sábado. 13.07.2024
cumbre de Bürgenstock
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Durante los pasados 15 y 16 de junio, se ha celebrado, en la localidad suiza de Bürgenstock, a petición y solicitud de Ucrania, una cumbre de alto nivel de 92 países para analizar y, en su caso, proponer la implantación de la Fórmula de Paz de diez puntos presentada por el presidente ucraniano Volodímir Zelenski en la cumbre del G20 celebrada en Bali (Indonesia) el 15 de noviembre de 2022, sobre cuyo desarrollo y análisis, ya se han celebrado, desde entonces, cuatro reuniones internacionales de más bajo nivel.

Los diez puntos de este Plan de Paz del presidente Zelenski presentado en Bali pueden condensarse en cuatro exigencias básicas: restauración de la integridad territorial de Ucrania, retirada total y completa de las tropas rusas del territorio ucraniano, creación de un Tribunal Internacional Especial para el enjuiciamiento de los crímenes de la agresión rusa e ingreso de Ucrania en la arquitectura de seguridad euroatlántica; conseguidas las cuales, todas las demás exigencias del Plan serían de fácil y no conflictiva implantación.

Pero hay que tener en cuenta que este Plan se presentó en noviembre de 2022, es decir, en los momentos en que las expectativas ucranianas de llegar a poder repeler la invasión rusa estaban en su momento más favorable, tras hacer fracasar la operación relámpago rusa (operación militar especial) para la toma rápida y decisiva de Kiev en febrero/marzo de 2022 y recuperar la iniciativa con los puntos culminantes de las exitosas ofensivas de recuperación de las áreas de Járkov (septiembre de 2022) y Jerson (octubre de 2022).

Algo muy distinto a la situación actual, fecha (junio de 2024) de su reedición en Suiza, en la que son las tropas rusas las que llevan la iniciativa en un proceso lento pero continuo de recuperación de territorio y de destrucción de las principales infraestructuras económicas, energéticas y socio-habitacionales ucranianas, en un ambiente de desesperanza ucraniana por la escasez e inferioridad de armamento y material respecto al ruso, que las dudas y los sí pero no y no pero sí de Estados Unidos y los países europeos no hacen sino incrementar en su permanente dilema entre no dejar caer a Ucrania, reforzando así la posición internacional de Rusia, y evitar que el conflicto se descontrole y los involucre en situaciones que las respectivas ciudadanías (especialmente las europeas) no parecen estar muy dispuestas a aceptar. 

Una situación actual de desesperanza que también se revela en el ámbito internacional, donde la OTAN+, principal y cada vez más única sustentadora de la causa ucraniana, se ve cada vez más aislada y menos aceptada como el gendarme de las relaciones internacionales con capacidad, manu oeconomica o manu militari, para imponer sus propias reglas del juego, su “orden basado en (sus) normas y (sus) valores”.

Algo que se ha podido apreciar en la preparación, desarrollo y resultado final de la cumbre de Bürgenstock.

Para empezar, Rusia, a la que se había marginado de la cumbre y sabiendo que el curso de la guerra sobre el terreno se está inclinando a su favor, decidió jugar fuerte y justo el día antes, 14 de junio, de que comenzara la cumbre de Bürgenstock, lanzó, por boca de su más alta instancia, el presidente Putin, una sintética alternativa de paz de dos puntos: retirada ucraniana total de los oblasti de Luhansk, Donetsk, Jerson y Zaporiyia (es decir, del actual territorio en estos momentos en manos rusas más las porciones de estos oblasti aún en manos ucranianas) y renuncia formal de Ucrania a ingresar en la OTAN.

En segundo lugar, China, que había sido invitada a participar en la cumbre, declinó asistir, ante la ausencia de Rusia en la misma, dando a entender que no apoyaría ninguna solución que no contase con la aquiescencia de ésta.

Pero será el computo final de adhesiones al comunicado final de la cumbre el que de forma más evidente mostrará el débil entusiasmo internacional por una propuesta de paz que en el fondo, después de dos años y medio de guerra y una escasa probabilidad de ganarla, lo único que ofrece es el criterio de máximos, el “a por todo”: que Rusia renuncie sin contrapartidas a las razones que la llevaron a la guerra (el progresivo cerco territorial y dialéctico de la OTAN) y abandone, ahora que se sienten protegidas, a las minorías (en algunos sitios, mayorías) filorusas (culturalmente rusas) del Donbás (este ucraniano) y de la península de Crimea.

Trece de los 92 participantes no firmaron el comunicado final de la cumbre, entre ellos Brasil, India y Sudáfrica

Efectivamente, trece de los noventa y dos participantes (se enviaron ciento sesenta invitaciones a Estados y organizaciones multinacionales) renunciaron a firmar el comunicado final de la cumbre. Entre ellos encontramos, en primer lugar a Brasil, India y Sudáfrica, que con los ausentes Rusia y China, constituyen el núcleo original de los BRICS, pero también Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, más recientemente incorporados a dicho grupo (BRICS+), el heterogéneo grupo de países que, con ciertas posibilidades de conseguirlo, han decidido plantar cara por vías políticas, económicas e ideológicas pacíficas a la hegemonía del llamado mundo occidental (OTAN+) encabezado por Estados Unidos en las tres últimas décadas.

En otro sentido, podemos encontrar también una buena representación de países árabo-musulmanes: los ya citados Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, pero asimismo Indonesia, Baréin, Irak, Indonesia, Jordania, Libia, Mauritania y Tailandia (Liga Árabe, Organización de Cooperación Islámica) y latinoamericanos: Brasil y México, los dos “grandes” del área.

Es decir, contando a los ausentes China y Rusia, los dos tercios aproximadamente de la población del mundo y de los territorios del globo, pero también, al menos, la mitad de la economía mundial medida por cualquiera de los parámetros habitualmente usados para ello.

No parece entonces que el Plan (de Paz) Zelenski sea una propuesta practicable. Como tampoco lo es la contrapropuesta rusa de dos puntos más arriba mencionada, por la misma razón: propuestas “de máximos”, del “a por todo”. Ambas parecen más bien propuestas “para ganar la guerra” que “para parar la guerra”. Es lo que concluye la profesora de Ciencia Política de la Universidad Complutense, Ruth Ferrero-Turrión (Público, 22 de junio): la cumbre lo único que ha mostrado es que “los países europeos siguen formando un sólido bloque antirruso”, mientras el resto considera “que las dos partes deberían ceder en algo”.

No parece que el Plan (de Paz) Zelenski sea una propuesta practicable. Como tampoco lo es la contrapropuesta rusa

Habría que recuperar, si todavía es posible, el espíritu (y el formato) de los Acuerdos de Estambul de marzo de 2022 (Iniciativa del mar Negro y Memorándum Rusia-ONU sobre cereales ucranianos y exportaciones rusas) alcanzados directamente por las propias Rusia y Ucrania viéndose las caras en la mesa de negociones bajo mediación turca y de la ONU.

Pretender que una potencia como Rusia acepte un plan de paz que en la práctica implicaría admitir que ha perdido la guerra y que no sólo no va a conseguir los objetivos por los que la desencadeno sino que, ítem más, sin siquiera participar en su elaboración, discusión y negociación parece una ingenuidad, salvo que sea una ingenuidad calculada e intencionada, como un medio más de ese tipo de guerra, al parecer tan de moda -como si no hubiera existido siempre a través de diferentes modalidades y con diferentes tipos de medios- de la Guerra Híbrida, hasta no hace mucho conocida como propaganda de guerra. De esa guerra entre el en declive Occidente (OTAN+) y los emergentes BRICS+ y Sur Global.

Plan Zelenski