martes. 23.04.2024

El golpe militar en Níger confirma una tendencia de revuelta en el Sahel, que pone en cuestión el predominio francés y norteamericano en una de las zonas más pobres e inestables del mundo. Esta región conecta el África subsahariana con el Magreb y es el epicentro de los movimientos migratorios hacia Europa.

  1. UN ALIADO QUE SE CREÍA SEGURO
  2. VECINOS DÍSCOLOS
  3. UNA TRAYECTORIA INCOHERENTE

La respuesta occidental al golpe en Níger fue rápida: Francia, la UE y EE.UU exigieron el restablecimiento de la normalidad institucional, la liberación del presidente Mohamed Bazoum (en residencia vigilada pero no incomunicado) y su reposición en el cargo. Casi de inmediato, se procedió a suspender la ayuda económica y a cortar otros canales de cooperación. El lenguaje más duro vino de los países africanos de la región aliados de Occidente (CEAO), que llegaron a amenazar con una “intervención militar”, si los golpistas no deponían su actitud. La escalada estaba servida (1).

UN ALIADO QUE SE CREÍA SEGURO

Lo más relevante de lo ocurrido hasta la fecha en Níger es que resultaba inesperado. O casi. Tras los golpes antifranceses en los vecinos Mali y Burkina Fasso, Níger se había convertido en el baluarte de la estrategia de la doble contención occidental: frente al yihadismo, que tomó aquí el relevo tras la derrota del Daesh y Al Qaeda en Oriente Medio y el Norte de África; y frente al auge de una influencia rusa creciente. Se trata de amenazas dispares y opuestas.

El golpe militar en Níger confirma una tendencia de revuelta en el Sahel, que pone en cuestión el predominio francés y norteamericano en una de las zonas más pobres e inestables del mundo

El islamismo militante domina en buena parte de este triángulo de la crisis. Controla o ejerce un poderío predominante en más de la mitad de Burkina Fasso y en un porcentaje similar en Mali. En Níger no dejaba de crecer su influencia, pese al esfuerzo occidental de los últimos años, tras la expulsión de Francia de los otros dos países. La insurgencia yihadista ha provocado más de cien mil muertos y tres millones de refugiados en la última década en el Sahel. 

Los analistas liberales se muestran muy elogiosos con el desempeño del depuesto presidente nigerino Mohamed Bazoum. Le atribuyen un método muy creativo e inteligente para privar de respaldo social a los yihadistas: mejora de los servicios públicos, uso eficaz del apoyo militar occidental y apertura de un cauce de diálogo con los enemigos. Bazoum pasaba por ser el exponente de una nueva clase dirigente africana: un convencido de la democracia, flexible en las formas y, por supuesto, exento del resquemor creciente hacia las potencias occidentales, que se perciben como claramente neocoloniales (2).

Este retrato favorable de Bazoum obedece también a la necesidad de un discurso justificativo de la política practicada en los últimos años, tras el fracaso de las intervenciones militares francesas. La operación Barkhane tuvo que ser cancelada no solo por haber resultado incapaz de frenar a los islamistas, sino también, y principalmente, porque había provocado una crisis insalvable de confianza entre París y las élites gobernantes locales.

Una sociedad francesa semipública (Orano) posee el control de las tres principales minas de uranio de Níger

Aparte de lo mencionado, Níger tenía una importancia destacada para Francia por ser uno de sus principales proveedores de uranio, imprescindible para alimentar sus centrales nucleares, que se han convertido en una fuente prioritaria de energía, tras las tensiones sobre el gas, debido a la guerra de Ucrania. Una sociedad francesa semipública (Orano) posee el control de las tres principales minas de uranio de Níger. Aunque algunos analistas tienden a relativizar este factor, no se puede negar el interés francés por mantener el control del país (3). De momento, las nuevas autoridades han suspendido la venta de uranio a Francia, en represalia por las sanciones inmediatas adoptadas por Francia y sus aliados europeos y norteamericano.

VECINOS DÍSCOLOS

Hace año y medio, los militares tomaban el poder directamente en Malí y, este mismo año, en dos intentos sucesivos, una nueva generación de uniformados hacían lo propio en Burkina Fasso. Casi de inmediato se confirmaba un giro en las alianzas exteriores de ambos países: cortaban con Francia. Mali negoció el apoyo de las milicias rusas Wagner (Burkina Fasso lo está considerando), para combatir la amenaza yihadista. El resultado en estos últimos meses no ha sido prometedor. La violencia ha continuado o incluso ha aumentado, debido a las actuaciones de los mercenarios rusos en la persecución de los islamistas. 

Después del revés, Francia concentró sus fuerzas en Níger (1.500 hombres), donde hay también una base norteamericana de drones operada por mil soldados. El gobierno de Macron creía tener asegurado ese último bastión seguro en el Sahel. Pero el general Tchiani, jefe de la guardia presidencial, no compartía la evaluación francesa y decidió seguir el ejemplo de sus vecinos. A renglón seguido acusó a París de injerencia (4). 

En todo caso, no hay evidencias de que el golpe en Níger haya sido instigado desde Malí o Burkina Fasso, aunque estos dos países ya han dicho que responderán a una intervención militar contra la Junta nigerina. Tampoco se percibe la mano de Moscú, según admite el Departamento norteamericano de Estado. Algunos medios habían insinuado lo contrario, apoyándose en las manifestaciones de tono antifrancés y prorruso de los últimos días. Otras voces regionales impugnan la visión occidental. Un artículo del diario argelino EL WATAN dice que hay “un viento de emancipación ante el cual se estrellan las amistades hipócritas (5).

Mali negoció el apoyo de las milicias rusas Wagner (Burkina Fasso lo está considerando), para combatir la amenaza yihadista

Los golpes militares en África han respondido muchas veces a cuestiones internas o incluso personales (rivalidades, resentimientos, odios), que los agentes externos inducen, explotan o estimulan. Este podría ser el caso de Níger. El jefe golpista había sido nombrado por el anterior presidente y Bazoum lo había confirmado. Tampoco es que la lealtad sea un valor sólido en países como éstos, demasiado erosionados por una corrupción primaria.

El golpe en Níger coincidió casualmente con la celebración de un cumbre ruso-africana en Moscú. Putin aprovechó la ocasión para insistir en un discurso de hermandad con el continente y deslizar alguna que otra promesa de alto valor propagandístico, como la donación gratuita de grano a los países más vulnerables afectados por la guerra de Ucrania. El Kremlin decidió hace unos días no renovar el pacto que permitía la exportación de grano ucraniano, negociado el año pasado por Turquía y la ONU. En África, estos gestos tienen cierta repercusión, aunque es demasiado pronto para medir su efecto real.

UNA TRAYECTORIA INCOHERENTE

La aparición de Rusia en el escenario africano ha favorecido el relato político y propagandístico occidental. Esto ya había ocurrido con China, por sus iniciativas comerciales y sobre todo por sus programas de inversión en infraestructuras, que han generado inmensas deudas públicas. África, continente depositario de valiosísimas materias primas para la nueva economía digital, se ha convertido en terreno de confrontación de las grandes potencias del planeta (6). Un nuevo colonialismo se abre paso, con rasgos y características distintos según el caso. 

Pero más allá de los discursos, conviene cuestionar la manera en que los gobiernos y medios occidentales afrontan estas crisis de gobernabilidad en África (y, en general, en el Sur). La defensa encendida de la democracia encaja` mal con actuaciones occidentales precedentes. Algunos ejemplos recientes resultan bastante ilustrativos.

En Egipto, hace diez años, Occidente se conmovió poco o nada cuando el general Al Sisi acabó a sangre y fuego con el gobierno constitucional de los Hermanos Musulmanes, una formación islamista moderada que había ganado con claridad las primeras elecciones libres en muchas décadas. Desde entonces, el gobierno militar egipcio ha sido mucho más represivo que los precedentes de Mubarak. En este caso, la eliminación del islamismo, aunque fuera tibio, primó sobre el respeto a los valores y procedimientos democráticos. 

África, continente depositario de valiosísimas materias primas para la nueva economía digital, se ha convertido en terreno de confrontación de las grandes potencias del planeta

Algo parecido está ocurriendo en Túnez, donde el Presidente Kaïs Saied ha eliminado o vaciado de sustancia las instituciones democráticas, a la vez que se manifestaba implacable en la persecución del partido islamista moderado Ennahda (Renacimiento). Occidente se ha limitado a protestar verbalmente; en la práctica, ha adoptado una serie de políticas orientadas a su mantenimiento en el poder: negociación de un difícil acuerdo con el FMI para estabilizar la maltrecha economía local y recuperación de un pacto antiinmigración similar al alcanzado con Turquía hace siete años. El trato infligido a los sahelianos que pretenden llegar a Europa desde Túnez es inhumano y cruel, según han denunciado las principales ong’s internacionales. Como ya hizo en Libia, la UE subroga en gobiernos no democráticos el control migratorio.

Otra crisis reveladora de este doble rasero apunta en el África Occidental. En Senegal, uno de los países donde parece anclada más sólidamente la tutela francesa, el actual gobierno del presidente Macky Sall ha disuelto hace unos días el principal partido de la oposición y detenido a su carismático dirigente, Ousman Sonko, que contaba con razonables expectativas de triunfo en las elecciones de febrero de 2014. Sall había renunciado hace unas semanas a presentarse a una segunda reelección, lo que hubiera supuesto forzar la Constitución, tras una oleada de protestas que degeneraron en un clima de gran tensión política y violencias callejeras (7). Las élites senegalesas saldarán cuentas dentro de unos meses, pero de momento intentan evitar que el movimiento descontrolado y populista de Sonko pudiera abrirse paso hacia el poder. De momento, en Paris se guarda un discreto silencio ante unos acontecimientos poco compatibles con el ejercicio de la democracia.


NOTAS

(1) “Au Niger, le coup de forçe contre Mohamed Bazoum désestabilise encore un peu plus le Sahel”. LE MONDE, 27 de julio.
(2) “Chaos in the Sahel. Fanatics and putschists are creating failed states in west Africa”. THE ECONOMIST, 1 de agosto.
(3) “The coup in Niger puts spotlight on nation’s uranium”. ISHAAN THAROOR. THE WASHINGTON POST, 1 de agosto. 
(4) “La France accusée d’ingérence par la junta nigérienne”. COURRIER INTERNATIONAL, 1 de agosto.
(5) “Au Niger, c’est aussi l’Afrique qui coupe avec la France”. NOURI NESROUCHE. LE WATAN, 31 de julio.
(6) “The Global Economy’s future depends on Africa”. JACK A. GOLDSTONE & JOHN F. MAY. FOREIGN AFFAIRS, 18 de mayo.
(7) “Au Sénegal, le gouvernement dissout le parti de l’opposant Ousmane Sonko, deux morts dans des manifestations”. LE MONDE, 1 de agosto.

El Sahel se inflama contra Occidente