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sábado. 25.06.2022
ucrania

La guerra de Ucrania ya se ha internacionalizado por completo. En realidad nunca ha sido del todo un conflicto bélico entre sólo dos contendientes. La guerra moderna no se libra solamente con medios militares ni únicamente sobre el terreno. Los recursos políticos, económicos y de información, inteligencia y propaganda son cada vez más determinantes.

Ucrania no lucha sola, pese a las reclamaciones continuas del presidente Zelensky, por lógicas y comprensibles que sean. Pese a la diferencia abismal aparente de los ejércitos de ambas partes, Ucrania no sólo se ha beneficiado de los errores tácticos del mando militar, la supuesta falta de motivación de los soldados o los errores logísticos de Rusia. A estas alturas es imposible negar, salvo por motivaciones propagandísticas, que la intensidad, amplitud y variedad del apoyo occidental a Ucrania constituyen claramente una participación decisiva en la guerra ( ). Estas son las distintas categorías de la ayuda occidental:

1) INTELIGENCIA. El ejército ucraniano ha contado desde el principio con la ayuda muy precisa de la inteligencia occidental (fundamentalmente de Estados Unidos), lo que le ha permitido anticipar los movimientos de la fuerza expedicionaria rusa, detectar de forma temprana sus debilidades y planificar mejor defensas y contraataques. En conversaciones privadas (y a veces incluso públicas, con la obligada discreción), los mandos militares de la OTAN no esconden la importancia de este factor en el desarrollo de la guerra.

2) ARMAMENTO. A esto se añade, contra la narrativa dominante en los medios menos objetivos, un apoyo exterior en armamento, que ha sido incremental en cantidad, pero sobre todo en calidad. La brecha tecnológica de las máquinas bélicas que está recibiendo Ucrania en las últimas semanas está supliendo poco a poco la inferioridad numérica con que afrontó el inicio de los combates.

La cautela de las primeras semanas era, a la vista de lo ocurrido después, más táctica que estratégica. No se quería provocar a Rusia con una involucración directa, se decía en las capitales occidentales o en la OTAN. El desencuentro con Polonia sobre la propuesta de envío de los Mig-29 de fabricación soviética con que cuentan los países del Este europeo fue quizás el mejor ejemplo de ese prudencia frente al riesgo de una extensión del conflicto (2). Mientras se desarrollaba este debate, el goteo de armamento crucial para detener la ofensiva blindada de Rusia continuaba incesantemente, en menor cantidad y con más lentitud de lo que hubiera querido Zelensky, pero con una intensidad que sólo justifican sus quejas como una forma de presionar a sus aliados no formales pero si fácticos (3).

Es evidente que el giro que se produce en la guerra tras los primeros diez días, con el atasco del avance ruso, animó a soltar amarras en la participación militar subrogada de las potencias occidentales en favor de la resistencia ucraniana.

Solo Estados Unidos ha destinado 1.600 millones de dólares suplementarios en rearmar al ejército ucraniano desde el comienzo de la guerra. Los misiles anticarro Javelin han sido decisivos en el freno de la ofensiva rusa; a los que hay añadir otras armas antitanque ligeras, de uso individual, proporcionadas por distintos países de la OTAN. En marcha se encuentran también las baterías artilleras de obuses remolcados Howitzer. Hasta Alemania, reticente durante muchas semanas, se ha decidido a enviar sistemas antiaéreos. Distintos especialistas militares coinciden en señalar que esta panoplia creciente ha resultado mucho más decisiva que la valentía o el coraje de los combatientes locales.

3) ENTRENAMIENTO Y CAPACITACIÓN. Otro elemento del que se ha hablado menos ha sido el apoyo previo que Ucrania ha recibido de Occidente para mejorar su capacidad de combate ante el riesgo de una invasión. Desde el fiasco de Crimea, las fuerzas armadas ucranianas han recibido de la OTAN un intenso y extenso entrenamiento y una novedosa capacitación, a partir del conocimiento propio de las doctrinas de actuación rusa, que no han variado sustancialmente desde la era soviética (4).

4) MÁXIMA PRESIÓN ECONÓMICA. También se ha debatido mucho si el acogotamiento de la economía rusa podría terminar por bloquear el esfuerzo bélico del Kremlin y favorecer un estimulo negociador. Es un dilema difícil de resolver. Los ejemplos históricos nos demuestran que las sanciones hacen mucho daño a las poblaciones, pero no siempre ponen de rodillas a las autocracias. El ejemplo más reciente es el de Irán.

Aunque la maquinaria militar de Rusia no sufrirá de inmediato por el aislamiento económico que le ha impuesto Occidente como castigo a su agresión, es innegable que las sanciones constituyen una forma de guerra muy dañina a medio y largo plazo. Ni siquiera un eventual acuerdo para acabar a la guerra acarreará el levantamiento de las sanciones. Por el contrario, éstas pueden convertirse en una herramienta de presión para arrancar concesiones al Kremlin, como ya están proponiendo algunos analistas desde think-tanks e instituciones de análisis y planificación (5).

La conjunción de todos estos recursos han amplificado los errores y defectos de planificación y ejecución del ejército ruso. Pero todavía resulta imposible establecer qué es lo que más ha pesado en la prolongación de una campaña que seguramente Putin había previsto más corta o menos penosa, en pérdidas humanas (15.000 muertos, según algunas fuentes, no del Kremlin) y en prestigio militar y político.

5) ESTRATEGIA A LARGO PLAZO. Pero actualmente, lo que convierte esta guerra formalmente bilateral y desigual al principio en un conflicto internacional y más equilibrado en estos momentos es el aparente cambio de estrategia de Estados Unidos (6) y de algunos de sus socios occidentales (Reino Unido y los estados europeos más cercanos a Rusia). La reunión militar de 40 países esta semana en la base norteamericana de Ramstein (Alemania), bajo el liderazgo del Secretario de Defensa, Lloyd Austin, marca una nueva fase de la involucración de en la guerra. Como el propio Austin dijo, “ahora se trata de debilitar a Rusia para que no pueda repetir una agresión” como la infligida a Ucrania (7). Desde círculos próximos a los lobbies de la industria militar se apuntan ya las armas que podría recibir Kiev más pronto que tarde, por ejemplo, los drones llamados kamikazes, más versátiles y destructivos que los turcos (8). Otro elemento de presión podría ser el estímulo de movimientos de protesta y operaciones encubiertas de desestabilización dentro de Rusia y en los países vecinos afines, como sugieren algunos veteranos de la CIA (9).

El objetivo de toda esta reorientación no es poco ambicioso: prolongar la guerra hasta que resulte insoportable para Moscú y obligue a Putin a considerar una retirada de Ucrania sin cumplir siquiera los objetivos mínimos, es decir, el control de todo el este (Donbás) y sureste del país. Lo que equivaldría a una derrota. Esta recalibración estratégica plantea aún serios problemas. No es probable que Putin pueda aceptar una conclusión catastrófica de su “aventura ucraniana”, porque su propia estabilidad en el Kremlin se vería seriamente cuestionada. No sería prudente poner al presidente ruso entre la espada y la pared, por el riesgo de una escalada que podría conducir al empleo del arma nuclear. A día de hoy, este riesgo parece bajo o muy bajo (10 ). Pero no nulo. De ahí que la involucración de Estados Unidos y de sus principales aliados en la guerra, aunque sea cada día más profunda, siga una estudiada pauta de contención.


NOTAS

(1) “Sommes-nous déjà en guerre? Mais comment définit-on la guerre en 2022? SILVIE KAUFFMANN. LE MONDE, 9 de marzo.
(2) “Ukraine wants NATO jets. Biden says not yet”. AMY MCKINNON, FOREIGN POLICY, 9 de marzo.
(3) “Guerre en Ukraine: les armes qui ont fait la difference”. ELISE VINCENT. LE MONDE, 8 de abril; “Le drone turc qui galvanise la resistance ukranienne”. JEAN-PIERRE FILIU. LE MONDE, 3 de abril; “The West finally start rolling out the big guns for Ukraine”. FOREIGN POLICY, 15 de abril; “What to know about the role that Javelin anti tank missiles could play in Ukraine’fight against Russia”. WASHINGTON POST, 13 de marzo; “Ukraine is wrecking Russian tanks with a gift from Britain”. NEW YORK TIMES, 18 de marzo;
(4) “The secret of the Ukraine’s military success: years of NATO training”. WALL STREET JOURNAL, 20 de abril.
(5) “The sanctions war is just beginning”. RICHARD NEPHEW. FOREIGN AFFAIRS, 31 de marzo;
(6) U.S. allies plan for long-term isolation of Russia. A new strategy would mark a return to containment after years of seeking cooperation an coexistence with Moscow”. KAREN DE YOUNG y MICHAEL BIRNBAUM. THE WASHINGTON POST, 17 de abril.
(7) “Behing Austin’s call for a ‘weakened’ Russia,  hint of a shift. DAVID SANGER. THE NEW YORK TIMES, 25 de abril.
(8) “Ukraine needs a whole lot of deadly drones. Kamikaze swarms can overwhelm Russian defenses”. CHRISTOPHER BRONK y GABRIEL B. COLLINS. FOREIGN POLICY, 13 de abril.
(9) “A shadow war against Putin”. DOUGLAS LONDON. FOREIGN AFFAIRS, 11 de abril.
(10 ) “Why the war in Ukraine won’t go nuclear”. GIDEON ROSE. FOREIGN AFFAIRS, 25 de abril.

Occidente se implica cada vez más en la guerra de Ucrania