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lunes. 08.08.2022
peuperismo

Las condiciones laborales fabriles se tornaron durísimas frente a las existentes en el gremio o la manufactura real: bajos salarios, nula cobertura ante los riesgos derivados de la vida o del mercado laboral

@Montagut5 | Las extremadamente duras condiciones laborales y de vida que padecieron las clases trabajadoras, derivadas de la Revolución Industrial generaron un fenómeno de pauperismo con muy pocos paralelismos en la Historia. El desarrollo que imprimieron los cambios en la estructura de la propiedad, en la tecnología y en las relaciones entre los medios de producción transformaron la realidad de la vida de los europeos de forma radical.

Antes de los cambios de todo tipo que hemos expuesto, las diferencias sociales eran, por su supuesto, considerables, además de basarse también en la desigualdad jurídica. La economía preindustrial generaba periódicas crisis de subsistencias provocadas por la estructura feudal o tardofeudal de la propiedad de la tierra, el consiguiente atraso tecnológico con sus bajos rendimientos conjugados con la meteorología adversa, las epidemias y las guerras, provocando malas cosechas, elevaciones de precios, hambre y mortalidades catastróficas. Esas crisis terminaban repercutiendo en la industria artesanal urbana y en el comercio, fomentando la miseria y las situaciones de intensa calamidad. Pero en el Antiguo Régimen existían mecanismos que intentaban mitigar estos efectos, aunque con resultados desiguales, y que funcionaban a través del control económico de los Estados (acumulación de granos, tasas en los precios, ordenanzas de todo tipo), la labor asistencial de las Iglesias y la cobertura gremial. Todo esto sufrió un duro embate con la llegada del Estado liberal y la filosofía contraria a la intervención entre el capital y el trabajo, unido al desmantelamiento de las instituciones de caridad eclesiástica, especialmente del mundo católico, por asfixia económica derivada de los procesos desamortizadores, aunque se estableciera la igualdad ante la ley.

Las condiciones laborales fabriles se tornaron durísimas frente a las existentes en el gremio o la manufactura real: bajos salarios, nula cobertura ante los riesgos derivados de la vida o del mercado laboral. Eso fue acompañado por unas condiciones de vida completamente insufribles: viviendas insalubres, escasa y nada variada alimentación, aumento del alcoholismo, sin olvidar la explotación de los niños y de la mujer al implantarse el discurso y la práctica de la división sexual del trabajo. Cuando se producía una crisis económica de nuevo cuño, es decir de superproducción, unidas a los coletazos de las antiguas, el panorama adquiría características dantescas.

Ya en pleno proceso de cambio productivo algunos teóricos de la economía política fueron conscientes de lo que estaba ocurriendo. En este sentido, es fundamental la figura de un hijo, eso sí crítico, del liberalismo económico. En efecto, Sismondi en 1827 afirmaba que la producción aumentaba mientras el bienestar disminuía. Era la formulación de la contradicción de un nuevo sistema económico antes de que la formulara Marx de forma exhaustiva. Los nuevos adelantos tecnológicos generaban un vertiginoso aumento de la riqueza, nunca visto en toda la historia de la humanidad, pero, en contraposición, aumentaba el número de personas que caían en una situación que rozaba la indigencia, a pesar de ser ellos los que creaban dicha riqueza. Pero, además, se daba la circunstancia de que, precisamente por las transformaciones productivas las crisis ya no eran de subsistencia, sino de superproducción, es decir, ya no se padecía carencia de alimentos y, además, había significativos avances médicos, pero los trabajadores no podían acceder ni a unos ni a otros.

La constatación de la novedad de este grave problema llevó a los primeros intelectuales sensibles, muchos de ellos en el seno del socialismo utópico, a plantear la cuestión en términos económicos, aunque con gran carga moral, para intentar comprender cuáles eran los mecanismos que provocaban que la organización económica y social no funcionaba adecuadamente, y de qué manera se podían solucionar para evitar el verdadero desastre que padecían amplísimas capas sociales de la nueva era industrial. Posteriormente, nacería una teoría, el materialismo histórico, que hizo un análisis riguroso de la realidad, y planteó una alternativa.

El surgimiento del pauperismo