jueves 22.08.2019

La insospechada amenaza de las tormentas solares en América Latina

Se redefine el mapa de riesgo regional, incorporando países en el ecuador magnético que hasta ahora se creían los más seguros.

La insospechada amenaza de las tormentas solares en América Latina

América Latina sigue teniendo una asignatura pendiente con el riesgo natural del clima espacial y únicamente México, con la reciente reforma de su Ley General de Protección Civil –en la que fue recogida íntegramente la estimación de escenario de la AEPCCE–, parece estar dispuesto a abordarla, al menos sobre el papel.

Si bien hasta ahora había venido siendo (incipientemente) considerada la Anomalía del Atlántico Sur, y su especial incidencia para Argentina, Uruguay y Paraguay, en realidad, las cosas resultan todavía más complejas e insospechadas.

Y así lo acaba de poner de manifiesto la reciente publicación de “Tormenta Solar: Guía de Autoprotección Familiar” dónde, al definir por primera vez un “Mapamundi global de riesgo” (Anexo V) se viene a incorporar a la zonificación un nuevo aspecto de la amenaza con especial incidencia en aquellos países que, hasta ahora, se creían más a salvo ante un fenómeno extremo del clima espacial: los citados en el propio ecuador magnético o muy cerca de éste: Perú, (norte de) Brasil, (norte de) Bolivia.

El culpable de todo ello es el llamado “Electrojet ecuatorial”, que, como la propia guía viene a recoger (Anexo I) consiste en “una intensa corriente eléctrica que fluye a lo largo de la línea del ecuador magnético en la región E ionosférica en el lado diurno. La razón principal de la alta densidad de corriente es la geometría del campo magnético. Dentro de una banda estrecha de unos 500 km de ancho, donde las líneas del campo magnético son paralelas a la superficie de la Tierra la conductividad aumenta significativamente”.

Es decir una suerte de “efecto reflejo” verificado ante grandes fenómenos geomagnéticos de las máximas latitudes de los hemisferios norte y sur, con adicionales corrientes desencadenadas en esos “500 kilómetros” (aproximados) de ancho en torno a la propia línea de ecuador magnético (que hasta ahora venia siendo considerada como el lugar más seguro del globo), y fluyendo de este a oeste.

¿Cual es, pues, la consecuencia práctica de todo ello desde el punto de vista de autoprotección personal que se plantea en la nueva guía de autoprotección?

Pues, en primer lugar, que sigue siendo buena idea desplazarse en el sentido general hacia el ecuador magnético por principio buscando zonas con una mayor protección natural (potencialmente menos afectadas) respecto las altas latitudes norte o sur del globo… pero que ello de be hacerse sin llegar tampoco al propio ecuador, y no sólo a dicha franja de 500 km, sino algo más, ya que la caída en cascada previsible en esa franja cabe esperar que afecte también a una zona algo superior más allá de ella misma.

Y, en segundo lugar, que Perú, norte de Bolivia y norte de Brasil, deberían tomar conciencia de que, aunque pueda costarles asimilarlo, la realidad es que debido a esta excepcional circunstancia, su situación de exposición a un fenómeno extremo del clima espacial tipo Carrington vendría a ser asimilable a las zonas geográficas más expuestas de altas latitudes de América o Europa. Así al menos todo lo que hasta ahora se maneja en materia de electrojet ecuatorial.

Ídem respecto el resto de países del globo situados en esa fina franja: África ecuatorial, Filipinas, Malasia...

Y algo parecido ha sucedido con la novedosa toma en consideración que también se hace en “Tormenta Solar: Guía de Autoprotección Familiar” de los distintos tipos de suelo predominante en cada región en relación a su efecto potenciador o minimizador del GIC (o “EMP natural”) asociado a una tormenta solar (mapa de zonificación española en la página 58 y ss. de la guía, por ejemplo), con zonas de España en las que el propio terreno vienen a actuar como una suerte de “drenaje geomagnético” natural, y otras en las que, justo en el sentido contrario, se vienen a intensificar los efectos del GIC en la superficie y en toda infraestructura construida sobre esta (como una suerte de “plancha o sartén geomagnética”)… mismo concepto que ahora acaba de ser aplicado también por el propio US Geological Survey a la geología y geografía de los EEUU hace dos semanas, el pasado 5 de marzo de 2019.

Informaciones todas estas de alto valor que deberían ser tomadas en consideración para una correcta planificación y gestión de una respuesta de autoprotección ante este tipo de emergencia llegado el caso, para no incurrir en errores de potenciales graves consecuencias pero que podían haber sido perfectamente evitados con la información correcta, en vez de dando por bueno lo que “el primero que pasa dice por internet”, por lo general sin criterio alguno en autoprotección. Una guía muy bien enfocada y actualizada al último estado de conocimiento, como se puede ver.

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