jueves 13/8/20

La tragedia de Haití: ¿Narcisismo occidental o ayuda humanitaria?

AGNESE MARRA
Las dificultades en la distribución de ayuda no se solventan. La comunidad internacional justifica la militarización del país para controlar “el auge de la violencia”, sin embargo los corresponsales no se hacen eco de las revueltas, y sí cuentan los métodos más que cuestionables de algunas tropas estadounidenses. Lo que importa en Haití es decir quién manda, no quién ayuda.
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NUEVATRIBUNA.ES - 19.01.2010

Una semana después de que el terremoto arrasara con Haití, las informaciones que llegan desde Puerto Príncipe son dispares. La capital del país latinoamericano está ocupada por militares. El presidente René Préval está desaparecido y la ayuda humanitaria se amontona en el aeropuerto sin poder cumplir sus objetivos.

La polémica de los últimos días se ha centrado en la militarización del país. Estados Unidos fue el primero en poner en marcha esta práctica. La excusa es “establecer el orden” y hacer una correcta distribución de los alimentos y de los equipos de emergencia. Sin embargo, esta militarización también se ha interpretado como una nueva fórmula de ocupación en la que puede primar la política y no la ayuda altruista.

Las fuerzas estadounidenses son mayoritarias . El primer contingente llegó el lunes con un total de 5.000 soldados. En los próximos días serán 10.000. Naciones Unidas no se quiere quedar atrás, y el lunes Ban-Ki-moon anunciaba el envío de 3.500 fuerzas de seguridad. El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva entraba en el juego y ofrecía 1.250 efectivos brasileños para completar a las fuerzas de la MINUSTAH, la misión de Naciones Unidas que opera en Haití desde 2004 y de la que están al mando las autoridades brasileñas.

VIOLENCIA SÍ / VIOLENCIA NO

A medida que llegaban los militares las noticias sobre el recrudecimiento de la violencia en la capital haitiana se multiplicaban. Sin agresiones es más complicado justificar tan alto número de tropas. ‘Violencia sí o violencia no’ es un debate abierto entre los corresponsales. Si hablan con los haitianos, ellos les aseguran que la violencia es la misma que había antes del terremoto. Agresiones en barrios puntuales y por los “mismos de siempre”, le decían a un periodista de elmundo.es.

Un policía haitiano le decía al mismo corresponsal: “Aquí todo es muy tranquilo siempre, cuando se oye algún disparo es porque la policía está ahuyentando a los delincuentes”. El periodista en su crónica aseveraba: “Lo de que de que vez en cuando se oyen tiros es cierto, y que la gente expolia también, pero junto al caos convive cierta calma”.

Esta primera teoría también ha sido amparada por John Holmes, subsecretario general de la ONU para Asuntos Humanitarios que anoche quiso aclarar que se habían producido algunos incidentes, pero que “la situación sobre el terreno es, en general, de calma”.

El corresponsal de la Cadena Ser lo confirmaba en el programa Hora25: “El recrudecimiento de la violencia no es cierto. Es algo que he leído en los medios pero no es lo que se vive aquí. Hay situaciones concretas, pero no es lo normal, más bien la tranquilidad es lo que predomina”.

En función de la fuente, la respuesta se ubica en el polo opuesto. Cuando los periodistas hablan con fuerzas de seguridad occidentales la situación de calma se convierte en un caos “muy peligroso”.

“En las próximas semanas Haití pudiera entrar en una espiral de violencia de consecuencias imprevisibles”, decía otro corresponsal de El Mundo informado por fuentes de inteligencia occidentales, aclaraba el periódico.

Incluso en este diario informaban de una posible revuelta por parte de los seguidores del ex presidente Aristide, quien fue expulsado por Estados Unidos en 2004, y que estarían interesados en traerlo de vuelta en una situación donde el Estado ha dejado de existir.

Entre las teorías contrafácticas están las de algunos soldados norteamericanos que alertaban. “Si los haitianos se da cuenta que tienen la comida a la vuelta de la esquina-se refieren al aeropuerto- las consecuencias serían catastróficas”.

Sin embargo otro corresponsal ubicado en el aeropuerto de Puerto Príncipe aseguraba que los haitianos se acercaban a las inmediaciones “para pedir trabajo y no para robar comida”.

Para la policía haitiana una de las claves para que emerja la violencia tiene que ver con la respuesta de las tropas internacionales: “Están tanteando cual será la reacción de los militares que protegen los cargamentos humanitarios. Si uno de ellos dispara, se puede caer en una reacción en cadena, que será muy problemática”.

Hasta el momento sólo se puede aseverar que no llegan datos que confirmen que la violencia sea incontrolable. La teoría del auge de la agresividad está más basada en ‘rumorología’ y en especulaciones futuras que en situaciones presentes. Pero nadie sabe lo que sucederá en unos días y no hay reacciones previsibles ante la desesperación de los haitianos. El corresponsal de elmundo.es decía en su reportaje: “Su forma de ver la vida nada tiene que ver con la nuestra”. Sería bueno tomar nota y ser más cautos ante la posible respuesta de este pueblo devastado.

¿GUERRA O CATÁSTROFE AMBIENTAL?

Sin violencia poco sentido tiene que el país se llene de militares. Las noticias que llegaban el lunes eran las de un país “con un paisaje de guerra más que de catástrofe ambiental”, decía el corresponsal de la Cadena Ser, cuando explicaba la cantidad de tanques y de militares armados con los que se había cruzado durante su día de trabajo.

El periodista aseguró que no había percibido grandes altercados violentos entre los haitianos, pero no podía decir lo mismo del trabajo de las tropas norteamericanas. El corresponsal narró su experiencia en el campamento donde se ubica la cooperación internacional y que está protegido por varias verjas. Según su crónica, los haitianos empezaron a amontonarse en las puertas del campamento pidiendo ayuda: “De pronto los soldados norteamericanos empezaron a disparar hacia la población para dispersarlos y comenzaron a tirar gases lacrimógenos para que se fueran de allí”, comentaba con cierta indignación.

La distribución de ayuda humanitaria no es una tarea fácil, mucho menos, cuando se enfrentan a una población desesperada que lleva una semana sin un alimento que llevarse a la boca. Pero las dificultades no pueden justificar los métodos violentos de algunas tropas, y tampoco avalar la teoría de la militarización extrema.

LA BRONCA OCCIDENTAL SE OLVIDA DE HAITÍ

El control y mando de las tropas estadounidenses sobre el aeropuerto de Puerto Príncipe, no ha sentado nada bien a la comunidad internacional. Los cooperantes y trabajadores de ONG fueron los primeros en denunciar la arbitrariedad para decidir quién podía aterrizar en la capital haitiana.

Las fuerzas norteamericanas han sido las únicas que han podido acceder a las pistas de aterrizaje, mientras que los aviones de ayuda humanitaria de otros países tenían que desviarse a República Dominicana. Primero estaban las visitas fugaces como la de Bill Clinton o la llegada de los soldados, antes que los alimentos y los equipos de emergencia.

En pocas horas Francia mostraba su recelo y como vieja potencia colonial subrayaba su importancia, olvidando que Estados Unidos fue el país que la relevó en su tarea colonizadora. A su vez, el presidente brasileño, Lula da Silva, advertía que Estados Unidos no le iba quitar el poder a las fuerzas de Naciones Unidas, ya que este país es quien dirige el trabajo de la MINUSTAH.

Mientras los mandatarios luchaban por sus cuotas de poder sobre el país caribeño, la ayuda seguía amontonada y cooperantes y ONG empezaban a ponerse muy nerviosos. “La coordinación... o no existe, o no funciona”, dijo Benoit Leduc, jefe de operaciones de Médicos Sin Fronteras en Puerto Príncipe. "No sé quién está al mando. Entre los dos sistemas -EEUU y la ONU-, no creo que haya una buena comunicación que nos permita saber quién decide qué", añadió.

Las mismas quejas llegaban de la ONG irlandesa Goal, según recogía el diario The Guardian: “Tenemos al Ejército de EEUU haciendo una cosa en el aeropuerto. Y tenemos a Naciones Unidas que dice que ellos tienen el control de la distribución de la comida, pero sin embargo no están desempeñando un rol activo en este sentido”, criticó.

“Luego tenemos al presidente de Haití que dice que es él el que está al cargo y a los americanos siendo políticamente correctos, que dicen que trabajan para él. Esto lo único que va a provocar es un verdadero caos”, denunciaban desde la ONG.

Este martes el Ejército estadounidense ha comenzado a repartir 14.000 bolsas de comida y 15.000 litros de agua en el noreste de Puerto Príncipe. Fuentes de la ONU han reconocido que hasta ahora sólo son capaces de alimentar a 50.000 personas diarias, cuando hay tres millones de necesitados.

A las dificultades estructurales se añade el ego de la comunidad internacional que quieren remarcar quién manda en el territorio. El narcisismo occidental prevalece ante la ayuda humanitaria.

La tragedia de Haití: ¿Narcisismo occidental o ayuda humanitaria?
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