miércoles 21.08.2019
RECORTES SANITARIOS DE HASTA 23.000 MILLONES DE EUROS

La Sanidad en las próximas elecciones: ni está ni se la espera

Negro panorama para uno de los servicios públicos básicos que era un orgullo de este país y una referencia a nivel internacional.

La Sanidad en las elecciones del 26J: ni está ni se la espera

Todos los partidos están muy entretenidos con Venezuela, con los puestos en las listas, con el “y tu mas” y  algunas otras lindezas del estilo. La Sanidad mientras tanto olvidada, ya se sabe: “ni esta ni se la espera”

Si una persona ajena al país viera los temas que aparecen y protagonizan la campaña electoral a la que ya se han lanzado todos los partidos podría pensar que nuestro sistema sanitario no tiene problemas y es más, incluso que atraviesa una situación de excelencia difícilmente mejorable.

Pero la realidad no es así, más bien al contrario. La Sanidad Pública ha sufrido ingentes recortes presupuestarios (entre 10 y 23.000 millones de euros) lo que ha provocado una disminución de trabajadores (aproximadamente 55.000 menos) y un deterioro de su funcionamiento (cierres de camas, de quirófanos, de consultas, de puntos de atención continuada, etc ) generando un incremento en las listas de espera, tradicionalmente elevadas y caóticas y en la deuda ya que muchas CCAA han acabado tirando de ella para poder mantener el funcionamiento diario del sistema sanitario (el Ministerio de Hacienda señala que la deuda sanitaria es el 69,9% del total de la deuda de las CCAA).

La asistencia sanitaria consecuentemente se ha deteriorado porque el aumento de la presión asistencial sobre un sistema jibarizado dificulta una atención sanitaria de calidad, además de las demoras excesivas, por otro lado los copagos farmacéuticos hacen que un número importante de personas no puedan adquirir los medicamentos prescritos por problemas económicos (según el último Barómetro Sanitario el 4% de la población, es decir 1,86 millones de personas).

Paralelamente se ha incrementado el gasto de bolsillo de las personas y lo que están dedican a los seguros privados (aunque manejando datos atrasados, los últimos facilitados por el Gobierno a la OCDE son de 2013, se evidencia un incremento del gasto privado de 2 decimas sobre el PIB). Ahora bien estos gastos privados generan desigualdad porque aunque en las estadísticas figuran los promedios por persona es evidente que los que han sido castigados por la crisis (los parados, los que tienen contratos y sueldos basura, los que tienen pensiones de subsistencia, etc) no pueden aumentar sus gastos privados sanitarios, y así a los problemas señalados se suma la inequidad y la desigualdad en el acceso a la atención sanitaria.

Claro está que además hay que sumar a esta situación que se está produciendo una derivación sistemática en muchas CCAA hacia el sector privado y utilizando formulas de la llamada “participación público privada” en la construcción de nuevas infraestructuras, el último caso el Hospital de Vigo, encareciendo los costes de una manera escandalosa, con lo que los magros presupuestos de los centros públicos se ven aun más reducidos.

Por otro lado los presupuestos para renovar los equipos sanitarios han tenido un recorte drástico, por no decir han desparecido y eso a medio plazo supone un serio problema, por supuesto de la investigación ni hablamos porque según parece en Alemania, USA o Francia va viento en popa. Para completar el cuadro el gasto farmacéutico, especialmente el hospitalario, esta disparado, en 2015 tuvo una desviación de 2.500 millones € por encima de lo presupuestado, y mientras tanto el Ministerio de Sanidad hace un pacto con Farmaindustria garantizándoles el crecimiento del mismo a la par que el PIB, mientras los presupuestos sanitarios como se ha señalado bajan y lo previsto es que lo hagan aún mas (las previsiones del Gobierno ante la UE es que lleguemos al 5,3% de gasto sanitario público sobre el PIB, recuérdese el 6,8 en 2009).

Y todo ello sin hablar de los trabajadores de la Sanidad que hacemos lo que podemos para mantener el sistema, ante la incomprensión, la postergación  y el castigo sistemático de quienes desde las administraciones sanitarias se supone que deberían ser los primeros en intentar mejorar la situación y que desde luego cobran por ello.

Negro panorama para uno de los servicios públicos básicos que era un orgullo de este país y una referencia a nivel internacional. No sería justo no señalar que algunas CCAA están esforzándose por contrarrestar la nefasta política del Gobierno de Rajoy, pero tampoco olvidar que el techo de gasto que les impone Hacienda  y la actuación del Ministerio de Sanidad les dan muy poco margen, y conviene tener en mente que de los 8.000 millones de recortes que pretende imponernos la UE como mínimo una tercera parte irán a los servicios sanitarios.

En esta coyuntura todos están muy entretenidos con Venezuela, con los puestos en las listas, el “y tu mas” y  algunas otras lindezas del estilo. La Sanidad mientras tanto olvidada, ya se sabe: “ni esta ni se la espera”. 

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