Nuevatribuna

Assange, el hombre que sabía demasiado

La lucha contra el terrorismo, la injerencia en pos de democratizar países comandados por tiranos, o las ayudas humanitarias, son algunas de las propagandas debajo de las cuales se ha ocultado el verdadero interé

Silenciar al mensajero, eliminarlo, “desactivarlo”, ha sido históricamente la tarea de los servicios de inteligencia de los Estados Unidos, siempre que una información sensible pudiera poner en tela de juicio los métodos inhumanos que el aotoproclamado “país de la libertad” practica desde tiempos remotos.

Centenares de pruebas irrefutables habían servido ya para desentrañar la perversidad con la que Estados Unidos desarrolla tareas que disfraza bajo falaces denominadores. La lucha contra el terrorismo, la injerencia en pos de democratizar países comandados por tiranos, o las ayudas humanitarias, son algunas de las propagandas debajo de las cuales se ha ocultado el verdadero interés del país que presume ser modelo de democracia.

La detención de Julián Assange pretende disciplinar respecto de la intromisión mediante la cual éste dio a conocer las oscuras metodologías que los Estados Unidos aplican con fines políticos y económicos, y que violan los derechos humanos más básicos. El fundador de Wikileaks reveló en 2007 el manual de la Armada Norteamericana, en la que demostró, mediante pruebas contundentes, de qué manera operaban los soldados frente a los prisioneros dentro del Centro de detención de Guantánamo. Apenas un año más tarde, Assange publicó un video militar clasificado en el que se observa cómo desde un helicóptero estadounidense Apache un marine asesina a 18 civiles iraquíes y dos periodistas de la agencia Reuters.

Estas revelaciones no cayeron nada bien en la Casa Blanca, que inmediatamente puso su foco en la plataforma informativa y en el fundador de la misma. Los trapos sucios que ventiló Assange provocaron una rápida reacción del gobierno de los Estados Unidos, no con el fin de aclarar sus crímenes de guerra, sino con el de acallar cuanto antes a quien había dado a conocer la perversidad e impunidad con la que los militares norteamericanos actuaban.

Luego de difundir más de 90 mil documentos clasificados con información importante de las guerras de Estados Unidos en Irak y Afganistán en 2010 -así como 250 mil cables diplomáticos de Estados Unidos, en los que varios miembros del poder político estuvieron involucrados-  y 800 informes con detalles de actividades terroristas a miembros de Al Qaeda en Guantánamo, Assange se convirtió en el principal enemigo de Estados Unidos que inició su búsqueda y captura. El propio Assange declaró que no era fácil ser enemigo de la CIA y el Pentágono. Hoy sabemos que el mensajero ha caído en desgracia. El presidente de Ecuador, Lenin Moreno, ha decidido entregarlo a la justicia. “Es un mal criado; una piedra en el zapato”, ha dicho ayer Moreno, que seguramente no ignorará que la comunicación de su país está siendo rigurosamente controlada por Estados Unidos, y que de no ser por las investigaciones de Assange, bien podría pretender que continúa ignorándolo.