sábado 16.11.2019
FARMACÉUTICAS

Vacunas y otras historias para no dormir

Los precios actuales de muchas vacunas suponen o supondrán dentro de poco un gran desafío para muchos países que verán su presupuesto de salud acosado por la espectacular subida en los precios.

Ilustración: esquie
Ilustración: esquie

Si estabas esperando leer un artículo acerca de si “vacunas sí” o “vacunas no”, te recomiendo que no sigas leyendo. Que las vacunas son uno de los mayores logros en la historia de la Salud Pública no es nada nuevo. A pesar de que hay quien cree que los procesos de vacunación pueden dar lugar a trastornos como el autismo, no existe ni una sola evidencia en contra del uso generalizado de las vacunas en personas inmunocompetentes, como Bonhoeffer y Heininger dijeron en su día, y los beneficios que la vacunación masiva han traído no han sido precisamente pocos. Por eso, desde aquí nos dejamos de absurdeces y vamos a lo que realmente importa. O por lo menos, lo que a mí me parece que debería importar.

GlaxoSmithKline (GSK) obtuvo un beneficio de 5370 millones USD, Pfizer 3974 millones y Novartis 1987 millones

Si echamos un vistazo a las ganancias de las grandes multinacionales farmacéuticas en el campo de las vacunas, podemos ver que el negocio es, como poco, bastante rentable. Según los datos que proveyeron en el período de ventas cerrado en el 2013, GlaxoSmithKline (GSK) obtuvo un beneficio de 5370 millones USD, Pfizer 3974 millones y Novartis 1987 millones, entre otros. Para hacernos una idea, lo que sacaron entre estas cuatro compañías solamente con las vacunas equivale prácticamente al PIB (PPP) per capita de Bangladesh, Mauritania, Cambodia y Sierra Leona juntos en 2013.

Y sí, lo entiendo. Estas multinacionales son empresas dentro del sistema de mercado y como tales jugarán sus cartas como crean conveniente. El problema es que el producto con el que comercian no son palos de golf o pintalabios, sino algo bastante más importante. El problema es que lo que está en juego aquí es la salud de mucha gente. Y no, no me refiero a que el gobierno de Francia o Inglaterra vaya a tener problemas (de momento) en hacerse con nuevas vacunas y mantener los programas de inmunización pertinentes. No obstante, esto es otra historia si miramos hacia otras partes del mundo, especialmente a aquellos países categorizados como países de rente media o baja (popularmente conocidos como MICs o LICs por sus siglas en inglés).

El coste para inmunizar completamente a un niño es hoy 68 veces más caro que en 2001

Según el último informe de Médicos Sin Fronteras (MSF), The Right Shot: bringing down barriers to affordable and adapted vaccines, el coste para inmunizar completamente a un niño es hoy 68 veces más caro que en 2001 (0,60 € a 40,69 €). Los precios actuales de muchas vacunas suponen o supondrán dentro de poco un gran desafío para muchos países que verán su presupuesto de salud acosado por la espectacular subida en los precios. Especialmente en riesgo están aquellos países de renta baja que hasta ahora han estado recibiendo apoyo de GAVI (The Global Alliance for Vaccines and Immunization)-una corporación/alianza público-privada con base en Suiza que ofrece acceso temporal a subsidios para adquirir vacunas a precios negociados más bajos que aquellos de mercado- y que dejarán de recibirlo en cinco años, debido a los procesos de graduación que GAVI utiliza. Por ejemplo, la cofinanciación de las vacunas que lleva a cabo el gobierno de Bolivia, se incrementará un 703% en los próximos tres años. Al mismo tiempo, países de renta media que nunca han recibido apoyo de GAVI ni tampoco lo reciben de ningún otro donante internacional, ya están sufriendo las consecuencias esta drástica subida de los precios de la vacunación.

Ahora bien, el lector especializado podría argumentar aquí que la industria farmacéutica realiza, o por lo menos afirma que realiza, un proceso de escalonado para los precios de venta de vacunas dirigidas a países en vías de desarrollo. En lo que a esto respecta, no todas las grandes farmacéuticas tienen un proceso claramente transparente sobre cómo, bajo qué criterios o para quién realizan el susodicho escalonado de precios. Aun teniéndolo, como es el caso de GSK, y aun comprometiéndose a reducir los precios disminuyendo así su margen de beneficio, los precios alcanzados ni siquiera se aproximan a los que se podrían alcanzar en un mercado competitivo entre varios fabricantes. Por ejemplo, como MSF claramente argumenta en su informe, el precio al que UNICEF compraba la vacuna pentavalente (la vacuna combinada que inmuniza contra difteria, tétanos, Haemophilus influenzae tipo B, Hepatitis B y tos ferina) en 2004 era de 3,62 dólares por dosis, y ésta era adquirida a una sola multinacional (miembro de la Federación Internacional de Fabricantes Farmacéuticos y Asociaciones – IFPMA por sus siglas en inglés). El precio de la misma vacuna, comprada en 2012, esta vez con 4 fabricantes compitiendo en el mercado (dos de ellos miembros de la Red de Fabricantes de Vacunas de Países en Desarrollo - DCVMN) fue casi un 40% menos.

La simple y llana verdad es que no se tiene ni idea de los costes de desarrollo de las vacunas

Se le puede ocurrir entonces al lector que puede haber ciertos costes a lo largo del proceso de fabricación de la vacuna que hacen que el precio final se pueda disparar, bien en la fase de I+D o en cualquiera de las tres fases de ensayos clínicos a las que estas son sometidas. Pues bien, la simple y llana verdad es que no se tiene ni idea de los costes de desarrollo de las vacunas. Y cuando digo que no se tiene ni idea, quiero decir que la información sobre los costes añadidos de producción no suele ser de acceso público. Existen diversas estimaciones, siendo la más usada y citada la efectuada por Joseph A. Dimasi, del Tufts Center for the Study of Drug Development en Boston. Según su estudio en el 2007, el coste estimado para las vacunas sería de 1200 millones de dólares. Esta estimación se acerca mucho a la provista por PhRMA (Pharmaceutical Research and Manufacturer of America) que es de 1000 millones de dólares. Sin embargo, las estimaciones del Tufts Center levantan sospechas sobre la veracidad del asunto.

©UNICEF Ethiopia/2014/Ayene

Para empezar, el susodicho centro está financiado por la industria farmacéutica, lo que, como poco, levanta dudas sobre el conflicto de interés del autor. Además, las farmacéuticas son las que les proveen la información, la cual es secreta y no verificable por terceros. Todo esto genera dudas, por lo menos, sobre la metodología usada para esta estimación que tanto favorece a las farmacéuticas.

A todo esto se le suma además el hecho de que otros autores, como Light et al., en un estudio de las vacunas RotaTeq (MSD/Merck) y Rotarix (GSK), estimaron el coste de desarrollo a casi la mitad de lo estimado por el señor Dimasi y las farmacéuticas.

Si esto parece un poco confuso todavía, pongamos pues un ejemplo. La vacuna del papiloma humano, que en nuestro país cuesta alrededor de 150€, tiene dos distribuidores mundiales: Merck y GSK. El precio al que estas farmacéuticas le venden la medicina a GAVI es de 4,11 €, argumentando que este es el precio de coste y que por debajo tendrían pérdidas. Dos asuntos son de especial relevancia aquí: primero, el coste de producción de esta vacuna se estima mucho menor (alrededor de 0,89€ por dosis, basándose en los estudios de Light y André, así como informes extraoficiales de la Organización Panamericana de la Salud), pero en fin, como esta información es casi top secret y no puede ser verificada por terceros, dejémoslo ahí. Segundo, y lo que es más preocupante, es que Merck, por ejemplo, ha sacado en estos últimos siete años un beneficio de 7150 millones de euros con esta vacuna, y GSK maneja cifras parecidas con la suya. Y dado que el 80% de las vacunas que se fabrican van a países en vías de desarrollo, yo me pregunto si no sería quizás ya el momento de dejar de intentar sacar beneficio y poner la vacuna a un precio que no implique dificultades para ciertos países.

Indonesia sufrirá en los próximos tres años un aumento del copago para vacunas de un 1547%

Según el informe anual de ventas de GSK del 2013, el volumen de ventas de vacunas en mercados emergentes aumentó un 1% (1543 millones de €). Ya que parece que el negocio, en general, sigue siendo rentable en estos países, podría ser el momento de bajar definitivamente el precio de la vacuna del papiloma humano tras 7 años de importante lucro. Y no digo esto porque me moleste que los señores de Merck y GSK se sigan bañando en leche de burra y desayunando caviar, sino porque países como Indonesia, con una prevalencia del papiloma humano cervical superior al 30%, perderán próximamente el apoyo financiero de GAVI en la compra de la vacuna y sufrirá en los próximos tres años un aumento del copago para vacunas de un 1547%. Al perder el apoyo de GAVI, Indonesia tendrá sólo durante un tiempo limitado, y bajo condiciones restrictivas, acceso a los precios negociados entre GAVI y las farmacéuticas.

La accesibilidad a las vacunas no es sólo un problema de ciertos Estados, sino también de ONGs que llevan a cabo campañas de inmunización por todo el globo, y que ven su trabajo limitado por la falta de acceso a las vacunas. Sin embargo, como para casi todo, existen alternativas, y todo pasa por la transparencia de los datos. Ya que una buena parte de la fase inicial de I+D de las vacunas se paga con dinero público, y la gran parte de las vacunas se compran con dinero del contribuyente, que menos que saber cuál es el precio real de lo que estamos adquiriendo. Un poquito de rendir cuentas, creo yo. Bueno, no es que solo lo crea yo, es que como ya los investigadores Hinsch, Kaddar y Schmidt de la OMS publicaron en la revista Globalization and Health, una mayor transparencia en los precios conlleva efectos positivos en el acceso a los medicamentos.

Otra de las soluciones, como el lector podrá haber deducido al comienzo de este artículo, es estimular la competencia en el mercado: más farmacéuticas en la producción de vacunas equivale a una guerra de precios que beneficia al consumidor. Y cuando digo consumidor, que se me entienda bien, me refiero a seres humanos: personas como tú, yo o los de Indonesia. Eso, y porque hablando en plata y sin la menor intención de querer aburrir con los modelos matemáticos de Richard Posner y su trabajo The Social Costs of Monopoly and Regulation, los costes sociales del monopolio traen de todo menos cosas buenas. Y esto bien lo saben las farmacéuticas occidentales, y como les interesa que todo quede en familia y de su lado, el lobby bajo el cual se encuentra la industria farmacéutica india, conocida como la “farmacia del mundo en desarrollo”, para que cambie su ley de patentes no para de aumentar. Ya en 2011, la justicia del subcontinente asiático tiro para atrás la patente del antitumoral Glivec producido por la suiza Novartis, lo cual hizo enfurecer a los fabricantes asociados bajo PhRMA. Tanto, que un servidor llegó a pensar que igual se había perdido algo y tal vez ahora las patentes eran más importantes que las personas.

Pero este asunto ya queda mejor para otro momento, que con la historia de las vacunas igual ya tenéis suficiente para no dormir esta noche.

Vacunas y otras historias para no dormir
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