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sábado 28/5/22

Este verano se celebrarán en México elecciones presidenciales y legislativas. Tras dos sexenios de gobiernos del conservador Partido Acción Nacional, el incombustible PRI, que gobernó México durante 70 años, parece estar de nuevo cerca de Los Pinos. La izquierda vuelve a buscar su oportunidad y repite candidato, avanzando a paso de cangrejo desde el tercer lugar. ¿Cuál es el perfil de los aspirantes a la presidencia de un país en medio de una crisis económica y de seguridad sin precedentes?

Enrique Peña Nieto (PRI y Partido Verde Ecologista de México):

El puntero en todas las encuestas y abanderado del  inagotable Partido Revolucionario Institucional, es el carismático y joven Enrique Peña Nieto. Un abogado "orgullosamente priista" desde 1984.  El partido ha cultivado a Peña para que lo devuelva a la residencia presidencial de Los Pinos en 2012 desde hace años: nacido en Atlacomulco, municipio cuna de un grupo político legendario, Peña Nieto fue gobernador del Estado de México (el más poblado del país, y donde el PRI nunca ha dejado de ser gobierno) de 2005 a 2011, lo que le dio una gran popularidad y visibilidad, pero también abrió un frente amplio de críticas: durante su mandato la tasa de feminicidios y secuestros se elevó, la pobreza se agravó y la represión violenta en contra de adversarios políticos se endureció.

Enrique Peña tiene tras de sí a la maquinaria política más sofisticada y extendida de la República, el PRI, y a un coordinador de campaña, Luis Videgaray Caso (doctor en economía por el Massachusetts Institute of Technology), al que incluso sus adversarios califican como brillante.  Y sobre todo, Peña es un político foto y telegénico, mimado por uno de los poderes fácticos más influyentes en México: el duopolio televisivo (baste decir que su actual esposa es Angélica Rivera, una conocida actriz de telenovelas, a quien conoció en una campaña de publicidad de su gobierno, de la que ella fue imagen).

Por eso es que sus críticos llaman la atención con insistencia  sobre el riesgo de votar por "un envase sin contenido", un "producto chatarra", o alguien que "no tiene nada debajo del copete" (su cuidado tupé es un signo característico de su imagen). Germán Martínez, un ex presidente del PAN, ha llamado a la campaña de Peña una “simple pasarela para recibir aplausos, donde no se puede tocar ni con el pétalo de una rosa al puntero en las encuestas”, y a sus partidarios unos “adolescentes democráticos”.

El proyecto de Peña, al menos en el discurso, se centra en la idea de “un cambio” (no se dice si hacia adelante o hacia atrás) frente a los gobiernos del Partido Acción Nacional, y en la promesa de un "Estado eficaz", que convierta a los derechos plasmados en la Constitución mexicana en una realidad.

Peña es presentado como un representante del “nuevo PRI”, alejado de la reputación de corrupción ganada a pulso por los gobiernos anteriores de su partido. Pero aunque es alguien suficientemente joven para haberse desligado de ese estigma, lo cierto es que está vinculado con muchos de los llamados "dinosaurios" del PRI.  La añoranza por un gobierno donde pasen a segundo plano el pluralismo y el debate en aras de la acción permea todo su proyecto y al parecer, el pensamiento de buena parte del electorado mexicano. La cuestión es si estamos ante un PRI renovado o en el umbral de un intento de restauración del antiguo régimen autoritario (basado en el binomio cooptación-represión, y en la negociación del incumplimiento selectivo de la ley).

Lo que es indudable es que el entorno de Peña Nieto es el de las cámaras grabando y el teleprompter listo, el de la seguridad del ensayo y la puesta en escena. Espectáculo, reality show.

Con todo, el representante del nuevo PRI, que firma todos sus compromisos de campaña ante notario (ignoro los efectos legales de este acto) aventaja por cifras de más de dos dígitos en absolutamente todas las encuestas.

Josefina Vázquez Mota (Partido Acción Nacional, actualmente en el gobierno):

Al no existir posibilidad de reelección en México, Acción Nacional intentará permanecer en Los Pinos de la mano de Josefina Vázquez Mota, una economista autora de un célebre libro de superación personal de nombre un tanto perturbador ("Dios mío, hazme viuda por favor"), y que fue la primera mujer en ocupar dos de los ministerios más importantes: Educación (con Vicente Fox) y Desarrollo Social (con Felipe Calderón).

Vázquez Mota fue, además de titular de esos dos auténticos  monstruos de la administración pública, líder de la bancada panista en el parlamento mexicano. Dejó en la lona a un anterior ministro de Gobernación y al delfín del presidente Calderón, Ernesto Cordero, en las elecciones primarias de su partido, en las que triunfó con más de la mitad de los sufragios.

A pesar de ello, la candidata no ha asumido un liderazgo efectivo en su partido ni tampoco el control su equipo de campaña: una campaña que ha resultado un desastre, llena de tropiezos y errores (desde misivas con errores ortográficos hasta eventos en estadios que se vacían). Su carta de presentación en la contienda no es su amplia experiencia en los asuntos de Estado, sino su sonrisa... y su condición de mujer y madre.

Tampoco ha resultado efectivo su énfasis en la cuestión de género: "gobernaré el país como cuido a mi familia", dijo la candidata, y las críticas a este maternalismo político no se hicieron esperar.

Su indefinición en muchos temas de importancia ha sido objeto de elogios: "una lámina en blanco", la ha llamado un gobernador de su partido, "en la que cada persona puede proyectar sus esperanzas", pero también de críticas: “una candidata vaporosa y leve", la llama Sergio Aguayo, bien por deficiencias en su personalidad o por una mezcla de complicidad e impotencia frente a los intereses creados y los hombres de su partido.

La candidata comparte en este sentido el destino del PAN: un partido que tuvo durante décadas la fortuna de definirse por contraste con el gobierno del PRI, y que tras más de 10 años en el poder, es incapaz aún de definirse por afirmación, como señala Jesús Silva-Herzog.

En su contra juega su marcado ausentismo en el parlamento, y el que en los dos rubros donde ha ocupado la más alta responsabilidad (Desarrollo Social y Educación), las deudas que dejan los gobiernos panistas son enormes.

Precisamente, un obstáculo más grande que el machismo mexicano en su campaña será el peso de 12 años de panismo que han resultado decepcionantes para muchos mexicanos.

De ahí su slogan de campaña: "Diferente" (que por cierto, acusan de ser copiado de la sevillana Pilar González), una muestra de la necesidad de distanciarse a sí misma del presidente Calderón, que dejará al país hundido en una crisis económica y de seguridad gravísimas.

La duda razonable sobre esta "diferencia" llega al conocer el equipo de Vázquez Mota: lleno de figuras cercanas a Calderón, desde su hermana “Cocoa” al español Antonio Solá o su ex vocero Max Cortázar. Al final, pareciera que lo que la hace distinta no son sus posturas o propuestas, sino su condición de mujer, sin que esto implique una agenda progresista y de empoderamiento femenino.

Quinta aspirante presidencial en la historia de México, y la primera con posibilidades reales de triunfo, Vázquez Mota promete formar un gobierno de coalición si resulta victoriosa el 1 de julio, a cambio del apoyo de un Congreso que se predice dividido. Sería la primera mujer presidente en un país con 31 estados, en los que gobierna sólo una mujer. Es la rival más cercana de Peña Nieto.

Andrés Manuel López Obrador (PRD, Movimiento Ciudadano, y Partido del Trabajo):

Andrés Manuel López Obrador, AMLO, es el candidato más conocido entre los mexicanos. A diferencia de hace 6 años, cuando compitió por primera vez por la presidencia de la República, hoy no es el más popular. Seguramente el político con una base popular más sólida, es también un hombre que sigue despertando desconfianza y temor.

Politólogo por la UNAM (la universidad pública nacional), inició su carrera como político y dirigente social en su natal Tabasco, en el sureste mexicano, dentro del PRI. En 1988 se unió a la corriente que encabezó Cuauhtémoc Cárdenas (hijo del Gral. Lázaro Cárdenas del Río), en protesta por la falta de democracia interna del partido, que daría paso al Frente Democrático Nacional, y posteriormente al Partido de la Revolución Democrática, principal fuerza de izquierda en el sistema de partidos mexicanos.

Seguidor de la figura de Benito Juárez y los liberales mexicanos, López Obrador fungió como jefe de Gobierno del Distrito Federal de 2000 a 2006. Desde ahí se rodeó de un equipo que lo rodea aún hoy y, gracias a programas sociales como la pensión universal para ancianos, una reducción drástica de la inseguridad, y una forma austera de manejar la administración,  se convirtió rápidamente en un político muy popular (y populista, según sus adversarios). Ejemplo de ello fueron los mítines en contra del proceso de desafuero que se llevó a cabo en su contra (buscando dejarlo fuera de la carrera presidencial de 2006), que han sido las manifestaciones más impresionantes que se recuerden en la capital mexicana.

Perdería en 2006 una elección (por decirlo de forma moderada) llena de irregularidades por menos de un punto porcentual. Alegando fraude, paralizó por varios meses una de las avenida más importantes de la Ciudad de México, exigiendo un recuento “voto por voto, casilla por casilla”, que no llegó y que le significó la pérdida de muchos apoyos.  Instauró un "gabinete en la sombra", se declaró "presidente legítimo", y tachó de espurio a Felipe Calderón.

En los años siguientes se dedicó a fortalecer un movimiento de base llamado “Morena” (Movimiento de Regeneración Nacional) en detrimento del PRD (dirigido por una corriente que no lo favorece), y a recorrer la práctica totalidad de la geografía nacional: más de dos mil municipios.

Ya de nuevo como candidato, ha dado un giro en su discurso y ha proclamado los “fundamentos para una República amorosa”, quizá como manera de acercarse a la conservadora clase media mexicana y a los empresarios que en 2006 se asustaron por la exageración que sus rivales hicieron de sus posturas izquierdistas. Un giro conciliador que le ha acarreado también críticas desde la izquierda, al cuestionar la pertinencia de mezclar moralidad y política (algo que al propio Marx le hubiera causado risa).

López Obrador, él mismo un hombre de izquierda moderada y pragmática, aunque no especialmente moderna, ha prometido cambiar la estrategia de seguridad enfocándola más en la prevención, no subir impuestos,  perseguir sin miramientos a corruptos, e instaurar un Estado de Bienestar en el país. Líder y orador carismático, es muy probable que gane más apoyo en cuanto se acerque la fase final de la campaña electoral.

El historiador Enrique Krauze, crítico severo que acuñó para AMLO el calificativo de “mesías tropical”  hizo recientemente un buen balance de sus debilidades y fortalezas: ha reconocido su honestidad y austeridad, su amor por México, y su profunda vocación social. Sin embargo, tiene dudas sobre el carácter su liderazgo, la autenticidad de su conversión más cercana a lo místico y religioso que a lo mundano, y su respeto por el orden legal e institucional (al que mandó al diablo en 2006).  Muchos mexicanos comparten este reconocimiento de virtudes y estos miedos. 

Aunque actualmente se encuentra en tercer lugar en las encuestas (de las que es, naturalmente, escéptico), el más interesante de los candidatos presidenciales es también el que tiene más espacio para crecer.

Gabriel Quadri de la Torre (Partido Nueva Alianza):

El partido Nueva Alianza es la creación de la temible y vitalicia lideresa del sindicato magisterial mexicano: Elba Esther Gordillo Morales (aquí un texto de Nueva Tribuna sobre ella y su sorprendente trayectoria), que con más de un millón de agremiados es el mayor de América Latina.

Gabriel Quadri, quien tiene una trayectoria dentro del ambientalismo no exenta de polémica (el escritor Luis Hernández Navarro lo ha llamado ya "el ambientalista preferido por los grandes empresarios que degradan al medio ambiente"), fue ungido una vez que Nueva Alianza rompió su alianza con el PRI a principios de este año.  El problema, se dice, fue que Peña Nieto y el PRI rechazaron entregarles a los maestros todos los escaños que demandaban a cambio de su apoyo electoral. Un apoyo que en la política mexicana se tiene por muy valioso, siendo los maestros punteros electorales consumados, capaces de votar de forma disciplinada, como un sofisticado aparato  corporativo.

Quadri de la Torre, ingeniero civil de profesión, es el único de los candidatos que no ha ocupado ningún puesto de elección popular ni ha competido por alguno. Empero, no carece de experiencia política, pues ha estado vinculado lo mismo a gobiernos del PRI (con el presidente Zedillo) que del PAN (con Felipe Calderón).

Una de las ventajas que, según él mismo, tiene, es que no  es "el político de siempre"; aunque lo cierto es que compite arropado por uno de los partidos con menos militancia y más detractores del país.

No es para menos, pues el sindicato magisterial es una de las principales razones por las cuales la educación en México es una escandalosa vergüenza nacional. Sus miembros frecuentemente organizan marchas y plantones contra las reformas que piden se evalúe su desempeño docente, o que buscan terminar la práctica de heredar las plazas como maestros en las escuelas.

Muchos políticos temen el poder del sindicato, y sin embargo, Quadri apenas roza el uno por ciento de intención de voto. Su reto, por tanto, no es ganar la elección sino obtener un número de votos suficiente para que el PANAL no pierda su  registro como partido (4 por ciento). Vistas sus propuestas (todas polémicas y algunas inviables) como el privatizar el sistema penitenciario o gravar con el IVA alimentos y medicinas, ello parece bastante difícil.

Nota: con información de The Economist, La Jornada, Reforma, Nexos, La Razón, Sin Embargo, y CNN.

 

Elecciones México 2012: Dramatis personae
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