<---Taboola---> <---Taboola---> #TEMP
domingo. 02.10.2022

Oscuridad y frío en El Cairo

Por Mercè Rivas Torres | La primavera árabe se ha esfumado. Egipto ha pasado de ser la gran esperanza democrática del Mediterráneo a ser uno de los principales escenarios de muerte y hambre, aunque el escenario mediático sea ahora Siria.

Todas las acciones que han puesto en marcha los dirigentes de este país, pero también la comunidad internacional, han sido nefastas. Han sido un paso atrás en la búsqueda de la convivencia y la paz.

Desde la forma de gobernar autoritaria y excluyente de los Hermanos Musulmanes, pasando por el Golpe de Estado de los militares, a la puesta en libertad del dictador y creador de fortunas Mubarak, pasando por la tibieza europea o norteamericana.

Nadie quiere describir los hechos por su nombre para empezar. Una masacre es una matanza indiscriminada de civiles, un golpe de estado es la toma del poder de los militares a la fuerza y las declaraciones huecas no es nada más y nada menos que no querer tomar una posición clara.

Europa y Estados Unidos quieren seguir estando a cualquier precio en la zona antes de que se les adelanten potencias como Rusia y China.

Egipto es un país estratégicamente importantísimo, muy poblado y estabilizador o todo lo contrario, frente a los países vecinos. No nos olvidemos que Israel estaba encantado con Mubarak y lo está ahora con el coronel Alsisi. Todo lo que sea neutralizar a Hamás en Gaza es bueno para ellos aunque sea a costa de vidas humanas.

Una vez más estamos viendo como el puzle de control de las diferentes regiones del mundo es mil veces más importante que el respeto a los derechos humanos y a la vida de la población.

Ante las tremendas imágenes que hemos podido ver este verano en las televisiones de muertos y heridos sólo hemos detectado algunos gestos de espanto y crítica a lo sucedido, pero no grandes medidas, que además nunca llegarán. Los militares egipcios seguirán teniendo armas, si no llegan de Europa o Estados Unidos lo harán de Rusia o China que están esperando “su momento” para meter el pie en el Mediterráneo. Y junto a ellos o paralelamente los militares egipcios pueden contar con la ayuda de las grandes potencias árabes.

Con lo cual seguirán en el poder y los Hermanos Musulmanes volverán a la clandestinidad, que es su hábitat natural en donde mejor se desenvuelven y más adeptos consiguen. No olvidemos que al igual que otros movimientos como Hamás o Hizbulá son auténticos “servicios sociales” para los más pobres.

El presidente egipcio Morsi, detenido, fue elegido mayoritariamente en las urnas aunque ni  respetó los derechos humanos, ni hizo nada por liberar a las mujeres de su trato esclavista, ni asumió las reglas del juego, pero nos guste o no fue un Presidente elegido por la mayoría.

Una gran parte de la sociedad egipcia salió a la calle para protestar por “sus políticas” pero esa no es razón suficiente para lanzar los tanques contra los ciudadanos. Ni los militares, ni los antiguos colaboradores del régimen de Mubarak, supieron respetar la voluntad popular ni tuvieron la habilidad y decencia de hacer oposición por cauces legales y llegó el golpe de Estado.

Los laicos, que no son pocos e incluso bastantes intelectuales, han visto con buenos ojos el golpe pero eso puede variar cuando éstos sigan utilizando la represión como centro de su actuación política.

Nadie ha estado a la altura moral de defender al país más poblado de la zona que además de democracia y libertad, necesita alimentarse a diario. Nadie ha optado por la vía de la negociación.

Y esa es la gran preocupación de las próximas semanas. Especialmente ahora que el foco mediático, político y militar está en Siria.

Egipto se encuentra al borde de una crisis alimentaria según repetidas advertencias de la FAO (Naciones Unidas para la alimentación). Hay que tener en cuenta que  es el mayor importador mundial de trigo y que el Estado distribuye pan a sus 84 millones de habitantes en forma de subsidios. El control de las reservas de trigo  era un tema de vital importancia para el Gobierno de Mursi, ya que la aguda crisis económica que atraviesa el país ha mermado sus divisas y le ha impedido importar el cereal necesario.

Según el Ministro de Suministros derrocado recientemente, Bassem Ouda, Egipto sólo cuenta en estos momentos con 500 mil toneladas de trigo importado.

Su déficit público es creciente y las reservas de divisas caen a diario.

Los actuales gobernadores han recibido importantes cantidades de dinero, unos 12 mil millones de dólares de Arabia Saudí, Emiratos Árabes y Kuwait. Y eso sin lugar a dudas va a ser un respiro, pero no la solución.

Todas las perspectivas de una primavera árabe han quedado reducidas a un frío  y tétrico otoño- invierno. Muchos ciudadanos han sido asesinados, otros torturados y los que sobreviven se enfrentan a un panorama político, social, humanitario  y económico deprimente.

Oscuridad y frío en El Cairo