jueves 04.06.2020
EDMUNDO FAYANÁS ESCUER

Conflicto judeo-palestino y agua

24.01.2011 

El agua es uno de los factores que más inciden en la vida del Oriente Medio y es uno de los problemas en el conflicto el judeo-palestino. Israel junto a los territorios conquistados en la guerra de los seis días, Gaza, Cisjordania y los altos del Golán disponen de unos 1.700 hm3 anuales de aguas renovables.

Un informe del Banco de Israel dice que el 37% del agua disponible, proviene del río Jordán y del lago Tiberiades, mientras que el resto procede de los acuíferos, destacando principalmente el acuífero de la Montaña, que se sitúa bajo la Sierra Central, atraviesa la región de norte a sur y el acuífero Costero. La Sierra Central constituye la principal área de reaprovisionamiento natural de agua de la región.

Israel explota al máximo sus recursos hídricos, con un 67% de sus aguas provenientes de fuera de las fronteras de 1948, básicamente de Cisjordania y los Altos del Golán, de ahí las dificultades que siempre presentan estos territorios en las negociaciones para su devolución a los palestinos y sirios.

La Ley de Aguas por la que se rige Israel procede de 1959. Establece que todos los recursos hídricos son propiedad pública y están destinados a las necesidades de sus habitantes y al desarrollo del país. Toda persona tiene derecho a recibir y usar los recursos que están bajo control y supervisión del Comisionado del Agua.

Actualmente, Israel y los territorios palestinos consumen unos 2.000 hm3 anuales, cuando sólo disponen, como hemos visto anteriormente de 1.700 hm3, generando un déficit hídrico anual de 300 hm3 que se cubre fundamentalmente con la sobreexplotación de los acuíferos de la zona y del río Jordán. ¿Cuánto tiempo puede durar esta situación?

Israel tendrá un déficit de 360 hm3, Jordania rondará los 200 hm3 y Cisjordania unos 160 hm3, en el año 2011. ¿De dónde va a salir el agua que se necesita?

La agricultura israelí.

Israel desarrolla una intensa actividad agrícola, siendo una de las más avanzadas del mundo. El 75% del volumen hídrico total que consume el país es para esta actividad, mientras que el 25% restante se distribuye en el abastecimiento de las ciudades y el consumo industrial.

En los últimos años, el consumo de agua por parte de la agricultura ha disminuido ligeramente, debido al alto nivel de desarrollo y modernización del regadío, mientras que se ha incrementado bastante el consumo urbano e industrial, debido al continuo crecimiento de la población y a su fuerte desarrollo industrial. Su eficiencia hídrica en la agricultura es muy elevada, por lo que conseguir la reducción de su consumo en este sector resulta actualmente ya muy complicado.

El Acueducto Nacional

Se pensó, en 1952, en la necesidad de poner en funcionamiento el llamado Acueducto Nacional, como forma de asegurar una correcta redistribución hídrica del país. Éste se hizo realidad entre 1960-1962, construyendo un sistema integral de captación de fuentes superficiales en el norte del país (mar de Galilea) repartiéndola por todo el país. El sistema cubre la demanda doméstica, agrícola e industrial con unos 1.000 hm3 anuales.

Se ha construido una compleja red de canalizaciones y conducciones por todo su territorio, con una longitud de 6.500 km y que en un solo día distribuye la misma cantidad de agua que se distribuía a lo largo de todo el año 1948.

El Acueducto Nacional tienes como principal función transportar el agua desde el lago Tiberiades a la región sur de Israel y el desierto del Neguev. Este acueducto recibe 400 hm3 anuales del lago Tiberiades, pero también 350 hm3 del acuífero de la Montaña y 250 hm3 del acuífero Costero.

El trasvase de agua desde la cuenca del Jordán en Cisjordania, hasta el lago Tiberiades o hacia el Acueducto Nacional, está suponiendo una reducción importante del volumen hídrico en Cisjordania. Israel desvía hacia la zona meridional del Jordán cursos salinos de agua que de otro modo contaminarían el lago Tiberiades.

El conflicto judeo palestino.

Israel necesita controlar las fuentes de abastecimiento del río Jordán y los acuíferos subterráneos de las localidades de Gaza y Cisjordania. La política hídrica de este país es uno de los asuntos geoestratégicos fundamentales para su subsistencia como país.

Los ríos Jordán, Hasbani y Litani son esenciales para la supervivencia humana en Israel, donde las precipitaciones no sobrepasan como media los 300 mm3/ anuales.

En 1967, después de la ocupación total de Cisjordania y la Franja de Gaza, Israel declaró de su propiedad todos los recursos hídricos. Por consiguiente, los palestinos tienen que obtener una licencia del ejército israelí antes de desarrollar cualquier infraestructura hídrica en su propia tierra.

Desde el año 1982, el control de todos los recursos hídricos de los palestinos paso a manos de la nueva autoridad israelí del agua, la Mekorot. Once años después, bajo el proceso de los Acuerdos de Paz de Oslo de 1993, se transfirió una responsabilidad parcial de los recursos hídricos de Cisjordania y Gaza a la Autoridad Palestina del agua. Sin embargo, Mekorot sigue controlando el 53% del suministro para uso doméstico en Cisjordania.

Palestina tiene recursos hídricos naturales tanto en superficie y subterráneos. Las aguas en superficie fluyen en forma de ríos permanentes y wadis (lechos fluviales que permanecen secos parte del año) o bien en reservas estacionales. El recurso principal de agua potable en Palestina es el agua subterránea.

El agua, como vemos, es una cuestión de seguridad nacional en Israel. Sus cerebros militares y los de sus vecinos musulmanes tienen muy presentes los recursos hídricos de la zona. Los Altos del Golán, los ríos Jordán, Yarmouk y Litani han pasado por las manos de los planificadores militares del país, antes de tomar cualquier decisión.

A principios de la década de los setenta del siglo pasado, Israel bombardeó sin previo aviso una represa siria en construcción que desviaba parte del agua de un afluente del río Jordán en las alturas del Golán, que iba a limitar la llegada de ésta a Israel. Después también bombardeó un canal que levantaba Jordania para aprovechar otro afluente del Jordán.

La denominada guerra de “los seis días” comenzó cuando Siria quiso desviar el río Hasbaya, afluente del Jordán. De esta forma, se apoderó de todas las fuentes de abastecimiento en Palestina que generan en total 80 millones de m3 de agua renovable, además de la cuota proveniente del río Jordán, estimada en unos 250 millones de m3.

En esta guerra, Israel se adueñó de las alturas del Golán sirio, donde se halla el lago Tiberiades y de la mitad de las riberas del valle del Yarmouk, cuyo río del mismo nombre, es el principal afluente del río Jordán. En total, el Estado judío controla 939 millones de m3 de aguas ubicadas en los territorios árabes ocupados.

El Líbano comenzó a modificar el cauce del río Hasbaní, en marzo de 2002, también afluente del Jordán, para la transformación de sus campos en regadío, teniendo que paralizarlo ante la amenaza de una intervención militar israelí.

El reparto que se hace de ella entre la población, es bastante desigual. En los Altos del Golán, los colonos israelíes hacen un uso indiscriminado, a la vez que se imponen restricciones a los habitantes no judíos de la zona, a los que se les impide excavar pozos para su propio consumo.

El precio que se establece para el agua, es diferente dependiendo de que se trate de colonos israelíes o palestinos. A los palestinos se les obliga a pagar cinco veces y media más que a los israelíes.

La realidad es muy dura. Existen unos 200.000 palestinos viviendo en Cisjordania, que no disponen de agua corriente. El acuífero de Gaza aumenta continuamente su salinidad y contaminación, como consecuencia de las aguas residuales sin tratar, que se producen en todo el territorio, por el uso masivo de fertilizantes procedentes de la agricultura intensiva israelí, que está poniendo en peligro los suministros futuros de agua, incluida el doméstico.

Los palestinos de Gaza, pagan 1,2 dólares el m3, mientras que los colonos israelíes sólo 10 centavos de dólar el m3.

La asignación de agua a los habitantes de Gaza y Cisjordania es de 40 litros al día. Los miles de colonos judíos llegados a la zona se les asigna entre 450/500 litros diarios. Además, 250 comunidades de un total de 650 ciudades, poblados o campamentos palestinos como Jenin y Tamnun no disponen de redes hídricas y los pozos que se abren están prácticamente salinizados por la explotación indiscriminada.

En el conflicto judeo-palestino subyace una problemática claramente medioambiental, como es la inexistencia de los recursos hídricos necesarios en toda la zona para los usos que actualmente se desarrollan en ella. Durante décadas los israelíes han basado su desarrollo en la disponibilidad de unos recursos hídricos muy superiores a los que les corresponden, tanto a nivel territorial como de población.

Esta es una región con un aumento continuo de demanda de agua por lo que la desalación puede ayudar. En este sentido, la comunidad internacional con su apoyo económico a este tipo de soluciones favorecerá una solución de este enquistado conflicto.

El muro de la vergüenza que están levantando los judíos, tiene muy en cuenta la situación de los acuíferos de Cisjordania para así asegurarse el agua. El trazado de éste confisca recursos hídricos palestinos. El 70% del área de recarga del acuífero del Oeste quedará aislada entre el muro y la línea verde y caerá bajo control israelí.

En la parte norte de Cisjordania el muro actúa como una presa de hormigón reteniendo el agua e impidiendo que fluya hacia el oeste, provocando inundaciones en las áreas cercanas. Los asentamientos localizados sobre recursos hídricos serán anexionados a Israel una vez se complete la construcción del muro.

La actual división de agua entre Israel y Palestina viola los derechos de los palestinos y contraviene las leyes internacionales del agua. Los palestinos deben tener una asignación razonable y equitativa de recursos compartidos de agua potable, incluyendo los de los cuatro principales acuíferos y los del río Jordán.

El fundamento principal de la ley internacional para la división de las aguas compartidas entre Estados es el principio de equidad y uso razonable.

El artículo 6º de la Convención de las Naciones Unidas sobre la Ley de Usos no Navegacionales en Aguas Internacionales, enumera siete componentes claves de este principio, incluyendo las necesidades sociales y económicas para el uso de los recursos hídricos, la protección y el desarrollo de los recursos, la conservación y la disponibilidad de alternativas para el uso planificado o existente del agua.

El artículo 43 de las regulaciones de La Haya de 1907, prohíbe a un Estado ocupante cambiar la legislación que estaba en vigor antes de la ocupación.

La solución al conflicto judeo palestino pasa inevitablemente porque el tema del agua se solucione. Es imprescindible que se deje de sobreexplotar el acuífero de Gaza y esta carencia se supla por medio de la desalinización. En Cisjordania es necesaria una nueva redistribución del agua entre judíos y palestinos, haciendo que aumente la asignación a los palestinos y se disminuya a los judíos, pasando de los 25 millones de m3 actuales que reciben los palestinos a los 100 millones de m3. Se necesita reconocer que la crisis hídrica no es tanto de carencia como de una distribución equitativa.

Los acuíferos.

La sobreexplotación de los acuíferos, tanto de Gaza como de Cisjordania, produce su salinización progresiva. Este deterioro ambiental es previsible que se acentuara en el futuro como consecuencia del incremento continuo de extracción de agua para el consumo.

Israel controla todos los acuíferos de Cisjordania, razón para ellos suficiente, como estamos viendo, para no devolver esta zona a los palestinos. En 1995, seguía habiendo bastante confusión en torno a la capacidad hídrica existente en los acuíferos. Los científicos opinan que con una distribución más equitativa hay agua para todos, pero no se acepta está realidad por parte del gobierno israelí.

Solamente el 30% del agua de la región está en la superficie. Las aguas subterráneas de los acuíferos de la Montaña. Del Este y del Costero, representan el 70% restante. El acuífero de la Montaña es el mayor de los tres y da a Israel un 25% de su aporte total de agua.

La cuenca del acuífero del Este contiene otros más pequeños, todos ellos en Cisjordania, donde son utilizados a través de pozos perforados, utilizándose en un 90%, para el abastecimiento de la zona.

El acuífero de Gaza está explotado fuertemente desde hace mucho tiempo, no sólo por los refugiados palestinos sino sobre todo por los colonos judíos que la extraen desde fuera de la propia Gaza, como hemos visto anteriormente. Este acuífero ya está en crisis, pues se le extrae más agua de la que se le repone. Esta sobreexplotación origina la penetración de agua del mar, empezando a ser complicado su utilización por la salinidad que provoca está mezcla, tanto para su uso agrícola como para el consumo. Además que presentan sus aguas fuertes niveles de contaminación debido al masivo uso de pesticidas e insecticidas y la falta de depuración de sus aguas residuales.

El río Jordán

El descenso del caudal del Jordán causa un grave deterioro en el mar Muerto, puesto que cada vez le aporta un menor caudal hídrico. Este mar se encuentra a 300 metros por debajo del nivel del mar Mediterráneo.

El río Jordán es la clave y eje vertebrador del sistema hídrico israelí, teniendo su nacimiento en tres ríos: El Hasbani nace en Siria y tiene al menos parte de su curso en el Líbano. El Dan y el Banyas nacen en los Altos del Golán, ocupados desde 1997 y anexionados en 1981.

El curso inferior del Jordán recoge el agua de fuentes y escorrentías de Cisjordania y del río Yarmouk que también nace en Siria, el cual bordea Jordania, Siria y los Altos del Golán, desembocando en el puente de Adán, en el río Jordán.

Hay una toma de agua del río Jordán con el que se abastece el trasvase que la lleva a Tel Aviv y a la zona costera. Este trasvase ha tenido unas consecuencias ecológicas muy importantes debido a que ha provocado una gran disminución de su caudal. En 1953, el caudal del Jordán era de 1.250 millones de m3. Ahora, escasamente llega a los 200 millones de m3. A parte de este descenso del caudal, el agua está muy deteriorada pues contiene niveles de minerales muy superiores a los que se consideran normales en Europa y en Estados Unidos.

El valle del Jordán es una cuenca de drenaje internacional, una forma natural definida por el ordenamiento jurídico internacional. No puede usarse unilateralmente pues se necesitan acuerdos entre las partes interesadas en su cuenca. Israel la utiliza en exclusividad basándose en su fuerza militar y en el apoyo norteamericano, sin que la comunidad mundial haga nada por restablecer una situación de justicia con los palestinos y con los países circundantes.

Este gran abuso de las aguas del río Jordán tiene unas graves consecuencias medioambientales que pueden ser terribles para un futuro no lejano. El mar Muerto al recibir una menor cantidad de agua se deteriora continuamente y va a complicar la climatología de la zona, pues deja de ser factor fundamental en el microclima que se disfruta en la zona.

El mar Muerto

Este mar está agonizando. Su nivel desciende un metro cada año. Los países ribereños ávidos de agua dulce son voraces con ésta y las muy rentables explotaciones de potasio ayudan al continuo descenso del nivel del mar.

El terreno comenzó a hundirse en la década de los ochenta. Súbitamente, enormes y pequeñas hondonadas comenzaron a aparecer en la orilla del mar. Hoy son más de 1.500 hondonadas, que tienden a unirse y expandirse amenazando la estabilidad de carreteras, hoteles e infraestructuras.

La sobreexplotación de los ríos de la cuenca del Jordán que nutren este mar sin vida es la causa de todos sus males. En la década de 1970 eran 1.700 Hm3 de agua dulce los que se vertían anualmente en el mar Muerto y su superficie era de 1.000 km2. Actualmente su superficie se ha reducido ya a 650 Km2. Israel consume el 45% de las aguas del Jordán, Jordania el 34%, Sira el 20% y Líbano el 1%.

Más de diez mil obreros trabajan alrededor del mar en la extracción de sal, y sobre todo potasio, empleado para la fabricación de fertilizantes. Este es un negocio próspero y un obstáculo que habrá que salvar para regenerarlo. Cuanto más salino es el mar, más fácil les resulta a las fábricas obtener el potasio, en consecuencia cuanto peor este su agua más favorable es para los intereses de las fábricas.

Tanto Israel como Jordania diseñaron hace años con la ayuda del Banco Mundial, un gran trasvase de agua salada hacia el mar Muerto donde se procedería a su desalación. El proyecto significa dotar a la zona de unos 800 Hm3 de agua dulce para la zona y verter 1.600 Hm3 de aguas de salmuera, con lo que solucionarían el problema del agua dulce de estos países y de paso la situación del mar Muerto. Presentan dos alternativas.

La primera alternativa tomaría el agua en el mar Rojo y a través de un trasvase de 180 km a lo largo de la frontera jordano israelí por medio de tuberías llegaría al mar Muerto. Este trasvase significa que se tienen que poner de acuerdo Israel con otros países árabes, lo cual crea serias reticencias en los judíos. Algunos países ribereños del mar Rojo como Arabia y Egipto plantean serias objeciones a este proyecto.

La segunda alternativa es tomar el agua en el mar Mediterráneo, con una distancia más corta, 120 Km y sin tener que negociar con nadie, pero esta alternativa cuenta con la oposición de Jordania pues hace que todo el poder del agua esté en manos de Israel. Este trasvase pasa por el valle de Arava, que es una zona con fuerte sismicidad y que puede producir grandes filtraciones de agua salada que contaminarían los acuíferos de agua dulce. El coste de este proyecto tiene un coste de 6.000 millones de euros.

La desalanización y otras alternativas

El gobierno israelí dentro de su política de lograr un abastecimiento diversificado y de cubrir sus carencias hídricas está potenciando fuertemente los procesos de desalinización, como el que está desarrollando en Askaleon, con un precio que empieza a ser competitivo a través de empresas francesas. Dicho gobierno declaró, el periodo del 2002-2005, como años de ahorro de agua y sus resultados cabe calificarlos como positivos,

Además de la desalación, el gobierno israelí junto con empresas privadas, desde 1989, ha estudiado la posibilidad de importar agua de Turquía. La oposición de algunas naciones musulmanas y el temor de sectores israelíes a la dependencia hídrica de un país musulmán, han frenado el proyecto en reiteradas ocasiones. Se preveía la venta de agua procedente del río Manavgat a Israel.

El agua en los Altos del Golán

La región del Golán es ocupada por Israel en junio de 1967. Se fuerza a más de 131.000 personas de la región a abandonar su casa y sus tierras.

El Consejo de seguridad de la ONU, en diciembre de 1981, aprueba la Resolución 497 que dice “la adquisición de territorio por la fuerza es inadmisible…la decisión de Israel de imponer sus leyes jurisdiccionales y administración en los Altos del Golán ocupados es nula y no tiene efecto legal a nivel internacional”.

Posteriormente, hay varias resoluciones más en el mismo sentido, pero Israel incumple todas y la comunidad internacional CALLA.

La perforación de fuentes y pozos fue prohibida a mediados de la década de los setenta. El lago Ram, que tiene unos tres millones de m3 de agua por año y que se utiliza tanto para la ganadería como para el riego local fue confiscado por los israelíes y sus aguas fueron canalizadas hacia los asentamientos judíos.

Para conseguir agua los agricultores sirios levantaron tanques de hierro para poder guardarla. Sin embargo, las autoridades israelíes los prohibieron y procedieron a su destrucción.

En el tema del agua, destaca el uso que de los Altos del Golán hace la empresa israelí Eder Spring que extiende todos sus negocios de agua por toda Europa y en consecuencia debe denunciarse a todas las compañías europeas que mantienen negocios con esta empresa y son cómplices de las violaciones de la ley internacional.

CONCLUSIÓN

Como vemos, el problema del agua es fundamental en este conflicto. La solución del conflicto pasa necesariamente por una gestión conjunta de dichos recursos existentes en la región por parte de Israel, Palestina, Líbano, Jordania y Siria bajo la supervisión de la ONU, de forma que los israelíes se comprometan a unificar el precio del agua para todos los ciudadanos indistintamente de su procedencia, así como a disminuir sustancialmente su actual consumo para equilibrarse con el resto. Por ello, se precisa la intervención de organismos internacionales, por ejemplo apoyando económicamente proyectos de desalación que provoque un aumento del agua dulce en la región exigiendo al mismo tiempo un reequilibrio de su uso entre judíos y palestinos de forma sostenible y sobre todo justicia con el pueblo palestino.

Conflicto judeo-palestino y agua
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