viernes 03.04.2020

Hamelín, una ciudad de cuento

Hamelín, una ciudad de cuento

Quiere acompañarme a conocer esta ciudad alemana de cuento.


Hamelín es una de las localidades que forma parte de la interesante ruta del cuento de los hermanos Grimm y se encuentra en la región de la Baja Sajonia alemana situada a las orillas del río Weser. Cuenta con una población de unos 58.000 habitantes. Hamelín está rodeada por las colinas de Weserbergland y tiene un entorno natural magnifico.

Hamelín es conocida por el cuento de los hermanos Grimm “El flautista de Hamelin”. También porque fueron ejecutados los asesinos condenados en el juicio de Bergen / Belsen por crímenes contra la humanidad tras la Segunda Guerra Mundial.

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Los primeros restos arqueológicos datan de la Edad de Piedra. Se trata de asentamientos muy primitivos. No se sabe con seguridad cuando se construyeron las primeras estructuras de la aldea.

Si seguimos los escritos del monje benedictino Rekanbert, las primeras construcciones de la ciudad son del año 790. Como es frecuente en la Edad Media, el desarrollo de la ciudad se dio en torno a las edificaciones eclesiásticas. Se construyó en el siglo XII una fortificación en forma de una muralla de unos nueve metros de alto, con sus respectivas torres y portales para proteger la ciudad de los posibles ataques que en aquellas épocas eran muy frecuentes.

Entre los años 1426 y 1572, Hamelín estuvo asociada a la poderosa Liga Hanseática, que provocó un gran desarrollo económico y comercial. Debemos destacar que en el año 1540 se instituyó la Reforma Evangélica en la ciudad.

En el siglo XVI, Hamelín tuvo una gran bonanza económica que solo se vio frenado por la Guerra de los Treinta Años. Es en el siglo XVI cuando se produce la construcción de los edificios más suntuosos de la ciudad, que forman parte del actual casco histórico y le permite mostrar su encanto actual.

A lo largo de la Edad Moderna se siguió haciendo construcciones militares para defender la ciudad. De esta época data la Fortaleza de Hamelín y su primera fase de construcción fue concluida en el año 1684.

Hamelín es conocida como “La Gibraltar del norte” por lo dificultoso que suponía poderla conquistar. Estaba rodeada de murallas y en ellas había veintidós torres que servían para hacerla muy difícil de conquistar. Actualmente sólo se conservan dos, Haspelmathturm y Pulverum.

En el año 1866, Hamelín dejó de estar bajo el dominio de la Casa de Welfs, después de setecientos años de dominio, para convertirse en parte de Prusia. Fue en el año 1923 cuando se convirtió en “ciudad libre”, que significa que disponer de privilegios administrativos y burocráticos, que permitirán un amplio desarrollo económico y social de la ciudad. Con la reforma administrativa realizada en la Baja Sajonia dejó de serlo en el año 1972.

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La ciudad tuvo la fortuna de no haber sufrido daños devastadores durante la Segunda Guerra Mundial por pate de los aliados, como si sucedió en numerosas ciudades alemanas, lo que nos permite ver en todo su esplendor la ciudad.

Las calles de Alte Markstrasse y Neue Martstrasse tienen una gran exaltación de la belleza y han sido ampliamente reproducidas por pintores conocidos. Entre estas calles hay una gran rivalidad entre sus habitantes donde quieren que se aprecie la ostentación y las ganas de aparentar de los ricos comerciantes o burgueses de la época, que habitaban en Hamelín en esa época. Por eso, estas dos calles están dotadas de los más bellos edificios.

En Hamelín cada casa tiene un cartel que indica a quien perteneció, los trazos de su historia, quien la construyó y la fecha de su edificación, lo que nos permite comprobar la antigüedad de cada edificio así como la utilidad dada antiguamente al mismo.

Nos encontramos que la calle principal “Osterstrasse” está llena de casas de madera unidas a edificios de cuento. Hay dos espléndidas casas renacentistas, Die Leisthaus y Die Stiftsherrenhaus, que albergan la colección permanente del museo de Hamelín.

En su interior nos encontramos una maravillosa colección de objetos, con el teatro mecánico. La parte exterior es de cuento de hadas y llena de historias. La exquisita fachada exterior es de piedra arenisca de la Leisthaus mostrando esculturas con las siete alegorías y en la cúspide sobresale una dorada “cabeza de la envidia”, nos encontramos pues ante la típica casa patricia de finales del siglo XVI de la Baja Sajonia.

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Justo al lado nos encontramos otra de las joyas arquitectónicas de la ciudad, la Stiftsherrenhaus, donde descubrimos dioses planetarios, alusiones a la Biblia y todo un mundo figurativo.

La Plaza del Mercado es el epicentro del casco viejo que reúne los edificios más interesantes de la ciudad y es donde se representa en su magnífica fachada renacentista (Casa de bodas) el cuento de los hermanos Grimm.

Suena la flauta, repican las campanas y a través de una pequeña ventana salen los personajes del cuento que interpretan la historia de una manera resumida. La ventana se abre a horas determinadas. Si ustedes lo quieren ver, su horario son a las 13,05, a las 15,35 y a las 17,35 horas.

La iglesia del Mercado o de San Nicolás es preciosa y se sitúa en un lateral de la plaza. En su interior debemos contemplar una de las imágenes más populares de la ciudad, el vitral del flautista, que es una obra magnífica. Es la segunda iglesia más antigua de la ciudad y está situada junto a la Casa de las Bodas y al pie de la Plaza de los Caballos. Hay que subir a la torre pues desde ella podemos contemplar toda la ciudad y sus alrededores.

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Carrillón donde se cuenta el cuento del flautista de Hamellin

A continuación podemos pasear por la calle Backerstrasse que es la parte comercial donde nos encontraremos con todo tipo de tiendas, restaurantes, terrazas y continuaremos contemplando sus magníficas casas. Al final de la calle llegamos a la orilla del río Weser.

Uno de los edificios más importantes de la ciudad es el Monasterio de San Bonifacio que destaca por su esbelta torre y presenta una esplendida imagen pegada al río. En su interior nos encontramos con piezas muy interesantes y una sacristía románica magnifica, que no debemos dejar de visitar.

La catedral fue diseñada y construida en forma de basílica, pero después de un gran incendio en el año 1209, fue reconstruida durante los siglos XIII y XIV como iglesia gótica. La catedral es la iglesia más antigua de la ciudad, siendo de corte evangélico luterano. El edificio de la catedral es uno de los edificios más emblemáticos de Hamelín.

La Casa de las Bodas, contrariamente a lo que su nombre puede parecer no está destinado a las ceremonias de casamientos sino a todo tipo de celebraciones. Es el último edificio renacentista del estilo Weser, ya que debido al estallido de la Guerra de los Campesinos Alemanes el sector de la construcción en la ciudad se interrumpe por completo. La Casa de las Bodas se construyó entre los años 1610 y 1617.

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La casa Rattenfangerhaus (Casa del cazador de ratas) es uno de los edificios imprescindibles de la ciudad y se sitúa a la entrada de principal de la ciudad y hoy es un conocido restaurante. Esta construida al estilo del renacimiento de Weser que se distingue por el uso de entramados de madera.  Fue construido en el año 1602. El edifico lleva este nombre por una inscripción en uno de sus laterales. Ese escrito es uno de los testimonios más antiguos e importantes de lo ocurrido con el famoso cazador de ratas.

La calle Bungelosenstrasse (la calle sin tambores) fue el último lugar por donde pasó el flautista con los niños el veintiséis de junio de 1284. Todo el mundo sabe que en dicha calle no se puede tocar ningún instrumento, ni cantar, ni reír, en memoria de los desaparecidos En dicha calle encontraremos restaurantes que sirven los típicos platos de la Baja Sajonia y algunos de estos paltos hacen alusión al cuento.

¿Cuál es el origen del cuento?

Se cuenta que en el año de 1248, la ciudad de Hamelín sufría una plaga increíble de roedores. Sus habitantes desesperados aceptaron la propuesta de un forastero de extrañas vestimentas coloridas, de alejar a las ratas y ratones de la ciudad. Sin embargo, el forastero pedía unos importantes honorarios por realizar el trabajo.

Los habitantes de Hamelín aceptaron el acuerdo y el forastero se puso a la tarea de sacar a las ratas de la ciudad. Sacó su flauta y empezó a entonar una melodía. Sorprendentemente, los roedores parecían estar encantados con la música del flautista, así que le siguieron en su camino fuera de la ciudad.

El flautista los condujo en dirección al río Weser, donde ratas y ratones fueron muriendo ahogados. Los habitantes de Hamelín, contentos y aliviados, inmediatamente se arrepintieron de haber acordado un sueldo con el forastero y decidieron no pagarle, por lo que el flautista, enfurecido, se alejo de la ciudad.

Un tiempo más tarde el flautista volvió a Hamelín, esta vez vestido de cazador. Y mientras los habitantes de la ciudad estaban en misa, el forastero sacó su flauta y una vez más entonó la melodía mágica.

En esta ocasión no fueron los roedores los que le siguieron, sino niños a partir de los cuatro años. Los niños siguieron al flautista y no se le volvió a ver nunca más. Solo tres volvieron por haberse retrasado, uno cojo que no puede seguir el ritmo, uno ciego y el otro mudo.

Al parecer la leyenda del flautista se basa en dos leyendas que existían independientemente la una de la otra. Una es la de la expulsión de las ratas y la otra la del éxodo de niños de la ciudad.

Mientras que parece ser que la primera leyenda no tiene ninguna base histórica, puede que la segunda sí que la tenga. Posiblemente se trate de un éxodo de personas jóvenes de la ciudad causado por la “Colonización de Oriente”, un proceso migratorio que se produce en el territorio alemán en dirección hacia la Europa del Este en plena Edad Media.

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EL CUENTO DE LOS HERMANOS GRIMM “EL FLAUTISTA DE HAMELÍN”

“Erase una vez una alegre localidad donde todos sus vecinos vivían en paz. De repente, un día, centenares y centenares de ratas hacen acto de presencia acabando con la paz aldeana.

Los habitantes hacen todo lo posible para eliminarles, peros sus actos son inútiles por lo que piden al alcalde que haga alguna cosa para combatir la plaga. A pesar de la intervención del alcalde no hay nada que consiga acabar con ellas.

Una soleada mañana aparece en Hamelín un extraño hombre vestido de alegres colores. El personaje hace una propuesta al alcalde: “yo me encargo de las ratas a cambio de una recompensa”, el alcalde y los aldeanos aceptan y deciden dotar al extraño con una buena suma de dinero si consigue ahuyentar a los animales.

El personaje que lleva una flauta como úico equipaje, comienza a tocar una extraña melodía. A su paso las ratas salen de las casas, de las tiendas, de las alcantarillas, le siguen hipnotizadas hasta las afueras de la ciudad y allí caen al río Weser y desaparecen ahogándose.

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El flautista regresa para cobrar la recompensa, pero el alcalde le niega lo pactado y le dice que el trabajo no ha supuesto ningún esfuerzo y por lo tanto, no se merece ninguna recompensa, el extraño personaje se marcha.

Días más tarde, mientras el pueblo se prepara para una fiesta, el flautista regresa y hace sonar su flauta. La melodía en esta ocasión causa estragos entre los niños que sin saber por qué comienzan a seguirle. Los aldeanos no saben cómo pararlo.

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El flautista toca ahora una extraña melodía y ciento treinta niños desaparecen ante los ojos impávidos de los mayores. Solo tres consiguen salvarse, un cojo que no puede seguir el ritmo, un sordo que no escucha la música y un ciego que no puede ver hacia dónde van”.

Este es el cuento Der Rattenfanger von Hameln (el cazador de ratas de Hamelín, que fue traducido al castellano como “el flautista de Hamelín”. Este cuento se basa en una antigua leyenda del siglo XIII

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Hamelín, una ciudad de cuento
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