miércoles 21.08.2019

Breve comentario sobre concepto de clase, conciencia y lucha de clase

El trabajo decente y la defensa del medio ambiente sostenible constituyen los dos desafíos determinantes del siglo XXI.

Breve comentario sobre concepto de clase, conciencia y lucha de clase

La clase es un fenómeno unificador, pues se conforma en la medida que diferentes personas, con experiencias comunes, tienen la necesidad de sumar los intereses entre ellos frente a otros contrapuestos, los cuales, en estos casos, cabe definirlos como los intereses del capital. Esta interpretación básica del concepto de clase, de clase trabajadora, hoy, si bien puede seguir siendo útil de una manera genérica, tendría que ser matizado a la vista de que los elementos precisos para conformarla están cambiando de manera profunda, generando una situación interesante a tener presente: hoy tenemos una clase en mutación.

La clase se conforma, por tanto, con un fuerte sentimiento de pertenecer a un grupo con intereses comunes. La vinculación emocional se generaba en el centro de trabajo, el barrio, los espacios de ocio…, haciendo posible la conciencia de pertenencia a un grupo, a una comunidad de intereses, de ser parte, de formar parte, o dicho de otra manera, se conformaba conciencia de clase como vía para incorporar sistemas de valores, ideas. Todo ello sirve de nexo fundamental para hacer posible el desarrollo de organizaciones propias para la defensa de sus intereses, frente a intereses contrapuestos.

La conciencia (de clase) se conforma en diferentes lugares y ámbitos, pero nunca de la misma manera ya que las experiencias son diferentes. La impronta cultural de cada marco territorial, juega un papel importante en su conformación, en las características de su actuación organizada. Así los conflictos organizados que históricamente se plantean, no son idénticos, aunque les una el elemento común de confrontación con sus antagonistas.

Como consecuencia, el sindicalismo, como expresión organizada de la clase, tiene en su ADN la negociación, la consecución de mejoras en las condiciones laborales, sociales y económicas, sin dejar de trabajar en lo político para la consecución de mayor poder para la clase, y se enmarca en la disputa de la plusvalía ante un capitalismo fundamentalmente de carácter productivo.

Podemos decir que el conflicto de clase se ha planteado, a lo largo de diferentes situaciones políticas y sociales, tanto en la conquista de poder y derechos laborales, sociales y económicas para los que la conforman.

Sindicalismo y conflicto de clase

Los sindicatos llevan sometidos a una crisis prolongada y agudizada a lo largo de los años: de afiliación, de objetivos y de actuación, cuando no de valores

Este conflicto ha ido tomando formas diferentes en la medida en que se producían cambios sociales y cambios en las fuerzas productivas y, con ellos, cambios en las relaciones sociales de producción. La generación de incrementos de productividad y cambios intensos en el mundo del trabajo, comportaban la consiguiente actuación sindical enmarcada en el axioma salario-beneficio, así como la disputa de diferentes condiciones sociales y laborales, entendiendo estos como salario indirecto es decir, se mantenía el axioma, no se modificaba.

Ligado a este importante elemento, el sindicalismo mantuvo durante mucho tiempo, una ingente generación de actuaciones que producían relevantes vínculos emocionales, en el centro de trabajo, en lugares y espacios de ocio, desde la fraternidad y la solidaridad e incluso vinculando su actuación a la idea de una utopía social. Los cambios sociales y políticos, de mayor desarrollo del capitalismo productivo, con mayores conquistas sociales, laborales y económicas para el conjunto de la clase, en nuestro entorno social y económico, fueron, paradójicamente, diluyendo este aspecto tan importante, generador de comunidad y de conciencia.

Los sindicatos llevan sometidos a una crisis prolongada y agudizada a lo largo de los años: de afiliación, de objetivos y de actuación, cuando no de valores. Esta situación ha acabado por provocar el desencanto de los trabajadores, que llegan a sentirse postergados y tentados a desentenderse de la acción y participación en la defensa de sus intereses.

Además, las organizaciones obreras han de enfrentarse y llevar a cabo sus funciones con las nuevas coordenadas bajo las cuales se desarrollan las relaciones laborales en el siglo XXI: de un lado, marcadas por la precarización del “mercado” laboral, la flexibilización y la pérdida progresiva de vigencia del arquetipo de trabajador estable y subordinado, que presta servicios para la misma fábrica durante toda su vida activa, en favor de un empleado con múltiples vínculos por cuenta ajena de duración finita (y/o a tiempo parcial) y por cuenta propia; de otro, la dimensión supranacional de las empresas (numerosas decisiones económicas están siendo, y cada vez en mayor número, adoptadas en este nivel).

Los sindicatos, por tanto, deben asumir el papel político sin desatender el frente profesional. Han de seguir una estrategia, asumiendo una función reivindicativa y enérgica en las empresas y con los Gobiernos, y, a la par, capaz de llevar a cabo una actuación basada en la unidad de acción desde la pluralidad, con mayor adaptación a las demandas coyunturales, pero sin renunciar nunca a conquistas que garanticen a los trabajadores su dignidad y libertad en una sociedad democrática; es decir, la tentación del poder no debe llevar a la creación de unos partidos políticos de segundo nivel, sino a unos sindicatos que, sin olvidar sus raíces, jueguen el papel de catalizadores políticos para el cambio y el avance social.

La mujer en el conflicto de clase

En el ámbito de las ideologías emancipatorias, no siempre se ha planteado la igualdad real

La presencia de la mujer, en términos generales, históricamente, o bien ha sido relegada o bien no tenía un papel lo suficientemente relevante salvo excepciones. Esta situación ha ido cambiando a lo largo del siglo XX, en especial en el último tercio del siglo y en lo que llevamos de siglo XXI donde, en consonancia con los cambios sociales, han adquirido un papel muchísimo más relevante y debe seguir creciendo hasta llegar a la posición que le corresponde realmente, más si cabe a tenor de los cambios que se están produciendo en las fuerzas productivas.

Cabe decir que en el ámbito de las ideologías emancipatorias, no siempre se ha planteado la igualdad real, la realidad de la mujer como un elemento consustancial a la liberación social. Ideológicamente los postulados ligados a la igualdad real de mujeres y hombres, si han tenido quienes los han defendido y planteado con intensidad :Flora Tristan Su obra “La Unión Obrera” que se publicó en 1840 enfatiza sobre la necesidad de trabajar por los derechos de los trabajadores, derechos que ella conjuga con la necesaria emancipación de las mujeres con su obra “Emancipación de la mujer “ donde reclama para las mujeres el acceso a la educación en las mismas condiciones que los hombres, y igualdad dentro del matrimonio .Rosa Luxembuergo debe ser reivindicada como una de las aportaciones más valiosas a la historia del pensamiento socialista. Reivindiquemos con fuerza una frase de Rosa Luxemburgo, “ un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes “.Rosa Luxemburgo planteó siempre el concepto de la emancipación de la mujer en el marco del ideario revolucionario que defendía en el que se implicó con fuerza y pasión a pesar de muchos dirigentes del SPD como el propio August Bebel. Recordar, para finalizar esta breve reseña sobre la figura de Rosa Luxemburgo, que ésta dedicó parte de su tiempo a escribir sobre la emancipación de las mujeres y, en una nota a su amiga Clara Zetkin, les expresa que está orgullosa de llamarse feminista.Clara Zetkim Convencida de la importancia de las mujeres, Clara afirmaba con rotundidad que el feminismo y el socialismo debían ir de la mano.Junto con Rosa Luxemburgo militaba en el ala izquierda del SPD. En Agosto de 1907 lideró la Primera Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas como parte de las sesiones del Congreso de Stuttgart de la Segunda Internacional. La segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en Compenhage en 1910 fué el marco donde se acordó establecer el 8 de Marzo como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Clara fué firme detractora del feminismo burgués y de clase media. Consideraba que en lo que respecta a la mujer “ proletaria, es la necesidad del capitalismo que explota y busca incrementar mano de obra barata lo que ha dado lugar a la cuestión femenina….Por tanto, la batalla de la mujer proletaria no puede ser igual a la que la mujer burguesa libra contra el varón de su clase “ Alexandra Kollontái Fué la primera mujer elegida por el Comité Central del Partido Bolchevique en 1917, dirigiendo la organización de Mujeres Soviéticas conocida como Zhenodtel. Alexandra situaba a la familia burguesa en el centro de unas estructuras sociales opresivas e inmorales propias del capitalismo, y definió su política social y feminista alejada de la estructura familiar. Consideraba necesario eliminar el concepto de familia patriarcal opresora y traslada la responsabilidad de hijos y hogar a la sociedad. En ese sentido tanto Lenin como Kollontái imaginaron una red de instituciones como casas-cuna y guarderías, restaurantes y lavanderías públicas que liberarían a la mujer de las tareas del cuidado de los niños y de la casa (contextualicemos la propuesta en especial cuando hacen referencia a liberar a la mujer del cuidado de hijos y hogar ).En los primeros años de la revolución, promulgó varias leyes que liberarían a las mujeres a través de sus ideas socialistas. Le dio al matrimonio un carácter civil e igualitario entre cónyuges, facilitó el acceso al divorcio por ambas partes y consiguió la protección estatal a las madres e hijos, e hizo gratuita la asistencia maternal en los hospitales.

Esta circunstancia histórica se ha superado en la medida que el feminismo se ha incorporado en mayor o menor grado a las posiciones ideológicas de las políticas emancipatorias, generando un impulso importante, muy importante. El 8 de marzo del 2018 marcó un hito, fue la expresión de una realidad social de fondo, de una necesaria justicia social que debe ser asumida como una prioridad de las izquierdas con un claro compromiso con la lucha de las mujeres y del movimiento feminista atendiendo a una realidad: el movimiento es plural, diverso, transversal y los límites de la transversalidad se encuentran en el conflicto de clases.

Las izquierdas y el sindicalismo de clase como parte inequívoca de la izquierda social no pueden caer en el activismo identitario que se contrapone a la lucha de clases, ni mucho menos pensar que el feminismo, visto desde posiciones estrictamente transversales, salvará al progresismo frente a la ola reaccionaria y de extrema derecha. En este sentido, Esteban Hernández, en entrevista publicada por CTXT el pasado 26 de diciembre de 2018, manifiesta lo siguiente:

Hay una perniciosa inercia, instigada desde los demócratas estadounidenses y que ha impregnado a las fuerzas progresistas occidentales, que tiende a creer que las mujeres serán la fuerza electoral del futuro, que con ellas se frenará el fascismo y que son quienes se pueden oponer a los Trump y los Bolsonaro de este mundo. Hay que pelear por muchos asuntos que defiende el feminismo, pero por una cuestión de justicia, no por estrategia. Creer que las mujeres salvarán al progresismo es lo mismo que creer que las clases obreras votarán de forma automática a los partidos de izquierda. Llevamos muchos años viendo que no es así. Y con las mujeres igual. El voto a la Lega o el de Bolsonaro no han sido mayoritariamente masculinos ni de lejos. Lo que ocurre es que a parte de esta izquierda le conviene apoyarse en esta clase de temas porque así no se ve impelida a enfrentarse a las dinámicas capitalistas, lo cual es siempre es más complicado. Plantar cara al poder tiene mucho coste, y hay que tener valor para hacerlo.

Siguiendo parte de su argumentación, atendiendo a la realidad social, vindicar en primera persona el conflicto de clases, la igualdad real y otras cuestiones que plantea el feminismo, desde las izquierdas, desde el sindicalismo, es, ha de ser una prioridad, por una cuestión de justicia. El conflicto es global, no parcial, sin dejar de lado ninguna particularidad, es más, enfatizando algunas, pero el cuestionamiento es el del sistema, al cual hay que plantear alternativa global y disputar el poder.

La nueva realidad del conflicto de clases: igualdad real y defensa del planeta

El trabajo decente y la defensa del medio ambiente sostenible constituyen los dos desafíos determinantes del siglo XXI

No será completa la transformación social, que queremos conseguir, sin incorporar la igualdad real y otras cuestiones que plantea el feminismo, pero tampoco sin una transición energética justa, sin la defensa del planeta y la especie. Aceptar, incorporar, asumir y defender estas cuestiones tan importantes, en ningún caso ha de significar caer en el activismo identitario que nos alejaría del conflicto global de clases.

El trabajo decente y la defensa del medio ambiente sostenible constituyen los dos desafíos determinantes del siglo XXI y por ello los sindicatos son los llamados, en particular y de manera preferente, a cumplir un importante papel en la lucha contra el cambio climático y a favor del desarrollo sostenible. En particular, y entre otras tareas, pueden jugar un papel de concienciación sobre temas de cambio climático y son capaces de introducir el tema de la economía verde en el debate social y político. En todo ello subyace una idea: los cambios necesarios para paliar el cambio climático y llegar a un desarrollo sostenible no serán posibles sin la participación, apoyo e impulso de los trabajadores y, en su representación, los sindicatos.

Parece necesario, entonces, que las organizaciones obreras apuesten por un “ecosindicalismo” e intervengan no sólo en las luchas tradicionales (que también), sino asimismo entren en la batalla contra el calentamiento global; el deterioro de la capa de ozono; la contaminación de mares y océanos; el deterioro de bosques, ríos y lagos; la desaparición de ecosistemas y extinción de especies; la sobreexplotación de los recursos agrícolas; la contaminación de suelos; la contaminación en las ciudades; la externalización internacional hacia países empobrecidos de la producción sucia; y un largo etc. por desgracia de todos conocido.

En el punto de unión entre defensa de la igualdad real entre hombres y mujeres y ecología aparece como una voz propia, auténtica, cargada de significado y de futuro, el “ecofeminismo” que se integra como un elemento consustancial al conflicto y la lucha de clases.

La significación última del concepto, de la fuerza que lo impulsa y de las vías que pretende alcanzar garantizan el retorno a uno de los elementos nucleares del sindicalismo, que ha de ser capaz de recuperar la ilusión aunando luchas, estrategias y armas.
Apostar por uno solo de los frentes mencionados supone desequilibrar el conjunto y, al cabo, debilitar el movimiento, cuyo corazón y cabeza han de estar guiados por las líneas vertebrales mencionadas. El futuro es femenino, digno y verde.

Clase y conflicto en marco de nuevo paradigma

Las clases existen, las clases trabajadoras existen, en un proceso de mutación, de cambio, de transformación

La lucha de clases es, por tanto, el elemento fundamental que ha de posibilitar las transformaciones sociales. ¿Pero existen aún las clases?, la respuesta es sí, nuestros antagonistas lo tienen muy claro, aunque parece que una izquierda posmoderna falta de proyecto ideológico alternativo se refugia en el activismo identitario y rehúye de la conciencia colectiva empatizando políticamente con el drama individual y sustituyendo la militancia participativa por una especie de club de fans. Esta actitud de cierta izquierda posmoderna, en nada favorece la lucha, es más, genera retraimiento por falta de alternativa al sistema y por falta de respuestas serias y creíbles de actuación política inmediata, dando un margen enorme a la respuesta simple y directa, que transmite la extrema derecha, para abordar problemas, muy complejos, que se generan en esta sociedad en tránsito hacia un nuevo modelo fruto de la revolución digital en marcha.

Las clases existen, las clases trabajadoras existen, en un proceso de mutación, de cambio, de transformación. Hoy tenemos una clase en mutación porque lo que la conforman (experiencias) han sido profundamente modificadas fruto de una nueva realidad. Conformar, generar conciencia de clase, viene determinado por diferentes experiencias y culturas compartidas generadoras de vínculos emocionales. La expresión cultural más potente del sindicalismo ( Escrito de Pepe Gálvez ) “ es la práctica continua de la reivindicación, de la negociación…. Ahora bien esa acción continua sobre la realidad surge de unos valores de solidaridad, igualdad, cooperación, creatividad…. y se relacionan y confronta con otros. Valores que con la evolución económica y tecnológica no desaparecen sino que se transforma su forma de manifestarse y vivirlos. “

Clase trabajadora en mutación ante la que hay que intervenir, generar vínculo emocional, adecuando el mensaje, transmitiendo los valores de solidaridad, igualdad y en este tema cuando hablamos de igualdad se tiene que incorporar con mucha fuerza los planteamientos del feminismo, cooperación, creatividad, para favorecer conciencia que a su vez permita reforzar, generar la fórmulas organizadas útiles para intervenir en la nueva realidad

Hacer posible que la realidad de clase, en mutación, que se encuentra en modo subjetivo, se conforme objetivamente incorporando feminismo y defensa del planeta y la especie, este tiene que ser nuestra tarea, una tarea complicada, llena de dificultades por diversos problemas: la atomización, individualización, la hegemonía cultural, social y política de la clase dominante que genera individualismo y antipolítica, nuestra organización de clase que aún está al rebufo de los cambios que se producen en las fuerzas productivas, falta de discurso, de ideología y de propuesta alternativa política al sistema, mantenimiento de un lenguaje muy alejado de la realidad social .

Es posible avanzar y generar conciencia e identidad de clase, sindicalizar lo disperso, con un lenguaje directo, sencillo; generar alternativa ilusionante, y vertebrar lo disperso. El sindicato, CCOO, pasando a la ofensiva es la organización capaz de afrontar, elaborar, generar alianzas y ejercer el papel de catalizador, para transformar, incorporando en primer lugar el feminismo y también la defensa del planeta y la especie, como parte consustancial de la lucha de clases para avanzar socialmente, económicamente y políticamente.