jueves 22.08.2019
EDMUNDO FAYANÁS ESCUER

Desastres ecológicos mundiales

10.01.2011

La principal actividad del mar Aral era la industria pesquera, que proporcionaba más de 50.000 Tm. anuales, siendo la forma de trabajo de varias miles de personas. Con los planes quinquenales centralistas de la antigua Unión Soviética, se decide transformar las cuencas del Amú Dariá y del Syr Dariá en inmensos campos de producción agrícola a través de la irrigación.

EL MAR ARAL
El mar Aral, se encuentra situado en la zona centro-asiática de la antigua Unión Soviética. Era la cuarta superficie acuática interior del planeta, con más de 66.000 Km2, con una cuenca receptora superior a los 900.000 km2.

Dos son los grandes ríos que vierten sus aguas al mar Aral, el Syr Dariá y el Amú Dariá. El Syr Dariá es el río más grande de Asia Central con 3.078 km de recorrido (tres veces el Ebro), con una cuenca fluvial de 462.000 km2. En esta se encuentran las principales regiones productoras de algodón de Uzbekistán y diversos tipos de plantaciones en Kazajstán y Tayikistán.

El Amú Dariá nace en las montañas de Afganistán, recorriendo 2.620 km., pasa por Tayikistán, Turkemenistán y Uzbekistán.

La principal actividad del mar Aral era la industria pesquera, que proporcionaba más de 50.000 Tm. anuales, siendo la forma de trabajo de varias miles de personas. Con los planes quinquenales centralistas de la antigua Unión Soviética, se decide transformar las cuencas del Amú Dariá y del Syr Dariá en inmensos campos de producción agrícola a través de la irrigación.

Esta política desarrollista sin fundamento, ha provocado no el desarrollo de la zona si no una regresión de muy difícil solución. Con esta desmesurada práctica de irrigación, lo que se ha conseguido es que los afluentes del Syr Dariá no lleguen a él, pues sus aguas son utilizadas completamente para el regadío. Lo mismo ocurre en el río Amú Dariá, que en sus últimos 1.200 Km. han desaparecido sus afluentes.

Esta agricultura extensiva agresiva en recursos hídricos, que se impuso, ha sido practicada durante los últimos decenios por la Repúblicas centroasiáticas. El uso y abuso de las aguas de estos grandes ríos para el riego del llamado “oro blanco” (el algodón), está en el origen del desastre del mar Aral. En la década de los setenta y ochenta, se pusieron en producción más de siete millones y medio de hectáreas, que doblan la que toda España tiene en regadío. Esto ha provocado que sus humedales hayan descendido más del 85% de su extensión.

Las consecuencias de todo ello, son claras. Las aguas que vierten estos dos ríos al mar Aral son mínimas, creándose una situación muy preocupante. El mar Aral ya no tiene 66.000 Km2 de superficie, sino que se ha reducido hasta los 26.000 km2 y continúa descendiendo. Los tres millones y medio de habitantes que vivían en sus costas han visto desaparecer su modo de vida. Los 40.000 km2 de perdida de superficie de agua (casi la superficie de Aragón) se ha convertido en un desierto salino, de vida imposible y surcada por numerosos barcos varados y abandonados. Esto ha provocado una disminución considerable de la lluvia, que ha servido para deteriorar mucho más su situación.

El principal puerto pesquero que tenía el mar Aral era la ciudad de Aralsk, que hoy se encuentra a 80 km. de sus orillas. Existían 178 especies de peces y mariscos, actualmente apenas sobreviven 38.

Esta situación ha provocado consecuencias nefastas para la vida humana. Los ecosistemas han degenerado y han registrado un aumento de enfermedades graves: cóleras, tifus, gastritis y diversos tipos de cáncer.

Las enfermedades respiratorias, como el asma y la bronquitis, se han disparado. Un dato significativo, la mortalidad infantil es cuatro veces superior a la que se da en el resto de la ex Unión Soviética.

La multiplicación de las tormentas de polvo salino han transportado la sal del mar Aral a las tierras cercanas, convirtiendo en estepas improductivas decenas de miles km2.

He aquí, un ejemplo claro de falso desarrollismo económico, con gravísimas consecuencias para la vida humana. Como dice el refrán “el hombre es el único animal que tropieza más de una vez en la misma piedra”.

Para intentar solucionar la gravedad, que supone el desastre ecológico del mar Aral, se va a intentar arreglarlo parcialmente, con la construcción de un dique que separe el llamado Pequeño Aral en el norte y del Gran Aral en el sur. Este proyecto está financiado por el Banco Mundial con unos setenta y cinco millones de euros. La finalidad es que las pocas aguas que vierte el río Syr Dariá en el Gran Aral, donde se pierden por los problemas de evaporación, pase al Pequeño Aral. Con esto, se intenta al menos salvar parcialmente una parte del mar para posteriormente ir buscando una lenta pero continua recuperación del resto.

Este dique será de arena recubierta de conchas marina y rocas, para que pueda resistir las olas, se elevará en tres metros sobre el futuro nivel de las aguas del Pequeño Aral. Se calcula que en cinco años su nivel habrá crecido unos cuatro metros y se habrá recuperado unos 600 km2 (el 1% de la extensión originaria del mar). Posteriormente, se dejará pasar mediante esclusas el agua sobrante al Gran Aral.

Se realizarán obras a lo largo del recorrido del río Syr Dariá para lograr que aumente el flujo del agua que llega hasta el mar Aral.

Se piensa que con estas medidas disminuirá la salinidad de las aguas, lo que hará que aumente la cantidad y variedad de peces y mariscos que hay hoy en él, con lo que se intentará poner nuevamente en funcionamiento la industria pesquera. Por otro lado, se prevé un aumento de las lluvias, con lo cual la situación de los pozos artesianos mejorará. Todas estas soluciones deberán tener consecuencias positivas para la salud, con una disminución de los casos de cáncer, de esófago y estómago, causados por la alta salinidad de las aguas.

El aumento de las lluvias producirá una disminución de las tormentas de polvo y en consecuencia una disminución de las enfermedades respiratorias.

En el centro del mar Aral se encuentra la isla de Vozrozhdeniye. La cual, para completar el desastre ecológico, fue utilizada para que se enterraran, en 1988, centenares de toneladas de bacterias de ántrax. El ántrax fue puesto en barriles con lejía y enterrados en pozos a dos metros de profundidad. Quince años después, semejante cargamento aún muestran actividades, con esporas todavía vivas. El problema de la contaminación bacteriológica está claro y aumenta por el problema de desecación del mar Aral.


EL LAGO CHAD

La cuenca del Chad es un sistema hidrográfico que se extiende por más de 2.700.000 km2. En la zona norte de la cuenca se encuentran las regiones más áridas y semiáridas del Sahara. Los sectores meridionales y orientales están situados en las zonas de sabanas del Sudán, Camerún y la República Centroafricana, aunque también ocupan zonas de bosques tropicales en el sur.

La cuenca es compartida por varios países, de los cuales el que ocupa el área más extensa es Chad, que depende de la cuenca para la mayor parte de su producción agrícola y de la pesca. El centro de la cuenca está ocupado por el lago Chad que es una depresión lacustre cuya extensión es inundada varias veces al año por lluvias torrenciales.

Los principales afluentes del lago Chad son los ríos Chari y Logone, que nacen en las tierras altas del Camerún y República Centroafricana.

El río Chari proporciona unos 28.000 millones de m3 anuales y el Logone unos 12.000 millones de m3. Estos ríos inundan anualmente las llanuras aluviales y anegan las zonas cercanas al lago Chad. La región conocida como los Yaeres es el granero para la plantación del mijo y se utilizan los periodos de inundaciones para su plantación. También se practica la cría de ganado en la zona.

La pesca es una actividad importante para los habitantes del lago Chad que capturan un promedio de 80.000 Tm anuales de pesca en los ecosistemas acuáticos de la cuenca.

En la década de 1960, se aprueba un gran proyecto de desarrollo para la zona con financiación internacional. El propósito es asegurar un sistema de regadío para las tierras bajas del Chad: el Proyecto de Irrigación del Sur de Chad. Se suponía que el proyecto iba a utilizar el agua para reverdecer los desiertos y asentar las poblaciones y conseguir un desarrollo sostenido de esta región africana.

La planificación, que comenzó en el año 1962, fue realizada de forma irresponsable. El estudio hidrológico se realizó solamente en tres semanas, periodo de tiempo periodo irrisorio para el plan que se pretende llevar a cabo y la idea de utilizar otras fuentes hídricas fue desechada sin tenerla en consideración. Se suponía que el proyecto podía ser operativo a cualquier nivel del agua del lago, cosa fuera de la realidad como se ha visto posteriormente.

Las consecuencias de este proyecto irresponsable las vemos ya actualmente, en 1992, las zonas de toma están desprovistas de agua y muchas embarcaciones se encuentran abandonadas sobre la tierra a más de sesenta kilómetros de la orilla del actual lago. Cuatro mil kilómetros de canales permanecen secos y algunas aldeas que han sufrido inundaciones por las crecidas de 1960 se encuentran a casi 100 km de la costa. La situación se deteriora lentamente y no se espera que mejore en el futuro.

El lago Chad pierde dos metros de agua por evaporación todos los años y los caudales de los ríos Logone y Chari han disminuido a la mitad. En ambos casos, se relaciona no solamente con las variaciones naturales de lluvias sino más bien con la manera como es desarrollado e implementado el proyecto y en la visión no participativa y poco natural que lo inspiro desde el principio.

El problema actual es ¿qué hacer? La solución es complicada pues este desastre ecológico es prácticamente irreversible y es una vez más la constatación de la irresponsabilidad de muchos organismos financieros, entiéndase Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional que en la mayoría de los casos no sólo no ayuda al progreso sino que lo destruye para siempre con sus recetas.

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