RETOS A LOS QUE SE ENFRENTA EL SISTEMA

Sanidad pública, entre el éxito y el desastre

Para avanzar en el mantenimiento y mejora de la sanidad pública se precisan gobiernos progresistas o de izquierdas.

Foto: UGT
Foto: UGT

La Sanidad Pública en España pasa por uno momento especialmente crítico, en gran parte resultado del proceso de recortes, deterioro, desmantelamiento y privatizaciones a las que le sometieron los gobiernos del PP, tanto a nivel central como autonómico.

Para abordar esta situación es preciso hacerlo con una serie de cuestiones que le afectan, algunas son propias de nuestro país, y otras coinciden con los problemas que presentan los sistemas sanitarios a nivel mundial, intentare referirme a las más importantes, empezando por las más locales.

1º Financiación suficiente y equitativa. El sistema sanitario ha estado crónicamente subfinanciado, pero durante los gobiernos del PP los recortes han sido drásticos (unos 30.000 millones € menos dedicados a la Sanidad Pública) y ni siquiera con la mejoría económica las cosas han cambiado sustancialmente, primero porque no se ha recuperado lo perdido y, sobre todo, porque los aumentos presupuestarios que se han producido los últimos años han ido dirigidos a gasto farmacéutico. Las consecuencias han sido menos personal, cierres de camas y de centros, mas listas de espera y mayor presión asistencial con deterioro de la asistencia. Otro aspecto reseñable es la gran disparidad en el gasto sanitarios per capita entre las CCAA (más de 500€ sobre un promedio de 1.300) lo que conlleva diferencias en las prestaciones y en la accesibilidad. Necesitamos por lo tanto unos presupuestos suficientes y garantizar un reparto equitativo de los mismos en base a las necesidades de salud y no a la capacidad financiera de las CCAA o a los caprichos de sus gobiernos.

2º Exclusiones. La aprobación del RDL 16/2012 provocó la exclusión del derecho a la atención sanitaria de amplios colectivos (inmigrantes no regularizados, españoles con estancias en el extranjero superiores a 90 días, etc), y también de hecho mediante los copagos (pensionistas y aumento del porcentaje a pagar por los “activos”) lo que provocó que un número importante de personas no retirase los medicamentos prescritos por problemas económicos (2,2 millones de según el ultimo Barómetro Sanitario). Además. los recortes aumentaron de manera intolerable las listas de espera de manera que un 15% de la población, según la Encuesta Nacional de Salud, no puede acceder a las prestaciones necesarias por este motivo. Es pues urgente garantizar el derecho a la Sanidad Universal (el RDL 7/2018 es un claro avance en la buena dirección), y eliminar las barreras económicas de los copagos y las excesivas listas de espera.

3º Privatización. Nuestro sistema sanitario lleva años siendo sometido a un proceso de privatización, en prácticamente todas sus facetas (gestión, aseguramiento, financiación, formación, investigación, etc.) de intensidad muy variable según las CCAA. El proceso se basó en la falacia de la supuesta eficiencia del sector privado, que ya se sabía no había funcionado en otros países, pero que ahora, con el paso del tiempo se ha comprobado de manera fehaciente en el nuestro, porque en el fondo esta “colaboración público- privada”, solo encubre los sobrecostes, resultado de la financiación con fondos públicos de los negocios privados, a mas de una ingente cantidad de corruptelas. La privatización ha agravado los efectos de los recortes porque ha incrementado el porcentaje de fondos públicos que van hacia el sector privado (que no ha sido recortado) y ha dejado a los centros públicos en una situación de indigencia. Hay por lo tanto que acabar con las privatizaciones, garantizando la utilización intensiva de los recursos de la Sanidad Pública y recuperar lo privatizado, tal y como se ha empezado a hacer en Valencia con el Hospital de Alzira.

4º Política farmacéutica. El gasto farmacéutico crece de manera incontrolada, en parte impulsado por el acuerdo del Ministerio de Sanidad con Farmaindustria garantizándola un incremento paralelo al PIB, cuando el gasto sanitario ha tenido un decrecimiento respecto a este. Por supuesto también influye la sobreutilización, la prescripción inapropiada y los precios abusivos de los nuevos medicamentos, no siempre mas eficaces que los antiguos (un reciente estudio del BMJ en 2017 señalaba que los nuevos medicamentos oncológicos aprobados en la UE en los últimos 10 años, en el 57% no resultaron mejores que las opciones preexistentes, alguno era incluso peor, pero eso si eran 3-5 veces mas caros). El resultado es bien conocido, hemos pasado de 15.199 millones € de gasto financiado públicamente en 2014 a 17.217 millones en 2017 (un 13,27% de crecimiento, 22,73% si nos fijamos solo en el gasto hospitalario), es decir una situación insostenible que precisa de medidas enérgicas: revocar el acuerdo con Farmaindustria, control de los precios, mejorar la prescripción y la formación de los profesionales, etc.

5º Cohesión y coordinación. Aunque existe una Ley de Cohesión de 2003, la realidad es que el funcionamiento del Sistema Nacional de Salud es mas bien el agregado de las CCAA, con poca coordinación y escasa cohesión, que se evidencia por ejemplo en los problemas que tienen las personas para recibir asistencia en CCAA que no son la de residencia. Haría falta una mayor integración y coordinación de todas las CCAA para lo que podría ser un instrumento la aprobación de un Plan Integrado de Salud (por cierto, que ya establece la Ley General de Sanidad, en 1986) que estableciera los objetivos comunes de todo el SNS.

6º Política de recursos humanos. Necesidades profesionales y formación. Es un tópico que los profesionales son la base del funcionamiento de los sistemas sanitarios, sin embargo, la política de recursos humanos ha pecado en nuestro caso de una miopía y falta de perspectivas notables. Tenemos un número de médicos elevado, pero mal distribuido en el territorio y en cuanto a su especialización, con deficiencias en los necesarios para Atención Primaria y un déficit muy importante de enfermería (la densidad de profesionales de enfermería era de 5/1000 habitantes frente a 9 de promedio de la OCDE) que además esta claramente marginada e infrautilizada. Por otro lado, la industria farmacéutica y tecnológica tiene en sus manos la formación continuada que, obviamente, ofrece sesgada por sus intereses económicos. Necesitamos recuperar el equilibrio entre profesiones y fomentar la formación dirigida hacia la atención básica de salud, recuperando la formación continuada para la Sanidad Pública.

Estos son los principales problemas a resolver en el ámbito del país, a los que habría que unir la necesidad de promover la salud laboral, recuperar la atención a la salud mental y la salud sexual y reproductiva y articular sistemas de participación social y profesional.

ASUNTOS DE ÍNDOLE GLOBAL

Nos enfrentamos a grandes problemas a escala global como son la globalización y su efecto sobre la difusión de las enfermedades, la contaminación medioambiental, los problemas relacionados con la alimentación industrializada...

Por otro lado, conviene tener en cuenta algunos temas de índole global que tienen un impacto significativo en los sistemas sanitarios y que deben ser abordados.

El primero es la importancia de las tareas de Salud Pública, de prevención y de promoción en los sistemas sanitarios. En estos momentos nos enfrentamos a grandes problemas a escala global como son el calentamiento global, la globalización y su efecto sobre la difusión de las enfermedades, la contaminación medioambiental, los problemas relacionados con la alimentación industrializada, etc, que precisan de una importante y potente política de Salud Pública y de trasladar a todo el sistema sanitario las actividades de prevención y promoción. En 2011 se aprobó la Ley General de Salud Pública que el PP simplemente ignoró, se trataría de desarrollarla y aplicarla y de implicarse en el abordaje de estos temas a nivel internacional.

El segundo es el proceso de medicalización y sobreutilización tecnológica, donde prácticamente todos los problemas de la vida cotidiana buscan solución en el sistema sanitario (parece que muchos han trasladado su fe de la religión a la medicina), y donde el propio sistema genera sobreactuación y utilización inapropiada de los ingentes recursos tecnológicos de que se dispone. Un par de notas al respecto: se sabe que alrededor de un 30% de las actuaciones del sistema sanitario son inapropiadas, y muchas veces peligrosas (la segunda causa de muerte en USA son los fenómenos adversos de los medicamentos); y por otro lado se conoce también que las radiaciones ionizantes y su uso abusivo (radiografías, TAC, etc) son una de las causas evitables del aumento del cáncer. Es decir, el abuso de la tecnología, no solo incrementa los costes de manera ineficiente, sino que además tiene numerosos potenciales efectos secundarios negativos (por eso se ha hablado de un “sistema toxico”)

El tercero es el intento de convertir la política de crónicos en una fuente de negocio para las tecnológicas intentando difundir entre los mismos, especialmente en los mayores, multitud de dispositivos electrónicos de manera generalizada que supuestamente servirían para el control de sus enfermedades, olvidando las dificultades de este grupo de población para su uso y marginando las alternativas que parecen mas razonables y eficientes como son el fomento de la Atención Primaria y de la enfermería comunitaria. En este asunto, como en el anterior estamos ante la consecuencia de la fascinación tecnológica predominante en la sociedad.

El cuarto son las tentativas continuas de imponer incentivos de mercado en la provisión sanitaria, que chocan con lo que debe ser un servicio público que garantice un derecho fundamental como es la protección de la salud, que tiene su mayor expresión en la privatización pero que esta presente también en muchos de los criterios de organización y gestión de los servicios sanitarios. Por eso precisamos de potentes sistemas sanitarios públicos que antepongan la protección del derecho a la salud por encima de los incentivos y criterios mercantiles.

En todo caso, conviene tener en cuenta que la Sanidad Pública en este país cuenta con una serie de fortalezas que son muy importantes:

- Gran reconocimiento internacional, que incluye no solo resultados en salud sino también eficiencia y control de costes, y aunque estas clasificaciones siempre son discutibles, el hecho es que nuestro país acaba siempre en los primeros puestos de las evaluaciones internacionales.

- Un gran apoyo ciudadano que se constata en las movilizaciones y los resultados de los Barómetros Sanitarios. Es llamativo, y resulta sorprendente, en el contexto internacional el gran aprecio del sistema sanitario público. Así, en el último realizado (2017, publicado en 2018), más del 75% de los ciudadanos consideran que la atención recibida en la Sanidad Pública fue buena o muy buena, la mayoría prefiere un centro público sobre uno privado en el caso de poder elegir (tanto en hospitalización, atención primaria, urgencias o consulta de especialista) y el 68,9% cree que la Sanidad está mejor gestionada si lo hace la administración pública (frente al 13,3% que piensa que lo hacen mejor las empresas privadas).

- Unos excelentes profesionales, con una buena cualificación que tienen también un buen reconocimiento generalizado (no solo en las encuestas de opinión donde la profesión de médico y la de enfermería están entre las más apreciadas, sino también en el ámbito internacional).

- Una potente Atención Primaria, que con todas las limitaciones señaladas sigue estando entre las mejores del mundo.

Como se ve los retos a los que se enfrenta nuestra Sanidad Pública son muchos y de entidad muy variada, algunos pueden y deben abordarse de manera inmediata y otros deben de afrontarse más a medio y largo plazo y en algunos casos en el entorno internacional. En todo caso hay que ser conscientes de que para avanzar en el mantenimiento y mejora de la Sanidad Pública se precisan de 3 condiciones: Gobiernos progresistas o de izquierdas (en el estado español tanto a nivel central como en las CCAA), amplio consenso y movilización social en su apoyo y/o reivindicación, y la existencia de un significativo sector profesional que apuesta por la Sanidad Pública. Aquí y ahora hay sobrados motivos para pensar que existen las 2 últimas premisas, y la primera parece que con el nuevo Gobierno hay una probabilidad razonable de que pueda alcanzarse.


Marciano Sánchez Bayle es médico y portavoz de la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública