miércoles 21.08.2019
MEMORIA HISTÓRICA

El expediente “Dachau”, bailando con la muerte

Aquella mañana de 1936 mi tío abuelo, Isidro, salió del pueblo a primera hora de la mañana con su borriquito...

memoria-historica2Aquella mañana de 1936 mi tío abuelo, Isidro, salió del pueblo a primera hora de la mañana con su borriquito. Cada varios pasos miraba para atrás, para ver si alguien le seguía, y veía cada vez más lejos las casas de Madroñera (Cáceres). El día anterior habían entrado los nacionales en el pueblo con un balance de varios asesinatos, y con un marcado ambiente de tensión. Isidro se giró por última vez y vislumbró a lo lejos Madroñera, dejó al borriquito solo y se internó en el campo. Nunca más volvió a ver Madroñera. Una hora después el pollino entró solo en el pueblo y llegó a la puerta de la casa de mi bisabuela. Magdalena nunca volvería a ver a su hijo, y bien lo entendió al ver al burro solo. (En la imagen: Liberación de Allach por los americanos en 1945)

Aquella tarde de 1972 mi tío José María, que estaba en Toulouse aprendiendo francés y se carteaba con los primos franceses, se acercó a la casa de Isidro. Allí le vio, con el cuerpo lleno de heridas, con sus hijos y nietos. Era la primera vez en décadas que alguien de la familia “española”, que vivía en Getafe, veía a Isidro. Isidro solo dijo que aquellas heridas eran culpa de Franco, y que habían sido los alemanes, que le tuvieron preso en un campo de concentración, que le dispararon, y que había vivido desde entonces en Toulouse con una pensión del ejército francés.

Con este puñado de datos, ya que no tenemos contacto con la familia de Francia y me temo que ellos sabían poco de la historia de Isidro, emprendí mi búsqueda. En el pueblo, Madroñera, tampoco sabían nada del tío Isidro, salvo los del Memorial al que luego me referiré. Por ello me marqué dos objetivos o incluso caminos, uno de corte investigador, aunque marcado por cuestiones sentimentales, y por otro devolver a la memoria de su pueblo a Isidro. Así me sumergí en la investigación.

Esa investigación, que me ha costado muchas lágrimas, me llevó de manera “virtual” y “telefónica” a los campos de concentración de Alemania y cárceles de la Resistencia en Francia. Sobre todo ha sido un camino con personas que me fui encontrando en el camino y que me ayudaron en la búsqueda.

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Documento de entrada de los españoles en el campo de concentración de Dachau-Allach

Primero, a través del “Memorial de deportados” que redactaron los profesores Bermejo y Checa logré localizar un “Isidoro Sánchez”, reo en el campo de concentración de Dachau-Allach; ese campo fue liberado por los americanos, y en ese momento Isidro volvió a ser libre. El nombre estaba mal porque lo habían sacado de documentación francesa y alemana (Isidore, Isidoro), pero venía la fecha y lugar de nacimiento (14/12/1909, Madroñera).

memoria-historica3Segundo paso, desarrollé la cuestión de la pensión y localicé el fichero en la base de datos del Ministerio de Defensa de Francia, donde también venía fecha y lugar de nacimiento: Isidro tenía pensión por haber sido deportado y además por colaboración con la Resistencia, como miembro de las Fuerzas de Francesas de Combatientes (FCC). Siguiente paso, ¿Cómo llegó a Dachau-Allach y como llegó a ser de las FCC? Tiré del hilo, había llegado a Dachau con un grupo de 67 españoles, el Kommando Allach, todos ellos resistentes. Necesitaba más esfuerzo, y esa vez tiré de la manta, y a través de la asociación de Resistentes de Francia, logré saber la procedencia completa: Isidro había sido detenido por el gobierno de Vichy en Tarascon sur Ariège, y sentenciado a dos años de cárcel por el tribunal de Toulouse como miembro de la Resistencia. Fue enviado a la cárcel infernal de Eysses, en el sur de Francia, donde agruparon a todos los “resistentes” españoles, ya que aunque había españoles exiliados, pero “no resistentes”, estaban separados unos y otros. Durante su estancia hubo un motín en el cual participaron los españoles, siendo algunos ejecutados. Después fueron llevados a Compiégne, subidos a un tren y llevados a Dachau, y se separó a los 67 resistentes, que fueron llevados al subcampo de Allach: el documento de entrada les denomina “presos políticos”. El último paso fue comprobar que los datos de partida de nacimiento en el pueblo coincidían. Aquella mañana en la que el joven concejal de Madroñera, José Diego Casco, se acercó al registro civil y comprobó los datos, el pueblo recuperó no sólo al reo de Dachau, sino parte de su historia, ya que Isidro fue la única persona del pueblo que sobrevivió a un campo de concentración. También la partida de nacimiento arrojó un dato que desconocía, aunque más o menos intuía: tenía una pequeña anotación en la que ponía que el consulado de Francia había comunicado el fallecimiento de Isidro Sánchez en Toulouse en 1977.

memoria-historica4Esta investigación me ha hecho no solo reconstruir, sino por cuestiones de sentimientos, cruzar océanos de tiempo para ver a Isidro salir con su borriquito del pueblo, adentrarse en el campo escapando de una muerte segura. Llegar a territorio de la República para incorporarse primero como miliciano y luego regularizado como oficial. Cruzar la frontera tras la derrota de su bando para ser internado en los campos de “refugiados” de exiliados en Francia. Ver a Isidro colaborando en la ayuda a otros exiliados y, una vez constituido el gobierno filonazi de Vichy y con la segunda guerra mundial, colaborando con la Resistencia. He visto a Isidro detenido y en un juicio, preso en la cárcel, amotinado y castigado. También le he visto en una estación de tren hacia un destino desconocido. En un campo de concentración, un infierno de nieve a pocos kilómetros de Munich, castigado, sometido a caminatas, vulnerable a caer enfermo, a fallecer, a ser asesinado, bailando con la muerte. Y le he visto, detrás de una valla mirar con esperanza como los americanos liberaban el campo de concentración, como tras tantas desgracias le sonreía el destino. Le he visto sufrir, y he sufrido. No solo a Isidro, sino a otras muchas personas, hombres y mujeres. (Foto: Emblema de las Fuerzas Francesas de Combatientes (de la Resistencia).

Este viaje, casi iniciático en lo personal, no ha hecho daño a nadie. Reclamo el derecho de cualquier persona a defender su búsqueda, su pasado, sus familiares, su memoria. Su derecho a tirar del hilo o de la manta si le place. Las posibilidades que dan las nuevas tecnologías son impresionantes, también lo son la colaboración entre las instituciones a nivel internacional; en este camino me he encontrado asociaciones que desarrollan una gran labor, como la Fundación de la Resistencia con su jefe de archivo, Fabrice Bourrée, o el propio archivo de Dachau, que es un museo a día de hoy. Pero son más importantes las personas, su entendimiento y comprensión, el entendimiento de personas como el joven concejal o una amiga que ayudaba sobre el terreno, María José Vaquero. Incluso personas que desde la retaguardia seguían mis investigaciones como el diputado nacional, César Ramos, o el diputado regional, Fernando Ayala. No solo se trata de dar la posibilidad, sino de dar facilidades. Y en ese dar facilidades, no solo se trata de las personas que encuentras y ayudan en el camino, algunas de tal humildad que las ofendería si las nombrase, sino de la comprensión de un país con record mundial en desaparecidos y asesinados, con fosas repartidas por toda nuestra geografía.

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Esta historia ha terminado “bien”, pero a día de hoy también se puede encontrar a otras personas, ya sea en archivos, en cunetas o a exiliados en el extranjero, a ellos o a sus familiares.

Yo solo soy una persona que ha intentado arañar al pasado a quien permanecía en el olvido. Somos personas que buscamos a personas, ayudados por otras personas, y a veces tenemos la suerte de lograr encontrarlas. (Foto: Emblema de las Fuerzas Francesas de Combatientes (de la Resistencia).


Juan Pedro Rodríguez Hernández, profesor-tutor de Historia de UNED-Madrid Sur

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