viernes 28/1/22
boris jhonson

A finales de noviembre a través de la página web del NHS reservé una cita para la tercera vacuna del coronavirus. Lo más temprano que pude encontrar cita fue para el 8 de enero. Aparentemente muchos vacunados corrieron ante la posibilidad de poder tener esta tercera dosis de la vacuna cuanto antes, en tiempos en los que ómicron no era más que una letra griega.

Desde esta reserva de cita hasta ahora han sucedido multitud de acontecimientos en los reinos de Boris Johnson, que no han hecho más que ahondar el sentimiento de estar atendiendo al espectáculo de sufrir al peor primer ministro que Reino Unido ha tenido nunca, me atrevería a aventurar.

Como todo en el cuento de Boris, tiene siempre ases en la manga que van saliendo según le conviene, y el 9 de diciembre tuvo el segundo hijo con su actual pareja Carrie, que se añade al número no claro de hijos totales que tiene desperdigados por el mundo.

El nacimiento le dio respiro y las páginas de los tabloides pasaron a centrarse en el nuevo bebé, en vez de seguir destripando los desastres de la gestión del Brexit, de la COVID… de todo.

En navidades de 2020 se exigió que las familias se comportaran no juntándose muchos, protegiéndose, no mezclándose con otras familias atendiendo a eventos, y justamente 12 meses después se repiten la petición de buen comportamiento. Todo tras unos meses en los que la gente se ha olvidado de mascarillas, de lavarse las manos, de no ir al pub, y han estado juntando a miles de personas en eventos multitudinarios como si estuviéramos en 2019.

Los dos últimos meses hemos visto días con cifras de 50 mil infecciones, pero eh, todo sea por la inmunidad del rebaño, y ahora llega la nueva mutación del virus, y ya se ha superado el récord absoluto diario de infecciones con más de 88 mil infectados el jueves 16 de diciembre.

El Brexit sanitario existe también, parece ser, y otra vez Reino Unido está muy por encima de los grandes países de la UE en número de infecciones, y curiosamente muy por debajo de los muertos diarios…pero con lo bien que se le da a este gobierno ocultar datos o meter bajo la alfombra ciertos “problemillas” no queda duda que podríamos malpensar que las cifras estadísticas no son reales.

En diciembre del 2020, mientras nadie salía ni quedaba para ir a fiestas, el número 10 de Downing Street, donde reside y trabaja el Sr. Johnson, fue lugar de diversas fiestas.

Estas fiestas según el primer ministro no ocurrieron, pero no solo están saliendo fotos de ellas incluso con videos de trabajadores haciendo bromas sobre las mismas (conllevando la dimisión de la portavoz del gobierno Allegra Stratton esta semana), sino que ahora ha quedado constatación de que Boris Johnson atendió a varias de ellas.

Durante el primer encierro en mayo de 2020 cuando no podía haber ningún tipo de reuniones, se juntaron más de 35 personas en la residencia del primer ministro para celebrar que se había ganado al virus. ¿En mayo de 2020 Boris había ganado al virus?

Este gobierno ha dado volantazos varios. Se tenía a la inmunidad de rebaño de primera opción y pronto se desestimó. En 2021 se ha estado buscando de nuevo la inmunidad de rebaño, dejando a una población sin liderazgo en la lucha contra la COVID y esta población se ha relajado hasta limites insospechados, sin preocuparse de ver que durante meses se dejaba campar al virus a sus anchas, con decenas de miles de infecciones diarias.

La vacuna llegó primero a Reino Unido, pero al llegar al 70% de vacunación se frenó y los antivacunas han estado propagando falsos rumores y compartiendo datos erróneos para tratar de frenar la protección principal que teníamos ante el virus.

Esta semana llegó a mi móvil un mensaje de mi médico de cabecera diciendo que mi cita para la vacuna el 8 de enero se cancelaba y tenia que volver a reservar cita.

Repetí el procedimiento y para mi sorpresa se me ofrece una cita este sábado, casi 20 días de adelanto ante la cita anterior, gracias al volantazo 346 de Boris. El gobierno anuncia incremento de recursos para intentar poner más de 1 millón de vacunas diarias antes de Navidad al ver que el crecimiento de infectados de la variante ómicron va a poner en serio peligro al sistema sanitario.

La culpa compartida es de un gobierno inepto, y de una población que confía en un gobierno inepto.

Esta semana se han compartido en redes sociales unos eslóganes y unos carteles muy parecidos a los de los reclutamientos para las guerras, buscando voluntarios para este nuevo esfuerzo contra la COVID. Voluntarios. ¿Os suena?

No, no nos invitan a esas fiestas elitistas en el número 10 de Downing Street en compañía de Boris Johnson y Carrie y a las que estas navidades ya no invitaran a Dominic Cummings, Matt Hancock, ni Allegra Stratton. Estos ya han sido quemados en la pira funeraria que esta dejando tras de si el coronavirus en Reino Unido. Funcionarios, asesores, ministros, secretarios de estado que van cayendo 1 a 1, según el público demanda cabezas para saciar la sed de venganza ante los problemas de la sociedad británica. El líder sigue arriba con la cabeza alta.

Boris sigue, y sigue teniendo bebés, y mintiendo sobre lo que su gobierno hace, y pasándose a la cámara de comunes por el arco del triunfo, y haciendo fiestas mientras nos exige que no osemos a juntarnos con nuestros amigos. Y lo hace porque puede y porque nadie le pone reglas.

Él pertenece a ese grupo de población a los que no se les retira el acta de diputado tras una condena firme del Tribunal Supremo. Boris pertenece a esa élite a la que lo que le digan los tribunales le afecta poco. ¿Quizás a sus fiestas invite a Espinosa de los Monteros?

En Reino Unido el virus que más afecta es Boris, no la covid