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martes. 28.06.2022

La estación de tren está abarrotada de personas que intentan desesperadamente coger un tren que los traslade a Polonia o a Chequia. Muchos duermen en la estación porque los alojamientos están saturados o porque no pueden pagar los precios de hoteles y apartamentos que en muchos casos se han duplicado.

Las 8:00 pasadas. Crónica en Radio Nacional de España desde Leópolis (Lviv) Ucrania, de Aurora Moreno. Uno está acabando el desayuno y se le atraganta la tostada. ¿De verdad somos seres humanos? ¿O realmente sólo somos primates con armas que nos permiten destruir cada vez mejor a nuestr@s semejantes? ¿Qué tipo de mundo queremos construir cuando lo que es escaso sube de precio a costa de la necesidad de las personas?

¡Es el mercado, amigo!

¡Es la economía, estúpido!

¿No somos capaces de buscar otro marco de relación? ¿Ni siquiera cuando nuestr@s conciudadan@s, acuciados por el pánico, se ven obligados a huir? ¿Es lícito que haya quien se lucre con su dolor y su terror porque escasean los alojamientos? ¿Esa va a ser siempre nuestra forma de afrontar la escasez, dejando que los que más dinero tienen sean los que se salven, los que gocen de privilegios? ¿Puede el dinero sobre los sentimientos, nuestra humanidad?

¡Es el mercado, amigo!

¡Es la economía, estúpido!

Siento una ligera arcada. No es más que una frase en una crónica de casi dos minutos. Pero qué frase: “no pueden pagar los precios de hoteles y apartamentos que en muchos casos se han duplicado”. Ya no es la guerra. Ya no es la megalomanía de líderes mundiales decididos a imponer su voluntad por la fuerza. Ya no es la voluntad de las compañías de armamento para vender bombas a 100.000 euros. Es otro ser humano, un propietario de un alojamiento en el lugar y el momento adecuado, el que se lucra con la necesidad de otros seres humanos.

¡Es el mercado, amigo!

¡Es la economía, estúpido!

Siento que me gritan eso al oído. Que la humanidad ha basado su relación en un modelo que en lugar de compartir lo escaso se lucra con el acaparamiento. Aún hay quién pregunta por qué no me gusta el sistema capitalista, por qué lo considero indigno de la humanidad. Por cierto, demagogias del tipo “acoge tú a un ucraniano en tu casa” o “pues bien que vives tú en un sistema capitalista” son correlato de:

¡Es el mercado, amigo!

¡Es la economía, estúpido!

La urgencia acuciante es que pare la guerra. La urgencia utópica es que se establezca un desarme total. Y una utopía aún mayor, que los seres humanos nos paremos a pensar si es este el tipo de vida que queremos: lo escaso no se comparte, se vende más caro. Y si no tienes dinero para comprarlo, aunque en ello te vaya la vida:

¡Es el mercado, amigo!

¡Es la economía, estúpido!

Un sistema que permite el acaparamiento de los bienes en manos de unos pocos en casos de escasez no es un sistema justo. Es un sistema inhumano porque la especie no puede perpetuarse con ese sistema. Porque habrá algún loco acaparador de armas de destrucción masiva (y todos sabemos quiénes las tienen de verdad, quienes pueden pulsar un botón rojo) que acabe con la humanidad cuando un bien determinado sea tan escaso que no se pueda pagar ni con dinero, y sólo se pueda obtener por la fuerza bruta. Y no esperemos a que eso ocurra para borrar del futuro de la humanidad esas dos frases:

¡Es el mercado, amigo!

¡Es la economía, estúpido!

De otra forma, una de las dos acabará con los seres humanos. Si es que tal ficción ha habitado realmente alguna vez la Tierra.

 Joaquín R. López Bravo

Primates con armamento