miércoles 27/10/21
UTOPÍA CONTAGIOSA

Siria y la amañada teoría de la ‘guerra justa’ (Parte II)

Sigamos con los requisitos de la guerra justa y su aplicación al caso sirio:

Autoridad legítima

Resulta polémico saber qué autoridad global tiene legitimidad para declarar una guerra en apoyo de los ideales compartidos de la humanidad. Desterrados grandes hombres de relumbrón, como el Dalai Lama, El Papa, Messi o cualquier otro de los que encarnan valores sagrados, podría parecer que la ONU es la instancia más idónea para hacerlo.

Aunque tenemos muchas reservas hacia la ONU y creemos que es merecida toda crítica a la misma por el desafortunado papel jugado hasta la fecha, por su obsolescencia demostrada y por el politiqueo y juego de intereses que mantiene, por lo antidemocrático de sus mecanismos de toma de decisiones donde unos países están favorecidos y otros marginados, lo cierto es que, en las actuales circunstancias ni siquiera la ONU cuenta con el consenso necesario para pronunciarse a favor de una intervención en Siria.

Objetivo

El presupuesto del objetivo, parar el terror y restituir la paz, resulta igualmente imposible desde la opción militar. Veamos los múltiples ejemplos recientes de intervención militar humanitaria para salir de dudas.

La guerra no sirve para parar la guerra, sino para dominar. No para la guerra, sino que la hace larvarse y reaparecerá antes o después. Polariza las posturas pero nada cambia.

Incluso más: la intervención militar contra Siria, como ha pasado en otros escenarios, puede ser excusa para otros objetivos ajenos a la paz y puede derivar, como ya ocurrió en las guerras anteriores, en un ajuste de cuentas interno, en el derribo de un régimen político para poner otro más proclive a los pacificadores, objetivos que no forman parte del objetivo legítimo.

Haber agotado todos los medios

Si los anteriores requisitos se han demostrado imposibles de cumplir desde la propia acción militar y porque conocemos los intereses en juego en el conflicto sirio, este requisito ni siquiera se ha intentado poner en marcha.

En el caso sirio no se han agotado las acciones posibles para acabar con la violencia del actual conflicto. Sobre todo si atendemos a las acciones que deben combatir la violencia estructural del régimen de El Assad con sus ciudadanos, la violencia estructural provocada por el primer mundo en países como Siria, la violencia estructural provocada por el actual sistema de relaciones económicas e internacionales injustas e imperialistas de las cuales nos beneficiamos en el primer mundo y sufren los países del Tercer Mundo como Siria, por citar sólo algunos ejemplos.

Antes bien, habría que buscar una acción rápida que consistiese en forzar el desarme del régimen sirio (también de los rebeldes) para promocionar otras vías con menos violencia para resolver el conflicto.

Proporcionalidad de la acción

Al igual que los anteriores criterios, la acción de guerra no tiene proporción. No puede evitarse la violencia ejerciendo violencia. No puede evitarse la guerra alimentado la guerra. Esto lo sabemos bien en el caso libio, o en Irak, o en Afganistán... El uso de la violencia y de la intervención violenta desde occidente es antiproporcional porque lo único que va a conseguir es enquistar el problema, dilatarlo en el tiempo, militarizar la situación y cerrar vías de intervención no violenta.

Seguridad de triunfo

Igualmente estamos ante un requisito imposible. No hay seguridad del triunfo, si por ello entendemos dominio absoluto de la situación y restitución de la situación de no guerra. Pero sobre todo no estamos ante la posibilidad de triunfo en un doble sentido:

>Porque en la región se juegan intereses geoestratégicos muy relevantes entre superpotencias que aspiran a convertir a los países en zonas de influencia de sus intereses, y no es previsible que si la intervención la pretende la OTAN, los oponentes Rusia y China vayan a dejar que triunfe de forma definitiva.

>Pero también porque si se trata del triunfo de la paz, aparentemente, la acción militar, como ha pasado en otros países, no permitirá la paz, en todo caso la quietud temporal y la cronificación de un conflicto que lleva mucho tiempo larvado y que no ha conseguido una manera pacífica de solución.

Frente a la teoría de la guerra justa cabe proponer y promover el rechazo de la intervención militar y la apuesta por las vías pacíficas. Se nos ocurre que se puede emplear una diplomacia preventiva en la zona, que se puede llegar a negociaciones de los contendientes para la desmilitarización de zonas y el respeto a los civiles, que se puede presionar económica y financieramente al entorno de El Asad, que se puede apoyar la lucha no violenta que ya se da en muchas ciudades, que se puede apoyar a los desertores y desplazados, dejar de vender armas y de alimentar el tratamiento militar del conflicto. Porque estas actuaciones sí promueven la paz y sólo la paz es justa.

Siria y la amañada teoría de la ‘guerra justa’ (Parte II)
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