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miércoles. 29.06.2022

La Unión Europea y Marruecos

Por Juan Moreno y Mohamed Haidour | Después de las revoluciones populares árabes la UE tendría que ser más exigente en la aplicación de la política de ayudas a sus socios mediterráneos.

marruecos Europa

El pasado 16 de diciembre 2013 la Unión Europea y Marruecos se reunieron en el marco del “Consejo de Asociación” para evaluar el estado de las relaciones entre las dos partes y, en concreto, el Acuerdo de Libre Intercambio Completo y Profundo (ALECA), siglas en su versión francesa. De la misma manera, dicho Consejo precedió la tercera ronda de conversaciones sobre ALECA del 20 al 24 de enero 2014. El bloque de las negociaciones sitúa el año 2017 como horizonte para rubricar dicho acuerdo, después de los diversos procesos negociadores sobre  los distintos campos de actuación de interés común. De la relevancia de estas relaciones da una idea que el presidente de la Comisión Europea haya definido a Marruecos como “algo menos que miembro pero más que un socio”.

No ha habido temas ni asuntos vetados. De la misma manera que se  abordó el estado de los acuerdos comerciales, de aranceles, de fiscalidad, de convergencia de las legislaciones además de  la circulación de capitales y de personas, se tocaron también otros que conciernen a la sociedad, a las gentes y a los  actores sociales.

Las distintas instituciones de la Unión Europea, después de sus cuestionadas relaciones con regímenes autoritarios de la orilla sur del mediterráneo, que ya no existen tras las movilizaciones populares de la primavera árabe, y otros que están en proceso de cambio, se han visto obligadas a poner en marcha otro modelo de relación. Entonces ni la UE ni los gobiernos europeos tomaban en cuenta las denuncias sobre situaciones de corrupción y de violaciones graves de los derechos humanos que desde las organizaciones sociales de esos países y de otras de países de la UE no habían cesado de lanzar.

Ahora parece que la UE quiere que se incluyan en las negociaciones de cualquier acuerdo comercial o de asociación con los países del sur mediterráneo los compromisos con los derechos humanos y la gobernanza democrática, que ya estaban aceptados formalmente desde 1995 en el llamado “Proceso de Barcelona”.

Después de las revoluciones populares árabes la UE tendría que ser más exigente en la aplicación de la política de ayudas a sus socios mediterráneos, en función de la evolución de los derechos sociales fundamentales, la lucha contra la corrupción (aunque en la ribera norte no estamos ahora para dar lecciones), la igualdad de género y el papel de  las organizaciones de la sociedad civil.

En el caso de Marruecos hay que reconocer que el proceso de reformas democráticas ha avanzado de forma sostenida. Una iniciativa popular ha conseguido que el Parlamento de Marruecos apruebe una ley aboliendo la posibilidad de que un violador eluda la cárcel casándose con la mujer violada. Esto es una muestra del alcance de los cambios, si bien estos aún deben profundizarse  para alcanzar una democracia plena.

Entre Marruecos y la UE  es preciso fraguar un nuevo modelo de asociación y de cooperación basado en la confianza mutua y en los valores universales, y no sólo en los intereses coyunturales y/o particulares.  Con ello sus respectivas sociedades se volcarían en la instauración de esas relaciones que serían un modelo para una región ávida de paz, de democracia, de desarrollo económico sostenible y de creación de empleo, y de estabilidad  política y social. 

En el 2017 se sitúa el límite para la culminación de todo el proceso de asociación avanzada entre Marruecos y la UE, asociación que por boca del presidente de la Comisión y por el impulso de los hechos sitúa a Marruecos en casi un socio de pleno derecho.

El dictamen que está elaborando el Comité Económico y Social Europeo sobre las relaciones comerciales con Marruecos incide en la necesidad de asociar a las organizaciones de la sociedad civil de los dos lados, exigiendo que éstas participen  realmente  en todas las tareas de seguimiento y control. Para ello, el CESE reclama  que las organizaciones de la sociedad civil sean autónomas, tengan capacidad legal y material y sobre todo con credibilidad contrastada.

El CESE aborda cómo tejer vínculos económicos en condiciones favorables desde el punto de vista comercial para las dos partes, pero sin desdeñar los otros factores que legitiman socialmente dichos vínculos. El dictamen ha contado con las aportaciones del Consejo Económico y Social Marroquí, y ambos órganos consultivos podrían constituir en el futuro  un Comité Consultivo Mixto del Acuerdo de Asociación UE-Marruecos según demanda el dictamen. 


Por Juan Moreno y Mohamed Haidour son, respectivamente, coponente y experto del Dictamen del CESE sobre las relaciones comerciales UE-Marruecos

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