Martes 25.06.2019
EN DEFENSA DE LA SANIDAD PÚBLICA

Falacias del nuevo gobierno andaluz en materia sanitaria

El nuevo Ejecutivo de la derecha pretende acabar con el complemento de exclusividad para el personal médico que trabaja de forma exclusiva en el sector público.

El debate no es el complemento de exclusividad sino la aplicación inmediata de la incompatibilidad en el sector sanitario para ejercer en el ámbito público o privado

Existen características en el discurso de algunos políticos que debemos conocer para estar atentos y que no nos manipulen. Una de ellas es la de convertir un grave problema social en un problema semántico: el último ejemplo es violencia de género y violencia doméstica. Otra son las fake news, es decir, las mentiras organizadas profesionalmente. No hay que menospreciarlas porque se utilizan incluso para intervenir en elecciones “democráticas”. Por último, están las falacias intencionadas, es decir, las medias verdades que pueden convencer a personas predispuestas a la “creencia automática”, sin mucha comprobación. De este concepto queremos escribir.

La media verdad es “a igual trabajo debe existir igual sueldo”. Es un ejemplo de falacia intencionada. Nos referimos a una de las decisiones políticas que el nuevo gobierno andaluz ha anunciado que tomará de forma inmediata. Acabar con el complemento de exclusividad para el personal médico que trabaja de forma exclusiva en el sector público y no lo compatibilizan con el trabajo privado en el mismo territorio, mediante extender este incentivo a todos los profesionales, incluidos aquellos que trabajan también en la sanidad privada.

Esa media verdad puede asumirse sin análisis alguno y punto. Pero con un breve esfuerzo analítico para encontrar la verdad completa, nos preguntamos: ¿se puede trabajar a pleno rendimiento con dos jornadas laborales diarias? ¿Existe un riesgo de que en una de esas jornadas se trabaje con menor intensidad para así reservarse para la siguiente? ¿Existe el riesgo de que sea la jornada de trabajo en la pública la de menor compromiso? ¿Existe el riesgo de perversiones en esta dinámica aprovechando el sector público como reclutamiento de pacientes para la actividad privada? ¿Existe el riesgo de parasitismo, es decir, utilizar la pública para los análisis, las exploraciones complementarias y las medicaciones necesarias en la práctica privada? ¿Y dado que hay pacientes y personal médico que comparten ambos sistemas existe el riesgo de que el profesional privado pueda adelantar en las listas de espera públicas a su paciente privado? Si la respuestas a estas interrogantes fueran afirmativas, lo último sería ¿Por qué tenemos que asumir dichos riesgos? ¿Los asumen las entidades privadas? ¿Se puede trabajar en dos entidades privadas? ¿Pueden los trabajadores de Coca Cola trabajar en Pepsi Cola? Somos conscientes y conocemos compañeros que hacen un trabajo compartido de forma honesta, pero no hay dudas de que existen conflictos de intereses y un alto porcentaje de probabilidades de perversiones. Las conocemos en la historia real, no es una opinión.

Recordamos algunos otros argumentos para estar a favor de trabajar en la sanidad pública y en la privada. Si no lo permitimos, los profesionales más prestigiosos o mejor formados se marcharán a la privada. Nada más incierto. Desde la llegada del Sistema Formativo de Especialistas Médicos (MIR) a través de años de Residencia, no hay grandes diferencias en la formación profesional. Todos sabemos que el sistema MIR es la joya de la corona para el prestigio que la sanidad pública tiene mundialmente; es notorio y la maldita hemeroteca nos recuerda que, quienes ahora quieren universalizar el complemento de exclusividad, son los mismos que se oponían al sistema MIR. Es mucho más importante preservar la actitud de la base trabajadora del Sistema Sanitario Público y la creación de auténticos defensores del mismo expresada con su práctica clínica diaria. Para generar esta vinculación profunda y cargada de moral y justicia social, es imprescindible la trayectoria exclusiva en algunos de estos dos sectores. La privada conoce bien esta estrategia, desde que comienzas a trabajar saben cómo transmitir que su empresa es lo mejor de lo mejor y además lo hacen sin debate ni conflicto alguno. Por cierto, la mayoría del personal médico de la sanidad privada ha sido formados en el sistema MIR pagado con el dinero de todos. ¿Devuelve de alguna forma la sanidad privada al resto de los españoles este inmenso beneficio?

Por todos estos motivos y por muchos más, la Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública (ADSP) de Andalucía reivindica desde hace más de 35 años las incompatibilidades absolutas para los profesionales sanitarios en su actividad laboral en los sectores públicos y privados. Todos los gobiernos socialistas andaluces nos han entendido siempre pero no han sido valientes y se han quedado en generar un incentivo a la exclusividad, incentivo que el nuevo gobierno de derechas quiere extender a los que comparten actividad. Es obvio que la incompatibilidad es una decisión contestada agresivamente desde el corporativismo y han preferido dejarlo “en un cajón” de forma indefinida. Tenemos experiencias personales de hablar con militantes socialistas que han tenido altas responsabilidades en la sanidad pública andaluza, que nos criticaban por exigir la incompatibilidad público/privada mientras tenían dichos cargos y que tras “licenciarse” nos han reconocido que tenemos toda la razón. No es éste el único tema en el que el PSOE se ha equivocado. Las Mareas Blancas Andaluzas hemos tratado sin éxito de transmitírselos.

Confiamos en que con el nuevo escenario hagamos una honrada reflexión sobre la idoneidad de lo que planteamos para defender la sanidad pública, junto con un discurso público, con la aplicación de todas las decisiones políticas que vayan en ese sentido. El discurso político de la derecha también dice pretender la defensa de la sanidad pública, aunque después la privatizan, lo cual es otra burda falacia porque el objetivo fundamental es el beneficio empresarial. Las experiencias recientes de estos hechos en las Comunidades Autónomas gobernadas con mayoría absoluta por el Partido Popular han tenido resultados desastrosos. Para la ciudadanía, en general, es complicado controlar a los gobiernos que han elegido con su voto particular. Los profesionales sanitarios tampoco estudian estos procesos, por falta de cultura política o por interés directo en compatibilizar aunque existan perversiones.

Que no te engañen. El debate no es el complemento de exclusividad sino la aplicación inmediata de la incompatibilidad en el sector sanitario para ejercer en el ámbito público o privado. Esperamos la confluencia de las personas que honradamente defienden lo público. Las desigualdades sociales y su impacto grave sobre la Salud son insoportables.


Firman este artículo: Lola Martínez Ruiz, José Antonio Brieva Romero, Manuel Torres Tortosa y Antonio Vergara de Campos. Médicos. ADSP Andalucía. Marea Blanca gaditana

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