lunes. 27.05.2024

Este año se celebra el 700 aniversario del martirio por musulmanes del “beato” Ramón Lluch, un sabio universal. Desde el 2001 se considera a Ramon Llull como el patrón de los informáticos en España, celebrando su fiesta el 27 de noviembre, por anticipar en sus obras filosóficas la lógica como cálculo mecánico con símbolos aplicados en método binario.

Hay personajes en nuestra historia de las Españas que como no son populares por haberse dedicado a la ciencia y no a otros menesteres menos provechos y más estúpidos, y haber promovido la concordia entre los pueblos a través del conocimiento, están olvidados o son recordados únicamente en ambientes selectos o instituciones que aun bautizadas con su nombre, muchos no saben quiénes fueron ni qué hicieron. Uno de estos sabios es el mallorquín, Raimundo Lulio, o como se le quiera llamar, conocido como el “doctor iluminado”, entre otros calificativos que resaltan su grandeza y su sabiduría. 

Nacido en Mallorca, perteneciente entonces a la Corona de Aragón, alrededor de 1232 y muerto en 1315, su fiesta se celebra el 27 de noviembre, aunque no sea reconocido por la iglesia como santo. Mallorca era entonces una encrucijada y crisol de tres culturas, la cristiana, árabe y “judeo-catalana” (conocida como “chueta”, propia de Mallorca con la que pretendió acabar la Inquisición). Ramón Llull pertenecía a la sociedad más o menos pudiente, culta y viajera, y como tal dominaba las cuatro lenguas además del occitano, una de las lenguas más antiguas del romance.

Entró de joven a formar parte de la corte del rey de Aragón con Jaime I y luego con Jaime II, del que fue su preceptor cuando era infante. Durante estos años de juventud ya destacó en la corte aragonesa por su chispeante inteligencia y por la composición de canciones picarescas, de amor, tramas, historias y cortejos, que cedía a los trovadores y juglares para que las cantasen por cortes y castillos. Se casó, y tuvo descendencia, pero por unas visiones que tuvo durante varias noches seguidas de Cristo en la cruz, vendió su fortuna, legó su patrimonio a la familia a la que abandonó para hacerse monje franciscano, no sin antes haber pasado una temporada como ermitaño dedicado a la meditación, y profesó como franciscano con los votos perpetuos de pobreza, castidad y obediencia. Además de su labor como misionero entre musulmanes, se dedicó a escribir, experimentar y predicar el evangelio por los caminos y monasterios conforme a las enseñanzas de san Buenaventura.

Entró en contacto, cuando estuvo con el rey Jaime II en  Montpellier con  la famosa escuela alquimista de esa ciudad en la que formaba parte destacada su amigo y maestro en esos experimentos, el médico Arnau de Vilanova, nacido en Valencia, con el que trabó gran amistad. Este médico, que había escrito el tratado “Regimen Sanitatis”, era médico personal de los Papas Bonifacio VII y Clemente V, pero además era filosofo y alquimista. Fue él quien introdujo en esas materias al  misionero franciscano que se convirtió en su discípulo más destacado.

Llull, como Vilanova forma parte de esa lista de sabios que tratan de unir los conocimientos de las tres culturas imperantes en las Españas de la Edad Media: la cristiana, la judía y la musulmana; que consideraron la alquimia como una ciencia antes que como magia. Entre esos sabios, Ramón Llull destaca además por su afán de acercar no sólo la fe en el Cristo crucificado, sino también la ciencia al pueblo a través de la escritura en lengua vernácula, fuera ésta o no culta, como era considerado entonces el latín.

SABIO PRECURSOR DEL RENACIMIENTO

Llull es un personaje singular de la Edad Media y de cualquier época que le hubiera tocado vivir, tanto por su sabiduría como por sus incesantes viajes por Asia, Europa y África en contacto con la gente llana y con sabios y mercaderes, que le hicieron admirar y aprender de culturas diferentes, algo que formaba parte de su educación y personalidad, y que le sirvieron para enriquecerse y valorar las diferencias culturales y regionales, así como le servían de acicate para sus investigaciones y “ensayos”, denominados en su tiempo “tratados”. Filósofo, teólogo y místico, muy relacionado con los musulmanes a los que, lejos de considerarlos como competidores, adversarios religiosos o invasores (hoy se podría añadir lo de “fundamentalistas y terroristas”), veía como hermanos, mostrándose además admirador de su ciencia y sus adelantos en medicina, astronomía y artilugios que hacían la vida más agradable, así como su sentido de la poesía y la convivencia. El pensamiento musulmán (y en alguna forma, el judío) influyó ciertamente en sus obras, algunas cercanas a la mística sufí. De ahí que se le considere como el primer investigador cristiano que introdujo los misterios de la Cábala en su filosofía, importada a Europa por Moisés de León, rabino y sabio sefardí nacido en Guadalajara y muerto en Arévalo, contemporáneo de Llull aunque un poco mayor, con el que también entabló contacto.

Interesado por todas las ciencias, no es de extrañar que le atrajera también la alquimia, que tanto interés despertó en el hombre medieval tratando de encontrar la piedra filosofal, el elixir de la eterna juventud o la conversión del plomo en plata y oro.

En su extensa producción literaria y tratadista de variados temas, encontramos desde una novela, Blanquerna (1283), que contiene el Llibre d'Amic e Amat (Libro del Amigo y Amante), a otras de carácter doctrinal, como el Llibre de les Maravelles (1287-1288), dos obras narrativas extensas, a obras filosóficas escritas en latín: Ars magna primitiva y Arbre de Ciència, como otras dedicadas a temas de teología y medicina.

Escribió casi trescientas obras, incluida la novela citada, la mayoría consideradas tratados sobre materias tan dispares como las enseñanzas o consejos de buen caballero, juegos de mesa, entre ellos, el ajedrez, tratados de filosofía y teología, de química y medicina, así como obras de lo que hoy llamamos ciencias ocultas, entre ellas la alquimia, que tantas controversias ha levantado en todos los sectores, no sólo científicos sino religiosos. La mayor parte de su obra está está escrita en mallorquín, latín y árabe, sin olvidar el occitano, donde tiene un cierto número de obras rimadas.

Tanto por la categoría de su pensamiento, por su obra y estudios prácticos, así como por la invención de algunos misteriosos artilugios, se puede considerar a Ramón Llull como un adelantado de su tiempo, precursor del hombre del renacimiento en plena Edad Media, tan mediatizada por la idea de Dios y tan contraria a la ciencia como opuesta a la fe. En este aspecto también Ramón Llull es todo un humanista, de hecho sus obras han ejercido cierta influencia en el humanismo posterior.

Ramón Llull, aparte de asistir a varios concilios, como misionero recorrió gran parte de Europa y del mundo árabe en el norte de África. Entre sus ideas hubo algunas que llegaron a ser realidad, y otras quedaron en proyecto como la de iniciar una nueva Cruzada o crear colegios donde se enseñase a los misioneros el hebreo y el árabe, para evangelizar en lenguas vernáculas. Se le considera amigo y admirador de los Templarios, a cuya bula papal para su condena se hubiera opuesto, porque Llull, como los Templarios estaba a favor de seguir con las Cruzadas para implantar definitivamente el reino de Dios en Tierra Santa, amenazada por el islam.

En uno de sus últimos viajes por Túnez escribió Liber de Deo et de mundo ("Libro acerca de Dios y el mundo") y Liber de maiore fine intellectus amoris et honoris ("Libro acerca del fin mayor de la inteligencia: el amor y el honor"). Ambas están fechadas en diciembre de 1315 y serían sus últimas obras.

Su predicación por tierras musulmanas le costaría la vida, y aunque no se conoce la fecha con certeza, se cree que Ramon Llull murió martirizado en junio de 1315, en Bujía, hace este año siete siglos, cuando regresaba de su viaje a Túnez camino de su tierra natal. Algunos historiadores afirman que fue linchado por una turba de airados musulmanes. Sus restos yacen en la iglesia del Convento de San Francisco de Palma de Mallorca, y en estas tierras es venerado como santo.

PATRONO DE LOS INFORMÁTICOS

Sus teorías y escritos influyeron entre otros en Montaigne, Pascal, Descartes, Leibnitz,  Giordano Bruno, y sobre todo en Newton, con el que se emparenta por su mismo interés en la alquimia. Su interés y estudios en esta controvertida materia es uno de los mayores inconvenientes por los que Ramón Llull no ha sido canonizado por la Iglesia Católica, que con tanto recelo mira esta antigua faceta de la química. No obstante, en Mallorca se le venera como tal y en muchas otras partes se le rinde devoción como “beato”, reconocido así por la Iglesia, preámbulo de la santificación.

Fernando Domínguez Reboiras y Ernest Ludist entre otros, al analizar su obra, dicen: “Ramón Llull... es el primer gran autor literario polifacético de la historia de las letras catalanas... Utilizó el catalán para su primera obra monumental, el Libro de Contemplación, de género mixto, entre la literatura y el tratado, equiparable a una enciclopedia. En catalán redactó un texto de polémica religiosa, el Libro del Gentil, compilaciones de proverbios; un tratado de medicina y uno de astronomía, libros de filosofía y de lógica, y el Árbol de Ciencia, que se presenta como una vía dinámica de acceso a todas las ramas del saber. La utilización del catalán para la difusión de la ciencia está bastante documentada en la Corona de Aragón en los siglos XIV y XV...”

Desde el 2001 se considera en España a Ramon Llull como el patrón de los informáticos, celebrando su festividad el 27 de noviembre, por anticipar en sus obras filosóficas la lógica como cálculo mecánico con símbolos aplicados en método binario, reminiscencia del antiguo positivo-negativo, los métodos heurísticos de la Inteligencia Artificial, las redes semánticas, etc. Una buena forma de rescatar del olvido a uno de nuestros mayores sabios y ponerle a la altura conforme a los adelantos e innovaciones de los tiempos.

Ramón Llull, el doctor iluminado