundo laboral mientras continúan formándose.

Es lógico que un médico que llega a trabajar hasta 17 horas diarias, que tiene compañeros que puedan estar en la clínica hasta 30 horas seguidas, y después tiene que encontrar algo de tiempo para estudiar su doctorado, le mosquee un poco que le tilden de ‘Ni-Ni’.

Es el caso de un salmantino de 29 años que prefiere no desvelar su identidad. Estudió Medicina en su ciudad natal y en tan sólo 6 añitos ya estaba licenciado. En un año más se sacó el MIR y consiguió encontrar plaza en Madrid. Ahora está cumpliendo su cuarto año de residente en el hospital Clínico. “En mi entorno nunca he visto a personas como las de ese programa. Es más, en mi hospital estamos en Urgencias trabajando a destajo, con guardias de 17 horas, muchas veces no se puede librar por ellas, y somos un equipo formado por médicos, enfermeras, auxiliares, de los que el 80% es menor de 30 años. Además casi todos empezamos a trabajar con 21 años, así que, que no nos vendan esa idea de que los jóvenes somos unos vagos a los que sólo nos gusta la fiesta”, dice el joven doctor.

“NI PINTAMOS NADA, NI COBRAMOS NADA”

Una doctoranda asturiana, que en apenas un mes leerá su tesis sabe bien lo que es estar trabajando y estudiando. Pero conoce la parte más dura y también más habitual: la falta de ayudas para la investigación. Esta chica que también prefiere no dar su nombre ya que tiene un recurso legal en marcha en su universidad, tiene 30 años y a pesar de trabajar desde los 20 su tiempo de cotización se resume en tres meses en los que trabajó en la empresa Tragsa.

Terminó Biología hace ocho años, y desde entonces su formación ha sido continua. “Mi carrera tiene un futuro laboral muy malo, así que preferí meterme en cursos de doctorado para tener un mejor currículo y más posibilidades para investigar”. Después de conseguir su primera beca en Asturias trabajando en el Jardín Botánico, se marchó a Madrid para especializarse en Botánica.

Durante cuatro años ha estado en la universidad Rey Juan Carlos sacando adelante sus proyectos de investigación, pero no consiguió una sola beca: “No tuve ningún tipo de ayuda”. Según cuenta la asturiana, las becas se conceden a currículos brillantes y a gente joven: “Si han pasado cuatro años desde que terminaste la carrera y hasta el momento no te han dado ninguna es imposible”. Ella misma nos recuerda que en Europa no existen ese tipo de requisitos: “En otros países no están mirando la edad que tienes para financiarte un proyecto de investigación, hay gente que con más de 30 años está haciendo su tesis y reciben un dinero por eso. No se dan cuenta que lo realmente importante para investigar es ser maduro, tener constancia y mucho sacrificio”.

Reconoce que sin la ayuda de su marido no habría estado estos últimos años dedicada a su tesis y a su laboratorio: “Si no hubiera sido por él me hubieran tenido que ayudar mis padres, que ya lo han hecho muchas veces, pero ya no les dejo, no quiero que lo sigan haciendo”.

Finalmente optó por irse a Soria donde por fin encontró la ansiada ayuda pre doctoral. Pero la lucha se mantuvo. “Cuado se firmó el Estatuto del Personal Investigador tuve que denunciar a la universidad para exigir mis derechos”. Se refiere a la obligatoriedad de que esta ayuda se registre como cotización en la seguridad social y que tras su investigación pueda tener un año de prácticas con todos los derechos laborales.

Por ahora todo sale a su favor ya que la inspección que le hicieron a la universidad le reconoció sus derechos. Es todo un logro porque como afirma la asturiana “en España no hay una carrera investigadora, el Estado no hace nada por promocionar el estudio”.

Según la bióloga los jóvenes se encuentran desamparados: “No pueden dar una educación superior a la gente y luego dejarla abandonada. Los jóvenes de hoy tenemos una sensación de abandono. Nadie cobra en correspondencia con su licenciatura, apenas hay trabajo, pero estamos mejor formados que nunca”- de repente le pone ánimo a sus palabras y con mucho humor le cuenta a la periodista-: “Creo que deberían habernos llamado ‘Ni pintan nada, Ni cobran nada’”, dice riéndose y después matiza: “pero es verdad yo creo que no pintamos mucho, por eso hay tanto maltrato laboral”.

El médico salmantino piensa igual que la asturiana: “En nuestra época el gran problema que tenemos es el cambio del modelo de trabajo. Hay gente que se cree que en la medicina somos como funcionarios, pero encontrar una plaza fija es dificilísimo. Somos víctimas de contratos temporales, de muchas horas de trabajo. Y nuestro otro gran problema es la vivienda, nos tocan hipotecas de por vida y si queremos alquilar un piso casi siempre nos vemos abocados a compartir con algún compañero”.

Leire Zarain por ahora ni se plantea salir de casa de sus padres. Esta madrileña que acaba de cumplir 23 añitos no para, pero por ahora su prioridad es acabar su carrera de Medicina y hacer el MIR para conseguir la especialidad de cirugía pediátrica o general.

Lleva curso por año y desde los 21 se pasa todas las mañana de prácticas en el hospital, sumando una guardia al mes que la mantiene hasta entrada la noche entre pacientes. “Con mi carrera es imposible plantearme compaginar otro trabajo con el que me pueda independizar. Lo que sí hago es a veces dar clases de apoyo o hacer de niñera, eso sobre todo en verano, así me costeo los libros de la carrera que son carísimos”.

La benjamín del grupo de jóvenes además emplea sus horas en el movimiento asociativo. Leire pertenece a una asociación de estudiantes que ella misma representa en el Consejo de la Juventud de la Comunidad de Madrid, donde trabaja como representante en la Comisión Permanente. “Eso al final me lleva como dos reuniones a la semana, pero es bueno, creo que es importante, tenemos que intentar cambiar las cosas”. Cuando se le pregunta por el programa ‘Generación Ni-Ni’, confiesa que nunca lo ha visto: “es que no tengo tiempo para ver la tele”. Pero reconoce que ha oído hablar de él: “Me parece que es un calificativo muy injusto, no conozco a ningún ‘ni-ni’ más bien al contrario, pero claro les es más fácil representar a adolescentes rascándose la barriga que a personas que estamos interesados en estudiar o trabajar. Sobre todo quiero dejar claro que es fundamental que dejen de hablar del tema como un fenómeno sociológico, al contrario, están alejadísimos de la realidad”.

"Deberían habernos llamado Ni pintan nada, Ni cobran nada"
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