jueves 05.12.2019

Una semilla de empoderamiento en un mundo donde las mujeres no valen nada

Una semilla de empoderamiento en un mundo donde las mujeres no valen nada

«En India la menstruación aún provoca mucho pudor a las mujeres, incluso hasta hablar de ella. Los días en los que la tienen lo tapan completamente, no dicen nada. Incluso no cocinan, se apartan de la familia o no pueden ir al templo. A sus hijas ni siquiera les dicen que existe. Ahora colaboramos con una ONG que está impartiendo un curso de género en nuestras clases»

Casada desde los 14 años. Un aborto con tan solo 15. Tres años después se quedó embarazada de nuevo. Así nació su primera hija. Dos años después, la segunda y poco después, la tercera. Su familia nunca estuvo contenta con las tres hijas que Madina había traído al mundo. Eran mujeres y las mujeres en India no es solo que no valgan nada, sino que cuestan mucho dinero. «La dote», aunque fue prohibida en 1961, es una de las prácticas más extendidas en este país asiático e implica que, por cada hija, haya que pagar una gran suma de dinero al futuro marido para que esta sea aceptada en su nueva familia. Madina sufrió una gran presión para que tuviera un varón y con 23 años, «por fin», tuvo su primer hijo. Solo un hombre aporta valor y riqueza.

Este es el principio de la historia de superación de una de las mujeres que forma parte del proyecto «Marina Silk», entre otros muchos. Una idea que germinó hace ya varios años en la ONG Semilla para el Cambio. María Bodelón, su fundadora, dejó a un lado lo que fue hasta ese momento su vida acomodada en Europa, para encontrar su felicidad ayudando a los niños y niñas de la ciudad de Varanasi: «Aunque tenía un buen trabajo y había ido ascendiendo, me di cuenta de que a nivel personal no era lo que me satisfacía. Como visión de futuro no iba a ir más allá. La idea al principio era escolarizar a niños trabajadores, evitar el trabajo infantil». Un proyecto que, diez años después, sigue ayudando a muchas niñas y niños que, a día de hoy, cuentan con una educación que está cambiando sus vidas. Pero Semilla, a lo largo de su trayectoria, ha ido sumando nuevas iniciativas que pueden ayudar no solo a las más pequeñas, sino a toda la comunidad.

El Proyecto Mujer empodera a las mujeres

Las familias en India tienen muy pocos ingresos y eso obliga a colaborar a todos sus miembros para poder superar el día a día, incluidos a los niños y niñas de la casa. Bodelón describe con gran entusiasmo esos primeros pasos: «Pensamos que una de las maneras para que no se vieran obligados a trabajar era darle trabajo a la madre. De esta forma, a lo mejor, un niño más se salvaba de ir a trabajar y podía estudiar. Es importante tener en cuenta que, el proyecto educativo con los niños es muy a largo plazo, como a lo largo de 10 años, y la familia tarda mucho en ver el cambio real para poder salir de la pobreza. Vimos que solo el educar no era la solución».

La ONG creó entonces el Proyecto Mujer para que las madres tuvieran unos ingresos con los que liberar a sus infantes de traer dinero a casa. La idea inicial fue «Marina Silk», un taller en el que las primeras beneficiarias pintaban pañuelos que luego Semilla vendía. «Era interesante porque, antes de esto, las madres solían trabajar recogiendo basura en los slums de Sigra. Y con el taller las mujeres estaban en un entorno saludable, ganaban dinero y dejaban a sus hijas e hijos asistir a clase», explica María. Un inicio prometedor que desembocó en lo que hoy son cinco iniciativas diferentes que han cambiado muchas vidas.

Una de esas vidas que ha dado un giro de 180º es la de Laltusi. Ella es una mujer de 40 años, originaria de una pequeña aldea de Bengala occidental, que jamás habría imaginado cuánto le iba a cambiar la vida cuando María se cruzó en su historia. Hoy es la cocinera del comedor escolar de Semilla en el centro de Sigra. Día tras día se encarga de preparar el desayuno y la comida de unos 160 niños y niñas, además del equipo de la ONG y el profesorado.

Pero su cambio comenzó en el año 2011 cuando vivía en los slums de Sigra. Los slums, para quien no los conozca, son barriadas de chabolas que han proliferado en distintas ciudades de la India y donde no cuentan con ningún tipo de servicio básico, como puede ser el acceso al agua, la electricidad, los servicios de salud o la recogida de basuras. En estos entornos malviven 460.000 personas repartidas por los 227 slums que hay solo en la ciudad de Varanasi... La acumulación de basura es tal que el mal estado de las canalizaciones sanitarias y la ausencia de aseos o letrinas convierte a estos lugares en auténticos focos de cultivo de multitud de enfermedades.

En un entorno así es donde vivía Laltusi cuando conoció Semilla para el Cambio. Fue una de las primeras beneficiarias del Programa Mujer. Con un marido enfermo que no podía trabajar, esta mujer es un ejemplo de lucha y empoderamiento que lleva desde que llegó a Varanasi, hace 17 años, buscando un futuro mejor para su familia. Hoy gracias a su trabajo de cocinera y de colaborar con los pañuelos, ha conseguido salir del slum siendo la primera mujer del programa en conseguirlo y, además, tiene a uno de sus hijos terminando su educación las clases de Semilla.

«Marina Silk comenzó hace nueve años y desde que comenzaron con este proyecto ellas mismas se sentían súper orgullosas de su trabajo. Al ver su entusiasmo fue como continuamos con otras ideas como el taller de alfarería, hicieron alfabetización, clases de corte y confección…». María Bodelón y Semilla para el Cambio, con sus cinco iniciativas dirigidas ante todo a ellas, están consiguiendo empoderar a muchas mujeres que hasta ese momento no había recibido más educación que la de llevar una casa y cuidar las hijas e hijos que pudieran venir.

Para entender la necesidad que hay en India de proyectos como los de María Bodelón y su equipo, hay que conocer la gran desigualdad que existe en el país y el machismo que impera en su cultura y costumbres

Para entender la necesidad que hay en India de proyectos como los de María Bodelón y su equipo, hay que conocer la gran desigualdad que existe en el país y el machismo que impera en su cultura y costumbres. India cuenta con un 32 % de su población bajo el umbral de la pobreza. La esperanza de vida es de 66 años y la tasa de alfabetización en mujeres en el año 2015 era del 45 por ciento, mucho más baja que la de los hombres. Una tierra en la que la brecha de género es del 66,5 % y que está situado en el puesto 108 de 149 del Índice Global de Brecha de Género.

La vida de una mujer hindú no es sencilla, por eso cualquier iniciativa que las ayude a evolucionar y a conseguir un poco de autonomía es una luz al final de un túnel muy oscuro. Un túnel que tienen que comenzar a recorrer desde su propio nacimiento, porque para las mujeres nacer ya es todo un reto. El solo hecho de llegar al mundo es un logro inmenso. Se estima que un millón de fetos femeninos se eliminan selectivamente en India cada año, y se espera que ese número aumente a 2.5 millones en los próximos años y, todo esto, a pesar de que se han llegado a prohibir las ecografías en este país. Hasta ahora no se ha podido realizar un promedio nacional para esta práctica, en gran parte porque es difícil de rastrear debido a que no existe una obligación administrativa para que los ciudadanos registren los nacimientos. En el estado de Kerala, uno de los estados más progresistas de la India, con una tasa de alfabetización de más del 90 %, se estima que alrededor de 25.000 niñas recién nacidas son asesinadas cada año. En otros estados como Bihar, donde la cuestión del sesgo de género es claramente discernible, una encuesta revela que las parteras entrevistadas admitieron haber recibido un pago por matar a casi el 50 % de las bebés que dieron a luz.

1 millón de feticidios femeninos al año

En 2007, India representó la tasa de mortalidad materna más alta del mundo. Las razones más evidentes son la atención médica inadecuada y los embarazos de edad temprana en niñas debido a matrimonios infantiles. El problema real es el impacto en su salud. Sus cuerpos están subdesarrollados y son demasiado jóvenes para tener hijos e hijas, lo que resulta en complicaciones y muertes durante el parto. Si a esto le sumas los embarazos en serie que tienen que vivir la mayoría de ellas a una edad muy temprana, llega a haber un colapso en la salud de estas niñas cuando entran en la edad adulta.

Ante esta situación María Bodelón y su organización vieron la necesidad urgente de ayudar de otra manera. Como consecuencia de la desigualdad más que acusada que existe en India, hay una gran cantidad de tabúes relacionados con la salud reproductiva y sexual de las mujeres. En 2012 surgió un nuevo proyecto en la ONG, Semilla para el Cambio puso en marcha el Proyecto de Promoción de Salud e Higiene en el que formaron a varias mujeres que se iban a llamar «promotoras de salud» y que tendrían como objetivo promover una educación sanitaria básica entre las comunidades de los slums. «Las promotoras de salud se han vuelto lideresas de su comunidad. No solo ayudan a las mujeres en temas como sus embarazos llevándolas a centros para que las vea la ginecóloga, sino que llegan a acompañarlas en el parto y luego las llevan a planificación familiar o les informan de las vacunas que tienen que ponerse. Han llegado a llamarlas hasta para acompañar a personas al hospital. Esto además es otra manera de empoderar a todas estas mujeres», cuenta María.

Es evidente que en los slums el acceso a la higiene o la sanidad son nulos y, aunque esta especie de «guía» que la organización ha creado está ayudando a que muchas personas mejoren su calidad de vida, es cierto que hay cuestiones en donde la información brilla por su ausencia. Algo tan básico como la menstruación, aún es un problema para las mujeres de Varanasi: «El tabú es tan tremendo que me afecta hasta a mí. Yo soy europea, y allí compro las compresas o lo que sea sin ningún pudor, está claro. Pero aquí voy al súper y…¡me da vergüenza! Sí porque te lo envuelven en un papel, te lo dan así como oculto para que nadie se fije en lo que es.. y consiguen que te empiece a dar vergüenza», afirma Bodelón con un tono de asombro.

«Estamos consiguiendo que algunas chicas empiecen a ponerse el DIU»

María y su equipo se propusieron hace poco ayudar a cambiar esa sensación que la mayoría de las mujeres indias tenían y tienen, aunque sea poco a poco. La idea partió de realizar unos talleres en las clases de Semilla para el Cambio que les aporte información veraz de todo lo relacionado con el periodo pero, sobre todo, que desmonte las mentiras que todas ellas habían aprendido a lo largo de su vida por imposición de su cultura. «En India la menstruación aún provoca mucho pudor a las mujeres, incluso hasta hablar de ella. Los días en los que la tienen lo tapan completamente, no dicen nada. Incluso no cocinan, se apartan de la familia o no pueden ir al templo. A sus hijas ni siquiera les dicen que existe. Ahora colaboramos con una ONG que está impartiendo un curso de género en nuestras clases. A las chicas les explicaron el tema de la menstruación, enfermedades sexuales o la higiene… Y sobre todo lo que es la regla, porque aquí piensan que es sangre sucia… Al oír las explicaciones se quedaban atónitas. Pensaban que era algo muy malo y estaban muy contentas de poder hablarlo». Así describe Bodelón la reacción de sus alumnas durante una sesión del curso de género.

A día de hoy la organización cuenta con tres promotoras de salud, aunque llegaron a tener muchas más, que conocen a las familias y les hablan de todas las cosas de salud y de planificación familiar. Están consiguiendo que algunas chicas empiecen a ponerse el DIU y otros métodos anticonceptivos. Antes no querían ni oír hablar del tema, les parecía imposible, pero ahora gracias a estas promotoras están empezando a verlo como algo más normal. Un conocimiento que está aportando a las mujeres que lo adquieren una mejor salud, mayor libertad para elegir si quieren o no quedarse embarazadas y cuantas veces quieren hacerlo y que, además, les está quitando un miedo con el que es muy complicado vivir que como mínimo las somete a las decisiones de los hombres que las rodea.

Liberar a las mujeres de tanto estigma, secreto y tabúes es uno de los objetivos que persiguen desde Semilla y parece que día a día lo están consiguiendo. Historias de superación, esfuerzo y crecimiento son las que merece la pena escuchar cuando hablar con la fundadora de Semilla para el Cambio. Hablar de Durga es hablar de la buena labor que está logrando esta ONG. Durga es una de las niñas que está experimentando la libertad y evolución que la educación aporta a una persona. Ella fue una de las primeras estudiantes escolarizadas por Semilla para el Cambio en el barrio de Dashashwamedh cuando solo era una niña.

Ahora, con 15 años, está en octavo curso y quiere seguir estudiando para poder cumplir su sueño, crear una ONG con la que ayudar a otra gente a conseguir un futuro mejor: «Gracias a la educación podemos hacer realidad nuestros sueños. De verdad, podemos hacerlo, no es una utopía». Durga está plenamente convencida de ello, tanto es así que reta a todo aquel que lea esto a visitar su propia ONG «en unos diez años, más o menos», calcula.

Fuente: Agencia de Noticias AmecoPress

Foto: Archivo AmecoPress cedidas por Semilla para el Cambio

Comentarios