viernes 30/10/20
EDMUNDO FAYANÁS ESCUER

Las culturas precolombinas y el agua

A lo largo de la historia vemos como el agua ha jugado un papel fundamental.

Los egipcios elevaron a KRUM, en Dios de los ríos y cataratas. Para ellos, el Nilo descendía del cielo para convertirse en un gran benefactor.

Los semitas adoraban al Dios que superaba el cosmos. El agua era el símbolo de gracia (bautismo, perdón, purificación, bendición) y de castigo (el diluvio).

Los griegos con Talles de Mileto, creían que todo SER tenía su origen en los cuatro elementos: agua, tierra, aire y fuego. Griegos y romanos divinizaron a los ríos, lagos y fuentes.

Las culturas precolombinas veneraban la naturaleza, considerando que los fenómenos cósmicos eran el resultado de acciones sobrenaturales.

LAS CULTURAS PRECOLOMBINAS

Antes de la civilización Inca, hubo otras culturas como la de Chapín o la de los Mochicas de Moche (III a. C. al IX d. C.), que influenciaron su cultura.

La cultura mochica se caracterizó por el lujoso mobiliario fúnebre encontrado en las excavaciones. Construyeron pirámides, estuvieron fuertemente organizados mediante una rica agricultura y disponían de una gigantesca red de canales de agua. Al parecer, el pueblo mochica fue gobernado y administrado por tiranos. Carlos Marx afirma, que cuando aparecen grandes procesos de irrigación en las culturas, es un síntoma de que los pueblos son dirigidos por gobiernos despóticos.

La ciudad más grande encontrada fue la de los chimúes (descendientes de los mochicas) en el centro del valle del Moche. Existen pruebas de diferencias sociales en su cultura: casas espaciosas de aristócratas y pequeñas casas de trabajadores. Además, los barrios estaban divididos en linajes. Políticamente pertenecían al imperio, pero tenían su propia lengua y gobierno

La vida de los chimúes estuvo ligada al regadío y al agua. Los incas los incorporaron a su imperio, bajo la amenaza de cortarles las vías de agua. Poseían una producción casi industrial de cerámicas y telas de algodón, características predominantes de la cultura inca. El periodo Chimú es importante porque corresponde al nacimiento de la civilización Inca en el año 1200 d. C.

EL CULTO AL AGUA EN LA CULTURA INCA

El pueblo andino se enteró de su concepción y cosmovisión del agua por transmisión oral en cuentos, leyendas y otras narraciones.

En los Andes, el reto para el hombre fue la irregularidad del terreno. Los ríos, que absorben el agua de todo el valle, descienden rápidamente hacia el fondo del mismo o desaparecen repentinamente en rupturas de terreno. Para controlar y regular esta agua es preciso un trabajo mecánico para remontarla y poder utilizarla en las cuestas y en los llanos. Es necesario impedir que esta agua se vaya al fondo del valle.

Canal de Cumbemayo

El reto fue construir terrazas para utilizar el agua directamente sobre las cuestas, presas y canales de riego para recuperar el agua y multiplicar la producción gracias al riego.

El Perú antiguo es conocido como un gran pueblo agricultor y esto se justifica en las grandes obras hidráulicas que desarrollaron los ingenieros incas. Trabajaron con una gran precisión y controlaron perfectamente los problemas de nivel, sabiendo que solamente la fuerza gravitatoria les permitía transportar el agua de un punto a otro, aspecto importante que deja aún hoy a los expertos perplejos y llenos de admiración.

El agua es signo de fertilidad ya que fertiliza el suelo. Esto se puede ver representado en lugares como el Machu Pichu, Pisac, Kenko..., dónde hay pacchas de piedra en el que el líquido sale por la representación de un falo o de un emblema fálico.

Los ritos de purificación del agua son importantes. Permitían lavarse físicamente y espiritualmente. El agua también aparece en el ritual de la muerte. Para separar definitivamente la vida de la muerte se debían lavar las prendas de vestir de los muertos.

Canal de Cumbemayo

Los Incas pensaban que en la muerte se sufría sed y para eso se debía ofrecer agua, en esta creencia sobre los difuntos se vinculó con la de los Semitas.

En la cultura Quechúa, la fiesta del agua recibe distintos nombres según la comunidad donde se realiza: Yarka Haspiz, limpia de acequias, champeria…

Se trata en realidad de un trabajo colectivo para mantener a punto y preparado los sistemas hidráulicos de la comunidad. Se ocupó de la limpieza de los canales y también de su lavado espiritual. Se prorroga el pacto pasado con el dueño de las aguas para que sigan irrigando y hacer producir las tierras de las comunidades.

En la conjunción del trabajo colectivo y la fiesta, aparecen en el culto seres sobrenaturales protectores del hombre. Se hacen ofrendas en lugares estratégicos del sistema hidráulico (toma de agua, pasos peligrosos, túneles subterráneos...), y también en la cumbre de las montañas y en los pueblos. Estas ofrendas se destinan a dioses que dan el agua y a los dioses protectores en general.

Los trabajos hidráulicos se realizan siempre antes de la siembre. En estas localidades, toda la vida y cultura depende del agua de riego. Es pues importante limpiar los canales antes de que comiencen a distribuir el agua.

LAS CULTURAS MEXICAS PREHISPÁNICAS

Para los mexicas, son dos los dioses principales del agua, Chalchiutlicue, diosa de las aguas que se esparcen por la superficie de la tierra y de los mares. Tláloc, deidad suprema del agua, regidor de la lluvia y quien tiene su residencia en el Tlalocan, paraíso indiano del agua situado en las entrañas de la tierra.

La divinización del agua en Mesoamérica se remonta a los tiempos antiguos, como lo atestiguan las máscaras de serpentinas, hachas votivas y representaciones directas o alusivas al agua y la lluvia en el arte escultórico de los olmecas arqueológicos o si se quiere en los murales y piezas arqueológicas de Teotihuacan. Entre los nahuas mexicas el dios principal del culto al agua es Tláloc Tlamacazqui.

Entre los nahuas mexicas el dios principal del culto al agua es Tláloc Tlatocan. En su calendario trópico, en diez de las dieciocho veintenas, se realizaba rituales y festejos relacionados con el agua y la lluvia. Una montaña de la cuenca de México llevaba su nombre y lo encarnaba. Rigió una de las cuatro eras solares de la creación cósmica representado por Nahulli Quiahuitc, que significa cuatro lluvias.

La antropóloga Johanna Broda dice “Los antiguos mexicanos entendían por agua principalmente el agua dulce, las aguas de lluvia, las fuentes y los ríos que fertilizaban las tierras de cultivo, mientras que el mar simbolizaba para ellos el agua divina, límite de los conocido y dominio misterioso de los dioses”.

Tlaloques eran seres mágicos, especies de duendes o pequeñas divinidades sobrenaturales denominadas por los cronistas como los ministros del agua de Tlátoc. Son los que se encargan de recolectar este preciado líquido de la casa en donde habita el dios de la lluvia y dispuestos en los cuatro puntos cardinales, norte-sur, este-oeste. Los tlaloques, extraen el agua de los barreñones con sendos recipientes de barro. Llevan en sus manos unos palos, con los cuales rompen las ollas y cuando se da, se producen rayos que anuncian las tormentas. En este mismo sentido, la serpiente con sus movimientos zigzagueantes recuerda la figura quebradiza del rayo.

El agua no solamente es el elemento que engendra al mundo y crea al hombre, sino también le restituye la vida. Mediante un ritual de magia simpática, todos los atributos mortuorios son capaces de regenerarse y, producir por contagio un nuevo florecimiento del alma y hacer que el elegido Tlátoc llegué a habitar el lugar donde todo brota y florece allí, donde el hambre y los padecimientos no existen. Es tal el poder engendrador y regenerador de esta divinidad hídrica, que hasta la propia muerte vuelve a renacer.

El agua y sus símbolos también se hacen presentes en el Mictlán, la región del inframundo, que es uno de los tres sitios a donde se iban las ánimas de los difuntos. Así era la preparación mortuoria del cuerpo: “tomaban un poco de agua y derramándola sobre su cabeza, diciendo al difunto: esta es la de que gozaste viviendo en el mundo; y tomaban un jarrillo lleno de agua, y dánselo diciendo, veis aquí con que habéis de caminar, y poniéndosele entre las mortajas...”.

A los señores y nobles les introducían en la boca una piedrita de color jade que se llama Calchitlicue, y los que pertenecían al pueblo, le metían una piedra menos preciosa, que se llama Texoxoctil, piedra navaja, que hacía las veces de un corazón para el difunto. Posteriormente, hacían al difunto llevar consigo un perrito de pelo bermejo, y al cuello le ponían un hilo flojo de algodón. Decían que los difuntos nadaban encima del perrito cuando pasaban un río del infierno que se nombre Choconahuapan.

El agua como fuerza generatriz no podía faltar en el hecho que más la identifica como es el nacimiento de un ser. Son dos las ceremonias en el que el recién nacido era ofrecido y dado en bendición a la diosa Chalchiutlicue: una es el lavatorio y la otra el bautismo indiano.

El sistema hidráulico forma parte de la estructura de gobierno confederado, pues era fundamental para la vida del pueblo.

Cuando llegan los españoles, observan poblados y ciudades lacustres, comunicados tanto por calzadas que sirven al mismo tiempo de diques y de caminos, como a través de una red de canales que se entrelazan y conectan a los diferentes pueblos ribereños y al sistema chimampero entre si. A tal grado llega que desde Ayotzingo, un verdadero puerto comercial situado al extremo del lago Chalco, podría llegar al centro de Tenochititlan. Por esta entrada era posible transportar mercancías provenientes de la tierra caliente de Morelos y Guerreros, como la de los valles de Puebla y Tlaxcala.

Los conquistadores españoles observan depósitos de agua dulce en medio de lagunas saladas y un conjunto ordenado de andenes y huertos cultivados, tanto en tierra firme como sobre el propio lago.

No menos sorpresa causó encontrarse con obras como el albarradón de Nezahualcoyotl, que dividía de norte a sur en dos cuerpos lacustres al lago Texcoco, formando hacia el occidente la llamada laguna de Méxica que circundaba a Tenochtitlan. Esta obra, se construyó con la finalidad de ejercer un mayor control sobre las subidas del lago Texococo y contener el flujo de agua salada.

No menos impresionante, fue conocer el doble acueducto de Chapultepec que permitía darle mantenimiento sin cortar el abasto de agua a la ciudad y los embalses que proporcionaban agua dulce a la capital mexica. Asimismo, el control de riadas tan sorprendente como la desviación del río Cuautitlán hacia el norte de la cuenca, que se hizo, para la protección de inundaciones y el uso del agua para riegos agrícolas.

La cultura maya

Otra de las culturas que alcanzaron su esplendor en el periodo anterior a los españoles, fue la cultura maya. Algunos pueblos mayas vivían en la selva, pero otros vivieron en zonas secas, donde el agua se obtenía de unos pozos naturales llamados cenotes.

Los mayas entendieron que en el cosmos, reinaban energías poderosas y que éstas se manifestaban en al naturaleza. El agua era una de las fuerzas directoras y el sostén primordial de la estructura del mundo. La divinización de este elemento y su simbolización, se constituyó en una poderosa manera de comprender y expresar lo cognitivo en el mundo. Se conformó en un medio de comunicación determinante para las comunidades mayas, porque así los dioses y los hombres podían entenderse y pactar acuerdos sagrados.

Cenote de la cultura maya

El tiempo, el maíz y el agua, transformados en los dueños del mundo, son una triada que obsesionó a los mayas,

Los mayas desarrollaron su propia técnica para aumentar la presión del agua. Una estructura del agua existente en la ciudad maya de Palenque, es el ejemplo más antiguo conocido en América. Se desconoce para qué usaban los mayas exactamente el agua a presión. Se pensaba que los sistemas de agua a presión habían aparecido en América con la llegada de los españoles. Diversos datos arqueológicos demuestran que los mayas del Palenque en el estado de Chipas, tenían conocimientos empíricos sobre canales cerrados de agua a presión antes de la llegada de los españoles.

La zona de Palenque fue poblada hacia el año 100 d. C, y se da su mayor progreso durante el periodo maya clásico, es decir, entre el año 250 y 600. Esta ciudad es abandonada hacia el año 800

En la estructura del acueducto de Palenque, destaca la combinación entre la fuerza de la gravedad y un estrechamiento del acueducto, que da como resultado un aumento significativo de la presión del agua. La utilización previsible de esta agua a presión fuera el de una fuente.

Cenote maya de la ruinas de Aké

Para entender el significado del agua en la cultura maya, es necesario saber que el cosmos estaba dividido en tres niveles, partiendo de la superficie terrestre como una plataforma inicial. Por encima de ella, se alzaban trece pisos celestiales, dispuestos como una pirámide, donde los primeros seis pisos que llevaban al séptimo en forma de plataforma y que lo enlazaba con los otros seis superiores que eran capas celestiales descendentes. Por debajo de la superficie terrestre, se tenían otros nueve niveles. El sol recorría esta estructura cósmica. El séptimo nivel correspondía al cenit, al llegar aquí iniciaba su descenso.

El dios propiamente del agua, era Chac. Su imagen es una figura humana caracterizada por tener una enorme nariz ganchuda.

Los chacs tienen a su vez a las ranas como sus voceros pluviales, ya que al croar invocan a los hacedores de la lluvia, para que vacíen sus aguas en los cultivos.

Todavía hoy, en las ceremonias de petición de lluvia, se colocan en los altares jarritos (pequeños recipientes de barro) con agua de los cenotes sagrados, porque se considera que esta agua es la más pura.

Como vemos el agua ha sido un factor fundamental en el desarrollo de las culturas precolombinas.

Las culturas precolombinas y el agua
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