viernes 13.12.2019

El momento violeta en Estados Unidos

La oposición más activa de la resistencia política y social contra la errática, insostenible y peligrosa presidencia de Donald Trump lleva nombre de mujer.

Nancy Pelosi, a la izquierda y Elisabeth Warren, a la derecha
Nancy Pelosi, a la izquierda y Elisabeth Warren, a la derecha

El año comienza con el aire fresco que ha entrado en el Capitolio. De los 545 miembros de la Cámara de Representantes, más de un centenar son mujeres, el número más alto de la historia

La oposición más activa de la resistencia política y social contra la errática, insostenible y peligrosa presidencia de Donald Trump lleva nombre de mujer. Muchos nombres. Causas y temperaturas plurales, pero un mismo propósito: acortar y, si fuera posible, acabar con el periodo más negro en la Casa Blanca desde los sombríos años de Nixon.

El año comienza con el aire fresco que ha entrado en el Capitolio (1). De los 545 miembros de la Cámara de Representantes, más de un centenar son mujeres, el número más alto de la historia.

NANCY PELOSI, LA INCOMBUSTIBLE

La speaker (presidente de la Cámara), Nancy Pelosi, no es precisamente un modelo de renovación o cambio. Está a dos años de ser octogenaria, ya ha ocupado anteriormente ese puesto (durante los primeros años de Obama) y es un exponente del establishment político de Washington. El ala izquierda del partido no la quería como líder parlamentaria de un grupo, que es más progresista que nunca. Pero la habilidad y tenacidad de la californiana y la falta de un liderazgo alternativo aún con experiencia le ha confirmado en el tercer puesto del escalafón del Estado (después de Trump y del vicepresidente y líder del Senado).

De Pelosi no se espera una estrategia de confrontación sin concesiones con la Casa Blanca. Pero su olfato político le ha hecho modificar, al menos externamente, su lenguaje y su performance. Unos días antes de su regreso al cargo, protagonizó una agarrada monumental con Trump, a cuenta del shutdown (suspensión de ciertas labores administrativas), en el despacho oval, transmitida por televisión, que dejó boquiabiertos incluso a los más avezado cronistas de la Casa Blanca. El presidente hotelero salió mal parado, pero no así Pelosi, que mantuvo el tipo, no se dejó intimidar y puso en evidencia la falta de aptitudes de su rival para el cargo que ocupa con tan escasa autoridad.

En días sucesivos, Pelosi ha contemporizado con quienes en el Partido presionan para forzar el juicio político del presidente, aunque su instinto le dice que, en la cultura política norteamericana el pacto casi siempre es preferible a la confrontación. El sector tradicional no cree que se pueda reconquistar la Casa Blanca simplemente con un discurso de combate y plantea una moderación pragmática para recuperar estados que votaron por Trump (2).

Los sectores más tradicionales plantean objeciones sobre la percepción de género en unas elecciones generales, sin duda un reflejo del machismo político norteamericano

ELISABETH WARREN, LA “DESEADA”

Desde otras latitudes más a la izquierda, el protagonismo también presenta rostros femeninos cada vez más populares. Estos días ha despuntado Elisabeth Warren, senadora por Massachussets, ya en sus setenta años, y con una larga carrera de servicio público a sus espaldas. Warren anunció el último día del año su intención de presentarse a las elecciones internas del PD. Sus seguidores y simpatizantes en la franja progresista del partido llevan más de una década pidiéndoselo, pero ella nunca se había decidido. La presencia de Hillary en las dos carreras anteriores pareció disuadirla, aparte de otras consideraciones personales y políticas. Ahora, ha dado por fin el salto, al menos en intención (falta por concretar su candidatura formalmente), alentada por la corriente de descontento con Trump y el auge progresista en el electorado demócrata (3).

Elisabeth Warren ha sido una de las senadoras más señaladas de la oposición frente a presidente-hotelero, y ya es decir. Trump puso en duda sus declaradas raíces nativas (indias) y se burló públicamente de ella, llamándola en público Pocahontas. La senadora se hizo una prueba de ADN para acreditar la veracidad de sus palabras. Pero la gestión de este pique le valió críticas en algunos medios, con la complacencia de algunos compañeros de partido.

Warren es una abogada doctorada en Harvard, la institución académica elitista de las afueras de Boston y pertenece a esa clase ilustrada típica de la costa este. Pero sus raíces son humildes. Es hija de un portero y ha sido siempre una infatigable defensora de las clases medias y populares. Obama le nombró responsable de una Comisión para estudiar política de control y regulación de las entidades financieras, tras el vergonzoso crack de 2008. Pero el anterior presidente, mucho más moderado que ella, no se decidió a aplicar gran parte de sus recomendaciones. La izquierda demócrata le venera por su integridad y la solvencia de su discurso. En los últimos Congresos, tuvo siempre reservado un espacio destacado. Hace unas semanas publicó un ensayo sobre la política exterior que Estados Unidos debía emprender, en un gesto claro de sus propósitos políticos.

Pero ella y su entorno son conscientes de representar una posición minoritaria, por creciente que resulte. Trump ha dicho que Warren debería consultar con un psiquiatra si cree que puede ganar las elecciones. Puede limitar el alcance de su empeño la posible competencia con Bernie Sanders, senador vecino, que protagonizó un espléndido papel en el pulso con Hillary. El de Vermont aún no ha decido si repetir experiencia. Una reciente denuncia de sexismo en su equipo, aún por esclarecer, puede resultar un lastre en este momento violeta.

LA CORRIENTE RENOVADORA EN EL CONGRESO

Pero entre los movimientos sociales y de base las preferencias se dirigen hacia otras mujeres mucho más jóvenes, algunas neófitas o con poco recorrido en política y por tanto muy lejos aún de la carrera presidencial. Algunas ya empiezan a ser habituales en el panorama mediático. Entre ellas, quizás la más destacada es Alexandria Ocasio-Cortez, a quien medios conservadores y gestores ultras de las redes sociales han intentado desacreditar antes incluso de estrenar despacho oficial, con polémicas estériles y artificiales sobre sus aficiones y estilo personales. La representante por el distrito 14 de Nueva York, de origen portorriqueño, abandera causas progresistas en lo social, en lo ecológico  y en lo moral (4).

Junto a Ocasio-Cortez, ha tenido notoriedad estos días Rashida Tlaib, flamante congresista por Michigan, de origen palestino, situada en la franja más izquierdista del espectro demócrata. En un brindis celebrado en un bar cercano al Capitolio tras su toma de posesión, hizo una proclama a favor del impeachment del presidente, que prensa y políticos conservadores aprovecharon para denunciar el creciente viento de revanchismo al otro lado del pasillo del legislativo (5).

De vuelta a las latitudes más establecidas, otras mujeres se citan como posibles precandidatas: Kristen Gillibrand o Amy Klobuchar, senadoras por Nueva York y Minnesota, y respectivamente, y en particular Kamala Harris, senadora por California (y antes fiscal general del mayor y más rico estado de la Unión), hija de inmigrantes de origen indio y jamaicano (6). Las tres son progresistas, pero con posiciones más templadas que Warren o Sanders.

Ya hay un debate abierto interno en el Partido Demócrata sobre la conveniencia de una mujer candidata, tras el fracaso de Hillary (7). Los demócratas obtuvieron 19 puntos más que los republicanos en el voto femenino del pasado noviembre. Las activistas de base del partido son mujeres en abrumadora proporción. La iniciativa #MeeToo avala esta corriente violeta. Pero los sectores más tradicionales plantean objeciones sobre la percepción de género en unas elecciones generales, sin duda un reflejo del machismo político norteamericano.


NOTAS

(1) “Liberal fresmen are shaking the Capitol just days into the new Congress”. THE NEW YORK TIMES, 6 de enero.
(2) “Impeachment is not a high priority for voters, recent polls show”. BROOKINGS INSTITUTION, 3 de enero.
(3) “Elisabeth Warren doesn’t want to be Hillary 2.0”. EDWARD-ISAAC DOVERE. THE ATLANTIC, 31 de diciembre; “Elisabeth Warren has something that Hillary Clinton didn’t”. KAREN TUMULTY. THE WASHINGTON POST, 7 de enero.
(4) “A cautious hope emerges among Alexandra Ocasio-Cortez’s constituents”. ROBERT SAMUELS. THE WASHINGTON POST, 5 de enero.
(5) “Rashida Tlaib calls for taking immediate steps towards impeachment on her first day in Congress”. JOHN NICHOLS. THE NATION, 3 de enero; “Rashida Tlaib said nothing wrong. But the reaction was obscene”. MICHELLE GOLDBERG. THE NEW YORK TIMES, 7 de enero.
(6) “Will It be a black woman who turfs Trump out of the White House”. RICHARD WOLFFE. THE GUARDIAN, 6 de enero.
(7) “Democrats puzzle over whether a woman will beat Trump”. THE NEW YORK TIMES, 5 de enero.

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