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martes. 16.08.2022

Ucrania y la (in)coherencia europea

Por Carlos Carnero | La UE ha dado pasos en esta crisis que ni son buenos ni son coherentes.

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No sé si los aprendices de brujo en Bruselas y Washington fueron conscientes desde el principio de que las cosas en Ucrania podían terminar derivando en un hipotético nuevo enfrentamiento armado en suelo europeo, después de la catástrofe moral, humana, política y económica que representaron las guerras en la antigua Yugoslavia. Quiero pensar que no, que no calcularon bien sus pasos. Pero la realidad es la que es.

De lo que no hay duda es que la UE ha dado pasos en esta crisis que ni son buenos ni son coherentes. Por ejemplo, sentarse en una mesa a avalar unos acuerdos entre el poder (impresentable, desde luego) y la oposición en Kiev para que unas horas después fueran vulnerados descaradamente por una de las partes. ¿Lo sabía Bruselas?, ¿lo avaló Bruselas?, ¿lo planificó Bruselas? De nuevo me gustaría creer que no.

Una de las partes en la que de todo hay, desde demócratas hasta populistas cuyo partido se llama Puñetazo o nostálgicos del colaboracionismo con la Alemania nazi durante la ocupación de la Unión Soviética por las tropas de Hitler. ¿Cómo se dan la mano con algunos de ellos los valores de la UE, los que plasmamos en la Constitución Europea y hoy están vigentes en el Tratado de Lisboa?

Y ahora que la Rusia de Putin se adueña militarmente de Crimea –cuyo control provocó, dicen, la primera guerra mundial en el Siglo XIX- tras lo sucedido en Kiev, la Unión invoca el principio de la integridad territorial de un país. Bien hecho. ¿Pero por qué no se dijo lo mismo con Kosovo? ¿Hasta qué punto es creíble hacerlo ahora y no antes o en otros lugares? Lo pueden hacer, eso sí, quienes no reconocieron entonces ni lo han hecho todavía la ruptura de la integridad de Serbia, como España.

Sería terrible para la UE que cuando cuenta de verdad con los instrumentos para llevar a cabo una Política Exterior y de Seguridad Común esta terminara respondiendo a intereses, objetivos y criterios que no representen al conjunto de la Unión, sino solo a una parte. En Ucrania, al diseño geoestratégico de Berlín y/o de los Estados Unidos, por ejemplo.

Así que en esta crisis nos estamos jugando la primera prueba de hasta qué punto vamos a acertar como europeos en nuestro futuro. Por eso conviene no equivocarse y fijar pautas que sirvan ahora y para ocasiones posteriores. Adelanto algunos:

  • la UE no debe practicar ni sumarse a ninguna estrategia de aislamiento de Rusia, gusten más o menos sus dirigentes, entre otras cosas porque, aunque a algunos no les entre en la cabeza, Rusia es tan parte de Europa como España o Irlanda;
  • la política exterior de la UE hacia el Este exige una reflexión transparente que evite su dictado por uno de los socios comunitarios o extracomunitarios;
  • el respeto a la integridad territorial de un país es un principio que no debe volver a cuestionarse;
  • ninguna fuerza política populista o filo fascista puede ser un interlocutor válido de la UE, ni esta puede en ningún caso llamarse a andanas cuando se incumple un acuerdo político que haya promovido o garantizado.

Ucrania y la (in)coherencia europea