UN ESCLAVO VALÍA UNOS 2.000 DÓLARES

La esclavitud en los Estados Unidos

En Estados Unidos había un millón trescientos mil esclavos negros a mediados de la segunda década del siglo XIX.

El comercio de esclavos había sido abolido a principios del siglo XIX, pero de forma clandestina el tráfico de seres humanos continuaba, ya que el Sur necesitaba un flujo constante de mano de obra esclava. El negocio era impresionante

@Montagut | Aunque siempre conviene ser cautos con las cifras demográficas en la Historia se calcula que, aproximadamente, en Estados Unidos había un millón trescientos mil esclavos negros a mediados de la segunda década del siglo XIX, sobre un total de ocho millones y medio de habitantes. Solamente unos doscientos mil negros eran libres. La esclavitud no tenía una distribución geográfica homogénea: era casi inexistente en el Norte frente a la situación del Sur. En Estados como Virginia podían llegar a ser la mitad de su población total.

Los esclavos no disfrutaban de ningún derecho civil en la nación que había sido pionera en su reconocimiento y garantía. Podían ser traspasados o vendidos como un bien. No podían ejercer ninguna acción legal: contratos, matrimonio o ser propietarios. La situación personal variaba en función del carácter y trato de sus propietarios. Muchos esclavos intentaron huir al Norte, pero sus propietarios podían recuperar a los huidos; solamente en Canadá se podían sentir seguros.

El comercio de esclavos había sido abolido a principios del siglo XIX, pero de forma clandestina el tráfico de seres humanos continuaba, ya que el Sur necesitaba un flujo constante de mano de obra esclava. El negocio era impresionante. El aumento constante de la demanda hizo que el valor de los esclavos se multiplicase. Se calcula que hacia 1860 un esclavo podía valer unos 2.000 dólares.

La economía del Sur se basaba en el sistema de plantaciones de algodón y tabaco, sostenido con mano de obra esclava. Toda la riqueza de esta parte de los Estados Unidos era generada gracias a la esclavitud. La economía y la sociedad eran dominadas por una oligarquía de familias terratenientes, inmensamente ricas. Este grupo se fue configurando durante el siglo XVIII y no cuestionó el empleo de esclavos para mantener e incrementar su riqueza y poder. Asociado a esto se fue generando una determinada mentalidad que se cimentó en primer lugar sobre un origen social aristocrático británico frente a los blancos del norte que descenderían de los puritanos y radicales ingleses. La aristocracia sureña elaboró, además, toda una construcción ideológica para justificar no sólo sus diferencias con el Norte, sino, sobre todo, la existencia de la esclavitud. Sus planteamientos mezclaban argumentos pseudocientíficos con otros de tipo religioso. Los negros, siempre según esta teoría, serían inferiores a los blancos en inteligencia, como demostraría la incapacidad que habían manifestado para salir de la barbarie si no hubiera intervenido el hombre blanco. La situación de dependencia establecida habría sido bendecida por Dios. Por su parte, los blancos pobres del Sur también defendían la existencia de la esclavitud porque les permitía mantener una posición social superior en función del color de la piel.

El antiesclavismo comenzó a calar en la sociedad norteña, en unión a otras causas, como la de la emancipación de la mujer, empeños ambos para crear un modelo nuevo y más igualitario de sociedad

En el Norte los negros no eran esclavos, pero sí sufrían legislaciones discriminatorias y segregacionistas: restricción de derechos políticos y espacios públicos distintos. Aún así, esos Estados eran antiesclavistas y allí comenzó la lucha contra la esclavitud. La Sociedad Americana de Colonización fracasó en su intento de repatriar negros a África. Pero más activa y exitosa fue la lucha de la Asociación Antiesclavista Americana. Dicha organización fue fundada en 1833, y se planteó como principal objetivo, la abolición de la esclavitud. El antiesclavismo comenzó a calar en la sociedad norteña, en unión a otras causas, como la de la emancipación de la mujer, empeños ambos para crear un modelo nuevo y más igualitario de sociedad. En el año 1852 se publicó la novela “La Cabaña del Tío Tom” de Harriet Beecher-Stowe, que a pesar de que se trata de un acercamiento algo sentimental a la cuestión, impactó enormemente en la opinión pública.

Entre 1835 y 1860, los modelos sociales y económicos del Norte y del Sur chocaron de forma evidente. El Norte, vinculado a los republicanos, se opuso al sistema esclavista sureño y a su sistema económico de plantación, al considerarlo anticuado. El Sur defendía, en cambio, sus intereses. La cuestión económica es muy importante para entender los desencuentros entre el Norte y el Sur. El modelo económico sureño de plantación necesitaba políticas librecambistas para poder vender el algodón con facilidad ante el crecimiento de la demanda industrial textil europea. Por su parte, el Norte necesitaba defender y proteger sus productos industriales de la competencia británica. Pero, además, hay otras cuestiones económicas más complejas en las relaciones entre el Norte y el Sur. El Norte necesitaba al Sur pero éste podía prescindir del Norte y poner en marcha su propia industria, al contar ya con la materia prima, el algodón.

Si la esclavitud tenía unas claras dimensiones éticas, sociales y económicas, también terminó por tener derivaciones políticas de envergadura. En 1820 se llegó al compromiso, a través de la conocida línea Masson-Dixon, de delimitar los Estados esclavistas de los que no lo eran. El problema surgió cuando se desató la conquista del Oeste. Se produjo una verdadera competición o carrera entre abolicionistas y esclavistas para convertir los territorios a sus respectivas causas cuando fueran incorporados a la Unión como nuevos Estados. En 1854 se aprobó que serían los ciudadanos los que tomarían la decisión sobre el carácter de cada Estado. Eso provocó un fuerte conflicto en Kansas.

Los republicanos, decididamente antiesclavistas, consiguieron llevar a la presidencia en 1860 a Abraham Lincoln, frente al candidato demócrata, Breckinridge, defensor de la causa esclavista. Al mes de la proclamación del nuevo presidente, Carolina del Sur proclamó que la Unión había quedado disuelta y se abrió la pendiente por la que rodaron otros estados sureños. Lincoln no estaba dispuesto a que la Unión se rompiera. La guerra no tardó en estallar.

En 1863, Lincoln aprobó la Proclama de Emancipación, por la que todos los esclavos de los Estados Confederados quedaban liberados. La esclavitud terminaría con la guerra, pero la situación de la población negra no mejoraría sustancialmente.