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jueves 19/5/22

Es el tema en todo el planeta: el ataque a Ucrania por tierra, aire e, incluso, mar, por parte de las fuerzas armadas rusas, comandadas por el presidente de la Federación rusa Vladimir Putin. Por supuesto que todas las noticias hay que ponerlas en principio en sordina, tratar de separar el grano de la paja, la verdad de la mentira o de la mera opinión, la mezcla de los medios entre información y opinión, tratar de que no venza la mentira de las agencias y medios de desinformación oficiales y privados a la verdad, a la cruda realidad de los hechos. Y algo se puede afirmar de estos: que Ucrania ha sido parcialmente ocupada, bombardeada gran parte de sus ciudades, aunque puede entenderse que de forma selectiva hasta el momento –en Mariúpol parece que se ha llegado más allá– por un país que tiene varias miles de ojivas nucleares por otro que no tiene ninguna, por más que aspire estar en la OTAN y cuya diferencia entre el ejército convencional de uno y otro es el de una hormiga y un elefante.

Frente a este hecho hay en efecto dos caras de la moneda, dos formas de enfrentar el tema que tenemos los ciudadanos, los políticos, los periodistas que descuidan que su deber es informar y no opinar, no enjuiciar, no adjetivar cuando solo ejercen de informadores: buscar la explicaciones del hecho por un lado y, por otro, examinar la cuestión desde el lado de la ética, desde el lado de los principios, desde el lado de los derechos humanos, desde el lado del derecho internacional, desde el lado del derecho a la soberanía de los países, sea cual sea su historia, su próximo pasado o no tan próximo. El problema es que el mero análisis sesudo de los acontecimientos lleva inevitablemente y de forma no querida a justificar los hechos. En efecto, los europeos, la OTAN como organización, USA, han cometido errores con Rusia, unas veces por acción y otra por omisión. No se han respetado probablemente palabras dadas (1990) con el tema de la ampliación de la OTAN a partir de la caída del muro de Berlín (1989), que los europeos han sucumbido a los deseos de los países que estuvieron en el Pacto de Varsovia –y otros que no estuvieron– de garantizarse su seguridad frente al oso ruso entrando en la OTAN, que USA ha utilizado a Europa para obligarla a rearmarse provocando al oso, un oso comandado por un autócrata que amenaza con bombas nucleares tácticas, que no se han respetado los dos acuerdos de Minsk, etc. Y por omisión, que no se hizo nada realmente efectivo cuando en el 2014 Rusia, de la mano de Putin, se anexionó Crimea, cuando destruyó Grozni y Alepo, que se han hecho oídos sordos a las amenazas más o menos veladas de Putin desde hace más de una década, etc. Todos esos son errores que están mereciendo análisis sesudos por expertos y otros no tanto, pero el hecho incontrovertible es que el presidente de la Federación rusa, que tiene miles de ojivas nucleares, ha atacado un país pigmeo pero soberano, que no tiene armas nucleares, que está en el derecho a tomar sus decisiones económicas, políticas y de defensa siempre que no agreda a otro país, sea una democracia, una autocracia o una dictadura.

El siglo XXI ha empezado el 24 de febrero del 2022, lo mismo que el XX acabó en 1989 con la caída del muro de Berlín. A partir de ahora el mundo será diferente, pero a peor, más armado y con más guerras convencionales

Es verdad que los nazis mataron a 27 millones de rusos, que es verdad que los dos mayores atentados terroristas de la historia los cometió Harry Truman, presidente de USA, cuando en agosto de 1945 ordenó lanzar dos bombas atómicas sin previo aviso contra dos ciudades, que USA ha cometido crímenes de guerra en las decenas de intervenciones militares desde la II Guerra Mundial, que bombardeó con napal zonas agrícolas en Vietnam, que atacó Irak con mentiras y destruyó o casi Faluya, que ha propiciado y financiado decenas de golpes de estado en América Latina. Que, dicho de otra manera, ninguna lección ética puede dar a Rusia y a los europeos de su comportamiento en el próximo pasado. Tampoco los europeos –si nos remontamos algo más– podemos sacar pecho ético con lo hecho en las colonias que conquistaron previamente, especialmente y por ejemplo, Francia en Argel o Bélgica en el Congo entonces belga, claro. Nadie puede dar lecciones. Pero el hecho es que hoy día, un país europeo está siendo supuestamente desnazificado con método nazis, que la anexión de Crimen en el 2014 recuerda mucho la de los Sudetes por parte de Hitler, que ni Putin ni Hitler respetaron la soberanía de los pueblos cuando eligieron su destino como país. Hitler argumentaba con el espacio vital, con la supremacía de la raza aria, menospreciaba a judíos, eslavos, gitanos, homosexuales, que consideraba injustas –y lo eran y eran un error económico como denunció Keynes en su momento– las reparaciones de guerra impuestas en el tratado de Versalles por parte de los países vencedores de la I Guerra Mundial. Pero a Hitler no le bastó con la anexión de los Sudetes –territorio de lo que ha sido Checoslovaquia–, sino que a continuación se anexionó Austria, atacó Polonia, ocupó Francia, bombardeó el Reino Unido y más y más. Y tan poco parecía el espacio vital que atacó la URSS de entonces, pasó al África, etc. Es la lógica de la conquista. En el caso de Ucrania es Ucrania o lo parece solo el primer paso. De hecho Putin ha amenazado explícitamente a Finlandia y Suecia si pretendieran entrar en la OTAN. ¡Pobre Moldavia que ni está en la UE ni en la OTAN! De entre sus amenazas –las de Putin– está el uso de armas tácticas nucleares. Y aún son más terribles los argumentos del autócrata porque no tiene en cuenta la soberanía de los países, del derecho de sus ciudadanos a elegir su destino forjando sus democracias, tal como hizo España cuando murió el dictador. Son los argumentos de Putin España está tardando en anexionarse Portugal puesto que perteneció al mismo imperio hispánico que Castilla, Aragón, Cataluña, etc., desde 1580 a 1640. Seguramente para Putin no tendría ningún valor el tratado de Lisboa de 1668 mediante el cual Portugal se independizó de la monarquía hispánica. Con esa misma lógica España también debería reclamar toda América Latina, Méjico y parte del Caribe, porque fueron españolas ¡antes de formarse como naciones tal como están configuradas hoy día! O con lo misma lógica y con más razón Méjico debería reclamar para su soberanía California, Tejas, Arizona, Nuevo Méjico, Nevada, etc., que fueron arrebatadas por la fuerza por los yanquis entre 1845 y 1846 cuando, en esta ocasión, Méjico era un país soberano. ¡Pues no sé que esperan los mejicanos siguiendo la doctrina Putin! Y si hablamos de Europa es entrar en un rompecabezas con más variantes que el cubo de Rubik.

Y podemos llegar más lejos y preguntarnos si realmente los países fronterizos con Rusia pertenecientes a la OTAN son un peligro para Rusia o es solo un pretexto: ¿cabe imaginarse a Polonia, a cualquiera de los países bálticos, a Moldavia, a la misma Ucrania, atacando del modo que sea a Rusia? ¿Cabe preguntarse si USA tiene tanto poder sobre estos países como para ordenarles que ataquen a Rusia? ¿Cabe preguntarse si un país que pertenezca a la OTAN va a atacar por su cuenta y riesgo a Rusia sin que los demás países pertenecientes a la organización no hagan nada por impedirlo sabiendo que, en ese caso, está comprometiendo a todos? ¿Necesita USA, en caso de conflicto nuclear, tener aliados en la frontera rusa para atacar a Rusia con armas nucleares y, con ello, asegurarse la destrucción mutua? La OTAN es una organización defensiva, pero no porque lo diga sus estatutos, sino porque 30 países pequeños –aunque con grandes diferencias entre ellos– no pueden ponerse de acuerdo para atacar a un país con las armas nucleares que tiene Rusia: los países no se suicidan colectivamente. ¡Esperemos que sean capaces de defenderse colectivamente si la ocasión lo requiriera! Las armas nucleares, aunque nunca lleguen a emplearse –y esperemos que así sea– no son inocuas, son un elemento de disuasión de primer orden. Más aún, cabe apostar con ventaja que si Ucrania hubiera tenido armas nucleares Putin no lo hubiera atacado, invadido, bombardeado. Putin no es de izquierdas, es un peligroso reaccionario nacionalista y sus amigos son Trump, Bolsonaro, Salvini, Le Pen, Orbán, Abascal. Y la izquierda española tendría que recordar a los votantes españoles que Putin no es comunista, que pertenece al partido de Rusia unida, que el partido comunista está en la oposición en el parlamento ruso.

El siglo XXI ha empezado el 24 de febrero del 2022, lo mismo que el XX acabó en 1989 con la caída del muro de Berlín. A partir de ahora el mundo será diferente, pero a peor, más armado, con más guerras convencionales –y esperemos que solo sean convencionales–, bipolarizado de nuevo, pero con dos nuevos bloques: USA/Europa versus China/Rusia. Una lástima. Y China, a todo esto, con un ojo en Occidente y el otro en Taiwán. Y cuidado con USA, un imperio en decadencia, pero los coletazos de los imperios en decadencia son igual o más peligrosos que en sus comienzos: lo estamos viendo ahora con Rusia.

Putin o cómo desnazificar con métodos nazis