Nuevatribuna

El PSOE y la abdicación del káiser

Ahora los socialistas españoles se declaraban germanófilos, pero del pueblo alemán, no como en la contienda, porque había sido capaz de expulsar al káiser.

Hindenburg, Guillermo II (centro) y Ludendorff estudiando posiciones en un mapa militar
Hindenburg, Guillermo II (centro) y Ludendorff estudiando posiciones en un mapa militar

La hora de la paz. Se hundió el último imperio. El fin de las Monarquías. ¡Viva el pueblo alemán!

El 9 de noviembre de 1918 el canciller alemán, el príncipe Max Von Baden, anunciaba al mundo la abdicación del káiser Guillermo II, un hecho que desencadenaría una sucesión de acontecimientos que desembocaría en el fin del II Reich, el armisticio y el inicio de una intensa etapa histórica en Alemania, con revolución incluida y llegada de la República de Weimar. Todo este proceso histórico fue seguido con atención por los socialistas españoles a través de El Socialista, una inagotable fuente para entender al socialismo español en su Historia. Y no sólo por la importancia de lo que estaba ocurriendo en el mundo, sino por las implicaciones que pensaban podían tener en España en relación con la caída de la Monarquía, una inquietud, aunque de signo contrario que compartir con el rey Alfonso XIII, que estaba viendo lo que pasaba en el mundo con las testas coronadas, temiendo un giro revolucionario en España que le hiciera perder su trono, un factor a tener en cuenta en la deriva autoritaria del monarca a partir de entonces.

En el número del día 10 de noviembre El Socialista publicaba en la primera página la noticia de la abdicación con opinión bajo el título de “La hora de la paz. Se hundió el último imperio. El fin de las Monarquías. ¡Viva el pueblo alemán!”.

El artículo comenzaba con una frase contundente referida a que ya podía afirmarse que el siglo XX sería el siglo del socialismo. El fin que conducía a la guerra se asimilaba al fin futuro del capitalismo que, por el momento, adoptaría un aspecto democrático como última defensa, para después triunfar las aspiraciones obreras, con el triunfo del proletariado. No olvidemos que el derrumbe del Imperio alemán desencadenaría un proceso revolucionario, aunque, como sabemos, abortado.

Ahora los socialistas españoles se declaraban germanófilos, pero del pueblo alemán, no como en la contienda, porque había sido capaz de expulsar al káiser

Este cambio que se estaba verificando no se habría podido poner en marcha si hubiera triunfado el káiser, con el apoyo del Imperio austro-húngaro. Eran residuos medievales barridos por una guerra donde se había enfrentado la democracia contra la barbarie. No olvidemos que, a pesar del mantenimiento por parte de algunos líderes socialistas españoles del más estricto pacifismo internacionalista, el PSOE tendió siempre, como planteó el propio Pablo Iglesias, hacia una clara defensa de la causa aliada, como sinónimo de democracia frente al autoritarismo de los Imperios centrales.

Se había puesto en marcha una ráfaga que estaba derribando a todas las monarquías, una cuestión sobre la que se insistió mucho en el periódico en esos días. Y se pensaba que también le estaba llegando la hora a la española. No podía quedar en pie ninguna Corona. La realeza era un estorbo, incluido para el propio capitalismo, que ya no la necesitaba para crear un sistema nuevo democrático, pero que era considerado por los socialistas como transitorio.

Ahora los socialistas españoles se declaraban germanófilos, pero del pueblo alemán, no como en la contienda, porque había sido capaz de expulsar al káiser. Al igual que se había criticado al ejército alemán por sus crueldades en la guerra, ahora se saludaba al ejército del pueblo alemán porque se había unido a éste para triunfar sobre sus propios enemigos y los de la Humanidad. El periódico consideraba que, en cambio, los militares españoles, germanófilos hasta el presente, evolucionarían en sentido contrario, pero eso no importaba porque se esperaba que en un día no muy lejano las circunstancias les pondrían en un momento parecido. La lección que se desprendía de lo que estaba ocurriendo se aprendería en España por el pueblo.

Los socialistas no recomendaban prudencia a la Monarquía española, aunque prudente sería que siguiese las huellas del káiser.