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lunes 16/5/22

Dos desconocidos con el encargo de que Europa gane peso en el tablero internacional

La designación del belga Herman Van Rompuy, como primer presidente estable de la Unión Europea (UE), y de la británica Catherine Ashton, como jefa de la política exterior continental, parece chocar con uno de los principales objetivos del Tratado de Lisboa que es el de mejorar el funcionamiento de la UE y darle una voz más clara al continente en el escenario mundial.
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NUEVATRIBUNA.ES - 20.11.2009

La cara y la voz de Europa en el mundo son dos perfectos desconocidos incluso en su propio continente. Ignacio Molina, investigador para Europa del Real Instituto Elcano de Madrid, ha reconocido en declaraciones a BBC Mundo que "realmente son personas poco conocidas, casi diría en sus propios países" y que la importancia de sus cargos "depende muchísimo de su personalidad".

En el perfil que se buscaba para presidir la UE, el de un peso pesado de la política "capaz de detener el tráfico" de las grandes ciudades del mundo, encajaban mejor el ex primer ministro británico Tony Blair, o el ex presidente del Gobierno español, Felipe González, que Van Rompuy, que está lejos de cumplir esas aspiraciones.

González descartó su candidatura hace un par de días desde México donde, al término de un foro empresarial, dijo: "No lo voy a aceptar, no estoy en la pelea". Blair estuvo en las quinielas casi hasta el último momento pero decidió no seguir luchando por el puesto luego de que quedara claro que los líderes de centro derecha, que dominan la UE, estaban determinados a que la presidencia debía quedarse en su grupo.

Este economista de 62 años y aficionado a los breves poemas japoneses haiku, asumió hace pocos meses el cargo de primer ministro belga. También Ashton, de 53 años, ejerce desde hace poco como comisaria europea de Comercio. Ambos tienen a su favor la fama de constructores de consenso, que es lo que parece que ha pesado en la decisión de los líderes europeos reunidos este jueves en Bruselas. La interpretación que hace Fabio Liberti, del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas (IRIS) de París, es que "esto significa que los líderes europeos todavía no están dispuestos a ceder poder a los cargos supranacionales de la UE".

Precisamente, en su primera conferencia de prensa tras ser designado, Van Rompuy ha buscado calmar los ánimos de quienes ven los nuevos cargos del Tratado de Lisboa como una amenaza a la soberanía de los 27 Estados miembros de la UE. "Incluso cuando la unidad sigue siendo nuestro desafío, nuestra diversidad es nuestra riqueza", ha asegurado.

Para posibilitar la designación de Van Rompuy ha sido clave el apoyo de Francia y Alemania. Y ha sido determinante su reciente éxito en contener la crisis política que amenazaba con fracturar a una Bélgica dividida lingüísticamente. Con un mandato de dos años y medio (renovable una vez), ahora deberá representar a la UE en encuentros internacionales y encabezar las cumbres continentales de jefes de Estado y de gobierno. Una de las preocupaciones que rodean a esta figura es si tendrá suficiente personal y recursos para cumplir sus funciones con eficacia.

Mientras tanto, la jefa de la diplomacia europea tendrá un poder que algunos consideran mayor que el del presidente. Ashton deberá conducir un nuevo equipo diplomático de unas 5.000 personas, ejercerá la vicepresidencia de la Comisión Europea y controlará un presupuesto de miles de millones de euros. Para Molina, "por primera vez la Unión va a poder hacer una política exterior que merece ese nombre". A su juicio, el gran reto de Van Rompuy y de Ashton será lograr que la UE deje atrás las discusiones institucionales que la han distraído en los últimos tiempos y juegue con más protagonismo en el tablero global.

Como actual comisaria europea de Comercio Exterior, Ashton, conoce muy bien el funcionamiento de la institución europea y ha contado con el apoyo del presidente de la Comisión, José Manuel Durao Barroso, quien ha valorado su competencia e inteligencia para el cargo. De su capacidad para avanzar en las relaciones con Washington y Moscú, dependerá que la UE pueda intervenir de forma efectiva en la solución de graves crisis como la de Afganistán, Irán, Corea del Norte o el conflicto palestino-israelí.

El desafío es más complejo con la emergencia de países como China o Brasil. En cualquier caso, como dice Liberti, "el Tratado de Lisboa es como una caja mágica y no sabemos qué podemos sacar de él: mucho va a depender de su aplicación". (...) "La política siempre puede sorprendernos".

El Tratado de Lisboa entrará en vigor el próximo 1 de diciembre y su novedad principal se refiere al proceso de decisión, ya que el voto por mayoría cualificada se ampliará a numerosos ámbitos, como inmigración o cultura.

Tras la presidencia sueca de la UE, que finaliza en diciembre de 2009, el turno recae en España, quien junto a Bélgica y Hungría desarrollará una presidencia en equipo en el marco del nuevo sistema de trío de presidencias rotatorias, que abarcará 18 meses, desde el 1 de enero de 2010 hasta el 30 de junio de 2011.

Pero en los seis primeros meses de 2010 será el presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, el que se haga cargo de la agenda de la institución y presidirá todas las reuniones durante un semestre, promoviendo las decisiones legislativas y políticas y mediando para lograr acuerdos entre los Estados miembros. Entre sus principales retos: la aplicación efectiva del Tratado de Lisboa una vez que entre en vigor; garantizar la seguridad energética de la Unión Europea y continuar la lucha contra el cambio climático; y cohesión en la escena internacional para que Europa hable con una única voz.

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