martes 22/9/20
REYES Y REINAS DE ESPAñA | HISTORIA BORBóNICA

Felipe II, verdades y mentiras

Las relaciones con su primogénito Carlos de Austria fueron muy difíciles. El príncipe Carlos sufría una enfermedad crónica, consecuencia de la consanguinidad de la unión de sus padres.

Nace en Valladolid, el 21 de mayo de 1527. Su padre fue Carlos I de España y su madre Isabel de Portugal. Era nieto por parte paterna de Juana I de Castilla y de Felipe el Hermoso y por parte materna de Manuel de Portugal y de María de Aragón.

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Retrato de Felipe II (1527-1598) por Sánchez Coello, Museo del Prado, Madrid.

 
 

SU INFANCIA

Nació en el palacio de Don Bernardino Pimentel, junto a la iglesia de San Pablo. El parto duró trece horas, durante las cuales Carlos I permaneció junto a Isabel de Portugal, quien no grito, ya que consideraba que las reinas de España no debían manifestar dolor en esos momentos. Se dice del príncipe Felipe que era: “Tan delgado y frágil, con la piel tan blanca, los ojos de un azul tan claro y el pelo tan rubio que parecía albino, hijo de la Luna. Ninguno de los razonables temores sobre su salud se cumplieron y se convirtió en un joven de estatura mediana tirando a baja, talle esbelto, andar erguido, hablar pausado, sonrisa blanca, elegante y sencillo en su atuendo, cuidadosísimo de su higiene, con un talante amable, gentil, y un punto de lejanía melancólica”.

Quince días después de su nacimiento es bautizado en el convento vallisoletano de San Pablo, donde recibirá el agua bautismal de manos del arzobispo de Toledo, que estaba acompañado por los obispos de Palencia y de Osuna. Sus padrinos fueron el duque de Béjar, condestable de Castilla y Leonor, que era hermana mayor de Carlos y reina de Francia.

En sus primeros siete años apenas vio a su padre y fue su madre quien cuidó de él, encargándose de su educación. La portuguesa Leonor Mascarenhas fue nombrada su aya, sintiendo por ella gran afecto y confianza.

Con siete años su educación pasó a manos de maestros y preceptores elegidos por el propio Emperador y así comenzó un amplio programa de instrucción y, orientada dicha educación en el libro de Erasmo “La educación de un príncipe cristiano”.

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Juan Martínez Silíceo sabio de gran renombre, fue designado como tutor del príncipe, para que le enseñara a leer y escribir. Al año siguiente, se le crea la casa del príncipe, siendo Juan de Zuñiga, que era consejero de su padre, quien fue nombrado ayo del príncipe. También, fue profesor del príncipe Cristóbal Calvete de la Estrella.

Creció en un entorno familiar agradable, estando su madre, Isabel de Portugal a su cuidado hasta su muerte en 1539. La muerte de su madre fue muy duro, porque su padre estaba siempre de viaje y en sus primeros años lo veía casi como un extraño. Vivió junto a sus hermanas María y Juana, con las que tuvo siempre unas relaciones muy intensas.

Con doce años su madre muere en 1539, esto hizo que aprendiera a ser muy reservado. Dicen de Felipe que “se acostumbró a controlar sus emociones y extremar su cortesía mientras se preparaba a colaborar con su padre el emperador, que pronto dispuso de un príncipe tan inteligente como discreto”.

A partir de la muerte de Isabel de Portugal, Carlos I se implicó en la educación de Felipe, para conseguir una buena preparación como futuro Rey. Felipe II muestra un gran respeto por su padre Carlos, que continuamente le daba consejos y recomendaciones. Siempre siguió sus consejos de no comprometerse con ningún grupo de nobles. Por otro lado, le inculcó la defensa constante del catolicismo y hacer respetar la voluntad de Dios.

Bajo la dirección de estos profesores le descubrieron la importancia y gusto por la lectura. La música también formaba parte de su educación, siendo su maestro el compositor granadino Luis Narváez, y se le enseñó a tocar la vihuela.

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Rubens (1577-1640): Felipe II a caballo

Si hacemos caso al historiador británico Henry Kamen, tuvo una educación muy buena, pero el príncipe tenía dificultades Como alumno, el Príncipe no era ni un modelo ni, mucho menos, sobresaliente. Su manejo del latín siempre fue regular, su estilo literario, en el mejor de los casos, mediocre, y su caligrafía siempre generalmente deficiente. Educado como un humanista, nunca llegó a serlo”.

Felipe hablaba español, portugués y también latín. Entendía bastante el italiano y francés, pero no sabía hablar con fluidez y lo mismo le pasaba con el alemán.

Los profesores ,que le educan, le hacen sentir una gran pasión por los libros, lo que le hace crear una extensa biblioteca en el Escorial. Su formación se hizo junto a otros seis chicos nobles, entre los que destacaba Luis de Requesens, que era objeto de burlas por su fuerte acento catalán. Su padre Carlos I le avisa del carácter y los defectos de cada uno de los asesores “Es mejor discutir los asuntos con varios consejeros y no atarse a ninguno”. Felipe II seguirá durante toda su vida esta recomendación de su padre. Siempre tendrá en cuenta las opiniones de sus colaboradores, pero tomando la decisión él.

Con sólo doce años se crea el Consejo de la Regencia, que estaba integrado por Francisco de los Cobos, el cardenal Tavera y el duque de Alba.

Fijó su residencia en Madrid y la hizo capital de su Reino. Instaló en Madrid la Corte y el Consejo de Castilla.

SUS MATRIMONIOS

Felipe II se casó cuatro veces:

La primera con María Manuela de Portugal, el 15 de noviembre de 1543. Fruto de su matrimonio fue un hijo, Carlos de Austria, que fue príncipe de Asturias, vivió 23 años. Este matrimonio duró dos años.

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Ana de Austria

Felipe II mostró su disconformidad con la obesidad de su primera esposa, aunque también valora la belleza de su cara y comenta “en palacio donde hay damas de buenos gestos, ninguna está mejor que ella”.

Se trasladan a vivir a Valladolid y Carlos I aconseja a su hijo sobre los excesos en las relaciones sexuales, con la intención de evitar abusos conyugales. Carlos I alertó a Juan de Zuñiga, para que no estuvieran el matrimonio mucho tiempo juntos, e incluso incitaba a don Juan de Zuñiga a dormir en la misma habitación que Felipe.

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Estatua de Felipe II por Felipe de Castro, 1750

Es famosa la noche de bodas. Los dignatarios reales permanecieron mucho rato en la cámara real hasta que la pareja se quedó sola. Sin embargo, don Juan de Zuñiga entró en la habitación a las tres de la madrugada y separó a los príncipes, para que se pasasen a descansar a sus respectivos lechos.

Llegaron a Portugal las salidas nocturnas de Felipe, por lo que Catalina, madre de María Manuela aconseja a su hija sobre la obesidad, que no agradaba a su esposo, para que adelgazara. También le hace ver sobre los celos, recordando a su propia madre Juana la Loca “Pon todos tus sentidos en el propósito de no dar a tu marido la impresión de celos porque ellos significaría el final de vuestra paz y contento”.

Su segundo matrimonio fue con su tía segunda, la reina de Inglaterra, María I, el 25 de julio de 1554. No tuvieron hijos. Este matrimonio duró cuatro años.

La boda se celebró por poderes en Londres, el 6 de enero de 1554, representando al rey de España, el conde de Egmont, que era un destacado aristócrata flamenco. En la noche de bodas, el conde Egmont se acostó en el lecho de la reina para públicamente cumplir con la tradicional costumbre. Dicho conde estaba cubierto de la cabeza a los pies con su armadura, ya que no tenía poderes para intimidades.

Felipe y sus acompañantes querían abandonar Inglaterra, pues no les gustaba la forma de vida y el clima, a ello hay que unir la presencia constante de protestantes. Además no les gustaron las mujeres inglesas y así dice una copla “Que yo no quiero amores en Inglaterra pues otros mejores tengo en mi tierra ¡Ay, Dios de mi tierra, saqueisme de aquí! ¡Ay, que Inglaterra ya no es para mí”.

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Felipe II por Antonio Moro. 1557

Su tercer matrimonio fue con Isabel de Valois y se realizó el 22 de junio de 1559. Fruto de dicho matrimonio fueron dos hijas: Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela. Su matrimonio duró nueve años.

Los desposorios se celebraron por poderes, el 22 de junio de 1559, en la catedral de Notre Dame de París y representaba al novio el duque de Alba. En la corte francesa era costumbre encamar rápidamente a los nuevos esposos, pero al faltar Felipe tuvo que ser el duque de Alba quien tomara a la novia, de forma simbólica, así que en presencia de todos los invitados, hizo una referencia y tomó simbólica posesión del real tálamo colocando sobre él una pierna y un brazo para luego retirarse.

La misa de velaciones se celebró, el dos de febrero de 1560, encerrándose rápidamente los esposos en la cámara nupcial, por lo que el obispo de Pamplona tuvo que bendecir el tálamo a través de la puerta, ya que no tuvo el tiempo suficiente para bendecirlos.

Su cuarto y último matrimonio fue con Ana de Austria que era hija de su primo Maximiliano de Habsburgo y de su hermana María de Austria y Portugal. Dicho matrimonio se produjo, el 14 de noviembre de 1570, tuvieron cuatro hijos y una hija:

Fernando que fue príncipe de Asturias, que sólo vivió ocho años.

Carlos Lorenzo, que no llegó a los dos años.

Diego Félix, que sólo vivió siete años.

Felipe, príncipe de Asturias y futuro rey con el nombre de Felipe III.

María que solo vivió tres años.

La boda se realizó por poderes en el castillo de Praga, que eran donde residían los emperadores, el día 4 de mayo de 1570. La misa oficial del matrimonio se celebró en el Alcázar de Segovia y la luna de miel transcurrió en el palacio de Valsaín. El cronista relata que “a la mañana siguiente fueron vistos alegres y contentos y salieron a oír misa en la iglesia pública”. El embajador veneciano nos describe la alcoba regia “dos camas bajas, separadas por dos palmos una de otra y cubiertas por una cortina, de tal manera que parecían una sola”. La austeridad y la sencillez se adueñó de la corte de Madrid hasta el punto que el embajador francés llegó a quejarse porque la corte “parece un convento de monjas”.

SUS RELACIONES CON SU HEREDERO CARLOS DE AUSTRIA

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El infante Don Carlos de Austria

Las relaciones con su primogénito Carlos de Austria fueron muy difíciles. El príncipe Carlos sufría una enfermedad crónica, consecuencia de la consanguinidad de la unión de sus padres. Carlos era consciente de las reticencias, que mostraba su padre sobre sus derechos dinásticos.

Esto le generó muchísima frustración, y está en el origen de un aumento de la agresividad entre padre e hijo. El odio de Carlos hacía su padre hace que apoye las reivindicaciones de la nobleza flamenca.

Felipe II se entera del apoyo por parte de su hijo a la nobleza flamenca y lo encierra en su habitación, para posteriormente encerrarlo en el torreón del Alcázar de Madrid. Carlos desesperado cometió múltiples excesos hasta límites insufribles y por fin demanda a Felipe II, que lo matase. El príncipe Carlos muere encerrado en el torreón del Alcázar madrileño en el año 1568, teniendo entonces veintitrés años.

LA DESCRIPCIÓN DE FELIPE II

Era de carácter taciturno, prudente, sosegado, constante y muy religioso. Era un hombre muy trabajador y concienzudo en todo lo que hacía. Ocultó su timidez e inseguridad bajo una gran seriedad, que le hacía parecer un hombre frío e insensible. Nunca tuvo grandes amigos.

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Isabel de Valois

Felipe II cuidaba mucho todo lo relativo a su higiene personal. Su dieta alimentaria era muy poco variada, y en la que dominaba la carne. No era hombre dado a las fiestas, pues le interesaba muy poco el ocio. La relación, que mantenía con su familia, era poco intensa. Era costumbre que cenara sólo, los viernes, sábados y las vigilias de festividades. Las relaciones con sus esposas siempre fueron frías y distantes.

Era aficionado a leer y a coleccionar obras de pintura y de arte, además de relojes, armas, obras raras y era un gran admirador de la arquitectura.

El escocés John Elder lo define en el año 1554 así “….. de rostro es bien parecido con frente ancha y ojos grises, la nariz recta y de talante varonil. Desde la frente a la punta de la barbilla su rostro se empequeñece; su modo de andar es digno de un príncipe, y su porte tan derecho y recto que no pierde una pulgada de altura; con la cabeza y la barba amarillas, así, para concluir es tan bien proporcionado de cuerpo, brazo y pierna, y lo mismo todos los demás miembros, que la naturaleza no puede labrar un modelo perfecto”.

En 1577, así es descrito: “…. De estatura mediocre, pero muy bien proporcionado; sus rubios cabellos empiezan a blanquear; su rostro es bello y agradable; su humor es melancólico….. Se ocupa de los asuntos sin descanso y en ello se toma trabajo extremado porque quiere saberlo todo y verlo todo. Se levanta muy temprano y trabaja o escribe hasta mediodía. Come entonces, siempre a la misma hora y casi siempre de la misma calidad y la misma cantidad de platos. Bebe en un vaso de cristal de tamaño medio y lo vacía dos veces y media…. Sufre algunas veces debilidad de estómago, pero poco a nada de la gota. Una media hora después de la comida despacha todos los documentos en los que debe de poner su firma. Hecho este, tres o cuatro veces a la semana va en carroza al campo para cazar con ballesta el ciervo o el conejo…. “.

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Ruy Gómez de Silva, príncipe de Éboli

Su padre Carlos I influyó mucho en su hijo Felipe II. En 1539, le decía “encargamos a nuestro hijo que viva en amor y temor de Dios y en observancia de nuestra santa y antigua religión, unión y obediencia a la Iglesia romana y a la Sede Apostólica y sus mandamientos”.

En 1543, le decía “tened a Dios delante de vuestros ojos y ofrecedle todas las cosas, sed favorecedor y sustentad la fe, favoreced la Santa Inquisición”.

En su testamento Carlos I, en 1556, le dice “le ordena y manda como muy católico príncipe y temeroso de los mandamientos de Dios, tenga muy gran cuidado de las cosas de su honra y servicio, especialmente le encargó que favorezca y haga favorecer el Santo Oficio contra la herética gravedad por las muchas y grandes ofensas de Nuestro Señor que por ello se quitan y castigan”.

SUS GUSTOS ARTÍSTICOS

Felipe II era un experto en pintura y durante todo su reinado amplia su colección de obras de arte. Le gustaban las obras de los pintores venecianos, como Tiziano, del que era muy amigo. Toda esta pasión pictórica del rey serviría para estimular a los pintores españoles “que reflejan en sus cuadros el lenguaje de la fe y el éxtasis místico”. En este sentido destaca la obra de El Greco con sus grandes figuras alargadas.

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Retrato de Tiziano

Le gustaban también el retratista Antonis Mor, los escultores italianos Pompeio y Leone Leoni o los manieristas Cambiaso, Zucaro o Tibaldi. Así como también la pintura flamenca, destacando el pintor El Bosco, con una importante representación pictórica en el actual museo del Prado. Entre los pintores españoles le gustaban los retratistas Alonso Sánchez Coello y Juan Pantoja de la Cruz. Jugó un papel muy relevante en la decoración de El Escorial, Juan Fernández de Navarrete “El Mudo”.

Es conocida la gran amistad de Felipe II con el arquitecto Juan de Herrera que fue el que desarrollo el monasterio de El Escorial.

Su afición por la cultura y la literatura, le hizo formar la biblioteca privada más grande del mundo occidental, y su finalidad era hacerla accesible a todos. Convirtió en 1576, el Palacio del Escorial en centro de investigación.

Otra de sus grandes aficiones fueron los jardines. En uno de los viajes a Flandes admiró los amplios jardines de diseño francés, trayendo esas ideas a España. Hizo traer jardineros flamencos e italianos, para que diseñaran los jardines del palacio, pues los jardineros españoles eran solo favorables al árbol frutal como elemento decorativo.

El historiador Henry Kamen dice “fácilmente accesibles desde la capital, ofrecían un remanso de paz en el que poder refugiarse de las obligaciones administrativas”.

AMIGOS Y ENEMIGOS

El rey cuenta con unos buenos consejeros. Debemos destacar, al duque de Alba, que fue hombre de confianza tanto de su padre Carlos I como de Felipe II. Se encargó de gobernar en distintas etapas, el ducado de Milán, el reino de Nápoles, los Países Bajos y Portugal. Representa a Felipe II en sus matrimonios con Isabel de Valois y con Ana de Austria.

Ruy Gómez de Silvaque, que fue su secretario y hombre de confianza, por lo que Felipe II lo recompensó tanto económica como políticamente.

Mateo Vázquez de Leca, fue otro de los secretarios y tenía una gran influencia en el Rey por lo acertado de sus análisis. Fue el que se enfrentó a Antonio Pérez y a Ana de Mendoza de la Cerda “la princesa de Éboli”, que acaba en el encarcelamiento de Antonio Pérez y el destierro de la princesa.

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El enemigo de Felipe II: Antonio Pérez

Cristóbal de Moura se encargaba de toda la diplomacia. Trabaja en alimentar la rivalidad en Portugal entre el Prior de Crato y el duque de Braganza, haciendo cada vez más importante el papel de Felipe II en Portugal.

Luis de Requesens y Zuñiga, militar, marino y diplomático. Gobernó el ducado de Milán y los Países Bajos. Fue mentor de don Juan de Austria y jugó un papel muy importante en la victoria de Lepanto.

Entre sus enemigos cabe destacar a Guillermo de Orange, que alimentó la leyenda negra contra Felipe II y fue el líder de la rebelión contra la Corona española, que provocó la guerra de los ochenta años.

Cabe destacar el papel de Antonio Pérez, que fue secretario del rey, pero que participó en el asesinato de otro consejero, Juan de Escobedo. Antonio Pérez se refugió en su lugar de origen, Zaragoza y provocó serías dificultades a Felipe II en Aragón y sus fueros.

LAS AMANTES DE FELIPE II

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Isabel de Osorio

La historia le atribuye amores con Catalina Laínez, Eufrasia de Guzmán, Elena Zapata, Catalina Leney, Magdalena Dacre, la vizcondesa de Montagne. Se dice que también tuvo alguna relación con Isabel I de Inglaterra, hermana de su tercera mujer María I de Tudor. Se le atribuyen varios hijos bastardos. De sus amantes cabe mencionar a dos.

Isabel de Osorio, que era portuguesa y dama de compañía de su madre Isabel de Portugal. Era hermana del marqués de Astorga Mantenía ya relaciones antes de su matrimonio con María Manuela de Portugal. Isabel de Osorio era diez años mayor que el Rey y éste se enamoró perdidamente de ella. Fruto de su relación de quince años fueron dos hijos: Bernardino y Pedro.

Le hizo construir el magnífico palacio de Saldueña. Éste era conocido por sus habitantes como “la casa de la puta del rey”. La leyenda negra apunta a que hubo una boda secreta entre Isabel Osorio y Felipe II. El rey dotó muy bien a su amante Isabel como figura de forma detallada en el archivo de Simancas.

El amor que sentía Felipe II por Isabel Osorio, hizo que el pintor Tiziano hiciera una serie de cuadros mitológicos con la cara de Isabel de Osorio. El Rey quiso que estos dos cuadros tuvieran un fuerte contenido erótico. Uno de ellos era una diosa desnuda en actitud provocadora. La otra obra es la segunda entrega de Venus y Adonis y en ambos el rostro era de Isabel de Osorio. Es Isabel de Valois, la tercera esposa la que le fuerza a que se separe de su amante. Isabel Osorio vivió desde entonces retirada hasta su muerte.

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Princesa de Eboli

Ana de Mendoza, princesa de Éboli era hija de Diego de Mendoza, príncipe de Mélito y nieta del gran cardenal Mendoza y su madre era Catalina de Silva. Era en consecuencia miembro de una poderosa familia castellana.

Se casó con Ruy Gómez Silva, que era hombre de confianza del Rey. Fue amante de Felipe II. Se dice, que era una mujer enigmática, bella, inteligente y ambiciosa. Fue una de las mujeres más poderosas de esa época.

Al mismo tiempo, fue también amante del consejero Antonio Pérez, que se enfrentó a Felipe II. La princesa de Éboli participa junto a Antonio Pérez en las negociaciones con los rebeldes flamencos y portugueses, lo que representa haber traicionado al Rey. También participaron en la sucesión de la Corona de Portugal, decantándose contra los intereses dinásticos de Felipe II. Lo mismo hicieron con don Juan de Austria, en su intento de casarse con María Estuardo.

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Retrato de la pareja: María I de Inglaterra y Felipe II

La princesa de Éboli es detenida junto a Antonio Pérez en 1579. Desde ese mismo momento, perdió todo el favor del Rey. Fue encarcelada en el palacio de Pastrana, en Guadalajara junto a su hija Ana. Murió once años después.

El historiador Queralt dice de la princesa de Éboli:”fue la depositaria de la venganza que el Rey quería ejercer sobre Antonio Pérez”.

FELIPE II Y EL CATOLICISMO

Uno de los aspectos que la leyenda negra sobre este Rey, era su fanatismo religioso. Se decía: “Se sabe que gastaba entre días y noches….. casi cinco horas de oración mental y vocal con el tiempo que oía misa y los oficios divinos….. Se entraba después de comer y después de cenar en el oratorio….. y con estar cerrada la puerta, oían algunas veces los golpes que se daba en el pecho”.

Asistía a misa diaria, mostrando públicamente su respeto por la Iglesia. Buscaba el mantenimiento de la pureza de la Religión Católica, siendo el máximo defensor de la Cristiandad. Felipe II, que era muy listo, empleo al catolicismo como forma de mantener unidos sus estados si hacemos excepción de los Países Bajos.

Su intransigencia en la fe le llevaron muchas veces al fanatismo y la intolerancia, por eso siempre apoyó sin fisuras la labor de la Inquisición y asistía regularmente a los autos de fe.

Conocedor de las consecuencias que había tenido en Alemania la aparición del protestantismo, hizo que siempre Felipe II se mostrara intransigente en lo religioso para así asegurarse no perder sus posesiones territoriales y evitar los fracasos de su padre.

SU MUERTE

Ya desde 1592, la salud de Felipe II se va deteriorando rápidamente. Sufría la gota consecuencia de su afición a las carnes. Dicha enfermedad le provocaba grandes dolores. Y como no podía ni permanecer en cama ni sentado debido a los fuertes dolores, su ayudante Jean L’Hermite le hizo una silla artículada, que le permitía aguantar mejor sus dolores. Llegó a no poder firmar los documentos.

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Felipe II y María Manuela de Portugal

Fue a partir del 8 de septiembre cuando los médicos incluso le prohibieron tomar la eucaristía ante el miedo a que se ahogara. Fallece, el 13 de septiembre de 1598, en el monasterio de El Escorial, cuando ya tenía setenta y un años. Fue sepultado en el monasterio de El Escorial que el mismo mandó construir.

Como dice Fernando Checa “Felipe II no era ni puritano ni abominable… Lo que pretendió fue, a través de su mecenazgo, cristianizar la antigüedad clásica, tomar su legado profano y, sin despreciarlo, amoldarlo a los nuevos tiempos”.


BIBLIOGRAFIA

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Felipe II, verdades y mentiras
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